Aprender a despedirse de lo que no tiene lugar

Irene nos comparte sus palabras, una despedida que nos ayuda a crecer, a aprender de nuestro camino recorrido.

Escribe Irene , escribe. No lo dejes. No te dejes. 

Hazlo y suelta todo lo que te apetezca por esa boca o mejor, tecléalo con tus dedos. Saca el tiempo de donde sea, como sea pero no te abandones. No dejes de hacer lo que más te complace.  No dejes de buscar tu alimento entre los párrafos. Haz que tu energía se concentre y preste atención verdaderamente a lo importante. Encuentra la manera. Continua creciendo.  

No caigas en la trampa de la frustración cuando la inspiración no llega, no te creas todo lo que llegas a pensar cuando esto ocurre. No desistas cuando no logres saber qué pasa. No te canses de intentar intentarlo. Abúrrete solo de probar de nuevo pero no te obligues, no lo hagas desde la disciplina y el deber,  exprésate desde tu rincón más amoroso, deja ese sabotaje mental que incrementa tu ego y desnutre a tu alma.  

No entres en la rueda de olvidarte de quien eres para ser quien esperan que seas. No te falles a ti misma. No cambies responsabilidades mundanas por anhelos que construir.  Sé firme a tus dudas, confía en ellas tanto como en tus convicciones  pero no te aferres a ninguna . Acepta que la mayoría de ellas cambiarán, junto a ti y al igual que tú .  Habla contigo, profundiza en ese monologo interno que te pide a gritos que le escuches y que te comuniques con el resto del mundo a través de él. Piensa en todas aquellas personas que pueden sentir lo que tu sientes, en las que comparten tu mismo hábitat y sentir. Haz que les llegue tu abrazo más sincero mientras tú sigues abrazando todo lo que aparece en ti.  Sé buena contigo  y ,en definitiva, empieza, empieza ahora mismo, justo en este instante. 

Da igual lo que sientas, escríbelo. Seguro que hay alguna Kahlo que agradece encontrarte. 


Todo esto acaba de pasar como un huracán en forma de mantra por mi mente. Así que aquí me encuentro, recién despierta sin ni siquiera cafeína en mis venas. Las ganas y el ímpetu  de apostar de nuevo al ponerme a ello supera cualquier tipo de estimulante . Porque esto funciona así, de repente sientes que llega el momento y que por fin el suspiro de esperanza que necesitabas vuelve a colocarte en el camino y a estar aquí, sentada frente la pantalla donde poder plasmar tu mundo más recóndito. 

Supongo que  todo humano creador ha sido embrujado en alguna ocasión por la confusión y el abatimiento y que incluso, todas estas nubes aparentemente estáticas acaban disipándose dejando a su paso, una reveladora claridad .

La inspiración normalmente va ligada a agentes externos, que nos rozan , nos incitan y activan el mecanismo de darle a la tuerca y ponerla en marcha pero también puede ir profundamente conectada a sentimientos de vacío, de impotencia, desbordamiento, apatía o desesperación.  Pues bien , dicho esto, es casi evidente admitir que ahora mismo yo me encuentro inducida totalmente por la segunda opción y sonrío al saber, que no pasa nada por ello. Es totalmente lícito encontrarse así aunque nos cueste permitírnoslo. 

Después de empezar a desnudarme y contemplar lo que soy , lo que estoy dejando de ser, lo que espero llegar a ser algún día y lo que nunca seré comienzo a desligarme de toda desdicha que hasta hoy me ha acompañado en estos últimos meses. Hacía tiempo que no me reconocía, que no me sorprendía, y esto me pone contenta, porque significa que  estoy empezando a entender. Nos guste o no así funcionamos los humanos, o al menos así lo hago yo.  Me observo, me analizo, me miro e intento verme. Intento lograr identificar algo nuevo en mí y lo consigo, aunque no siempre me guste y de nuevo, comienza el ciclo de poner luz a la sombra y conciencia a la oscuridad. 


Para mí, el indagar para adentro es  como adentrarnos en un túnel, donde todos vemos las señales cuando llegamos a él, nos preparamos, encendemos el alumbrado y ajustamos la velocidad.  Digamos que  este último medio año , mi realidad se ha visto sumergida en uno de ellos.  Uno de esos que hay en los puertos de montaña, empinado,  largo y arduo donde cada subida es una curva sin visibilidad y cada bajada un desafío para los que como yo, tenemos pánico a patinar . En uno de esas cambios de marchas, me han fallado los frenos, las luces de corto  y largo alcance y no he tenido más remedio que echarme a un lado y parar. Encender la única luz que funciona, ponerme el chaleco de alerta y salirme de él. 

He corrido peligro, igual que todo aquel que ha tenido que esquivarme y seguir su camino porque en los túneles nadie debería pararse a socorrer,  sería contraproducente. Uno tiene que avisar de que el vehículo que lleva su vida se ha averiado, involucrar solo a las personas que puedan remendar los mecanismos que hagan que funcione de nuevo y seguir su marcha. Los túneles  son necesarios para poder llegar al otro lado y ver la luz de nuevo, con mucha más intensidad que antes. Porque lo bueno de los túneles, es que tienen salida. Siempre tienen salida.


Todavía no lo de cruzado, no he llegado a la cima. Tuve que salirme por el mismo lado que entré y sigo en el taller.  Sigo sin ver la luz del otro lado pero confío que está ahí esperando a mostrarme el camino hacía las bonitas vistas que me esperan desde arriba.  El destino al que me dirigía ya no sé si es al que me dirijo está vez pero sé que vaya donde vaya, me encontraré con más túneles , y quiero estar preparada. Quiero repararme a fondo. Así que cuando todas las piezas me lo permitan, me pondré en movimiento.  Quizá hoy, aunque me encuentre aquí, aparentemente en punto muerto y en plena reconstrucción haya comenzado a agilizar el proceso. Quizá haya sido una de esas pruebas que una misma necesita hacerse para comprobar que sigue funcionando aún con el sistema averiado y recordar que no solo se puede vivir en la cumbre, también viene bien bajar al valle o perderse entre las colinas. Que tranquilidad saber que todo es transitorio. Todo es reparable. Todo acaban siendo ciclos, etapas y al fin y al cabo, partes de un mismo plan, EL VITAL. 


Ahora me toca despedirme, despedirme de una gran parte de mí , despedirme de mis pechos, los protagonistas de toda esta historia llena de metáforas y al mismo tiempo de veracidad absoluta donde he tenido que lidiar con la más pura fragilidad que habita en mi de manera impermeable, disfrazada de seguridad y transparencia. Me despido de la mujer que he sido,  fui o he creído ser dándole la bienvenida a este vacío que van a dejar como el principio de una nueva manera de funcionar. Ha llegado el momento de madurar.  De hacerme cargo de mí  y dedicarme a llenar ese espacio carente  de todo  amor que nunca me he dado. Desde aquí mando mi compasión más profunda a todas aquellas mujeres que como yo, se han visto en la tesitura de este aparente infierno repleto de valiosos aprendizajes que algún día honraremos.

 
Me despido también de vosotras, mis queridas Kahlo ,  lo hago con el agradecimiento más sentido y real que mis átomos son capaces de asumir.  Habéis formado de parte de este proceso y de todos los demás desde que os conozco. Antes de ser redactora , era una fiel lectora vuestra y siempre me sentiré infinitamente agradecida de que os cruzaseis en mi camino, ayudándome a explorarme, conocerme , sentirme y sobre todo, a ser más yo, más mujer. 

Os venero como ejemplares mujeres con muchísimo que aportar al mundo y a la humanidad. 

Siento que es necesario mencionar que cada mes, año tras año habéis mejorado la vida de miles de personas con vuestra labor, estoy convencida que gracias a ello muchas mujeres se han sentido más libres,  comprendidas y, sobre todo, acompañadas en este largo camino que estamos recorriendo todas por la mejora de nuestras condiciones ,nuestros sueños y nuestra realidad . Sin olvidarme de aquellos hombres lectores que han tenido la suerte de hallaros en su camino y crecer junto a vosotras en la misma dirección. 


Hoy estoy aquí gracias al respeto que le tengo a este proyecto, hoy habéis sido  una vez más mi faro , así que recordad: «Da igual como os sintáis , escribirlo», siempre habrá una Kahlo por ahí por el mundo que agradecerá encontraros. Que la vida os sonría y os haga recopilar miles de experiencias que os hagan amaros mucho.  

Hasta siempre, maestras. 

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