Somos personas muy castas y puras, pero no.

Seguro que lo de ser «castas y puras» os suena, ¿verdad? ¿Cómo afectan estos mensajes en nuestro placer? Nieves reflexiona sobre ello.

castas y puras

Hace no mucho comentaba con unas amigas las típicas situaciones en las que te lías hablando y acaba siendo divertidísimo y salió ésta expresión: casta y pura.

Placeres: bien vistos o no

Resulta que queriendo decir una de ellas “yo es que soy casta y pura” (de broma), dijo “yo es que soy pusta y cara” y claro, imaginaos las risas al darnos cuenta de que simplemente quitando la S de “pusta”, la expresión se convertía en todo lo contrario. Esta anécdota con la que nos seguimos riendo a menudo, a mí me ha llevado a más de una reflexión: ¿queremos ser o que nos vean como castas y puras? ¿conlleva esto un deterioro de nuestra salud sexual y/o emocional? ¿son ellos castos y puros o quieren serlo también? ¿queremos nosotras, en el caso de las mujeres hetero CIS, que ellos lo sean?… y toda una retahíla de pensamientos de éstos que me vienen en avalancha.

A ver, en la vida hay diferentes placeres: ver algo que te emocione, escuchar algo que te ponga los vellos de punta, sentir la brisa del mar, comer algo riquísimo, un abrazo de alguien a quien quieres mucho en el momento que lo necesitas, dormir plácidamente… todos estos placeres son totalmente legitimados socialmente, es decir, se consideran “buenos”, no se juzgan, hablar de ellos no supone ningún tabú. Podrías gritar en mitad de la playa llena de gente “¡ME ENCANTA EL OLOR A SAAAAL!” y se tomaría como una expresión de felicidad.

Ahora, si esa frase se cambia por un grito apelando a cualquier cosa relacionada con la sexualidad, ¡sería un auténtico escándalo! Se ha desarrollado una ética y una moral social que cortan toda expresión de la sexualidad en sus áreas más “naturales”. Me refiero a esto porque a la vista está que para fines comerciales sí que se usa MUCHO y quizás funcione porque llama la atención precisamente por la privación que hay en todos los demás ámbitos, es decir, si se nos oculta algo que por naturaleza sentimos, parece lógico pensar que donde se muestre, llamará nuestra atención.

La repercusión de «lo mal visto»

Esa misma moral que hemos creado se manifiesta en prejuicios y formas de comunicación, de las que muchas veces ni siquiera somos conscientes, que hacen que se siga el ciclo de este tema, pero no de igual forma ante el género masculino que el femenino.  Por supuesto, afecta -negativamente- a ambos, pero de forma distinta. Pongo ejemplo:

El otro día se dió la típica conversación con un padre de familia. Al preguntarle por su hijo y por su hija, explicó cómo ya están entrando en la adolescencia y comenzó a decir esa broma tan común de “más les vale a los muchachos no acercarse a mi hija” (entiéndase que se refería a nivel afectivo-sexual). A su hija. Ojo. No a su hijo. ¿Qué ocurre cuando este tipo de mensajes calan?

En ella:

  1. La primera vez que su hija quiera tener relaciones sexuales, va a buscar información, sea buena o no, en cualquier lugar que no sea preguntando a su padre, porque éste rechaza de entrada su sexualidad.
  2. Si además esta niña se echa novio porque es hetero, ¿creéis que le hará ilusión presentárselo a su padre o tenderá a ocultarlo?
  3. Si es del colectivo LGTBI, ¿creéis que se sentirá cómoda sacando cualquier tema sexual delante de su padre? Aunque necesite ayuda de algún tipo.
  4. Y si sufre algún tipo de abuso, ¿creéis que tendrá la confianza con su padre para explicarle que dentro de una relación sexual se ha sentido violentada? ¡Si en su casa no se hablan de esas cosas!

Con lo cual lo que se consigue es que esa niña no tenga ninguna confianza para preguntar  sobre temas amorosos o sexuales, algo que le sería muy útil siendo adolescente y evitaría que se informase a través del porno o preguntando a gente que no busca su bienestar.

Ahora hablemos de él: ha acrecido oyendo cómo está “mal” que su hermana muestre su sexualidad.

  1. ¿Creéis que será tolerante con otras mujeres en este tema?
  2. Y, además, si considera que todo el peso de la sexualidad de su futura pareja hetero recae en él, ¿no podría sentir una presión por llegar a las expectativas que haga que disfrute menos de sus relaciones?
  3. Y si es del colectivo LGTBI, ¿creéis que el haber crecido con esa distinción de “ella no tiene sexualidad y tú sí” podría llegar a causarle confusión respecto a su rol dentro de cualquier pareja?
  4. Esta diferencia de normalizar más o menos la sexualidad según el género, incentivan esas preguntas tipo “¿y quién es el hombre en la relación?” en parejas lesbianas y pueden causar confusión en el propio autoconcepto en todo el rango de personas, porque “¿y yo qué soy, él o ella?¿tengo que actuar así o así?¿y si no encajo en eso?¿y si no me gusta hacer lo que debería?

Qué cantidad de problemas puede traer una broma tan «tonta»…

El tener unos estándares que cumplir a nivel sexual solo conduce a que al final, en lugar de disfrutar ya sea en solitario o de forma conjunta, en lugar de ser un placer totalmente bienvenido por su pureza, se convierta en una bola de posibles juicios de valor, una exposición casi peligrosa de tu forma de ser, por si la otra persona piensa de ti algo que no quieres ser.

Una cantidad insufrible de posibles juicios que nos quitan la potestad legítima que tenemos de disfrutar de forma plena y consciente, sin miedo, dejándonos sentir.

Personitas, ¿vosotres queréis ser castas y puras?

Yo quiero ser.

Y sentir.

Sin más.

Y que cada cual sea y sienta mientras no haga daño a nadie.

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