Cuento de amor y guerra: el ejército resiliente

Los cuentos, las historias y las metáforas son grandes instrumentos para acercarnos a entender mejor lo intangible. En este Nieves consigue eso, que veamos y entendamos como es esa batalla interior cuando nos atacan determinados pensamientos.

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Ilustración de Yolanda

Todo ocurrió una noche de soledad. Eran horas avanzadas de la noche y una horda de pensamientos intrusivos y catastrofistas quisieron apoderarse de su cabeza; venían con un arsenal imponente y ella se asustó tremendamente al verlos venir: “cualquiera se esconde de sus propios pensamientos, madre mía la noche que me viene”, pensó.

La preparación de la batalla

Sin embargo… un momento… ¡ella conocía a esos soldados! Eran de los peores: Miedo, Necesidad de aceptación, Culpa y Sentimiento de abandono… ¡cómo le temía a Culpa! En las últimas batallas la había acribillado. Pero ella había estado entrenando: ya había identificado uno a uno todos esos pensamientos, sabía todo aquello que le dirían para intentar hacer caer su autoestima por un auténtico foso, ya había buscado sus puntos débiles, había llegado a argumentos irrebatibles,  los conocía, pero… ¿estaba preparada para semejante batalla?

Desenlace

Para su propia sorpresa, su cabeza, sin ningún resquicio de duda, ¡¡¡contraatacó!!! Y lo hizo usando una lógica tan aplastante y contundente que al que no mató, lo espantó haciendo que saliera despavorido. Su cabeza la había defendido como nunca antes.

Fue una batalla campal épica, digna de ser vista por Peter Jackson.

Ante tal hazaña, le salió pensar: “Gracias, cabeza mía, me has salvado, te quiero”, pero automáticamente entendió que su cabeza, era suya y, que por lo tanto, se acababa de decir algo por primera vez en su vida. Y decidió repetírselo, pero esta vez bien: ME QUIERO, se dijo y le había salido de corazón. 

¿Se acabó?

Y colorín colorado, ¿este cuento de amor propio y superación de mierdas se hubo acabado? Siento decir que no, queridos y queridas míos/as. Los soldados que huyeron, volverían y ella lo sabía, así que jamás dejó de afilar pensamientos bondadosos hacia sí misma, jamás bajó la guardia en cuanto a frases dolorosas hacia su persona. Siguió formando su propio ejército de personas maravillosas que la ayudarían a curarse el día que no pudiera, que la ayudarían a entrenar y fue descartando a todo el que molestase en su proceso de sanación y entrenamiento. Y las próximas veces que Culpa, Miedo, Necesidad de Aceptación y Sentimiento de Abandono volvieran, ella lucharía sabiendo que ya hubo ganado una vez y eso la volvió (CASI) invencible.

Y aunque hay cosas que son cíclicas, porque las heridas pueden reabrir, no debemos olvidar que, a veces, seguimos ganando una y otra y otra vez y que eso es una gran victoria y tampoco debemos olvidar que, a veces, los ciclos se cierran si aprendemos a trabajar en ello.

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