Y yo con estos pelos: hablemos de pelos en la barba de las mujeres*

La barba en las mujeres es un tema que es necesario visibilizar y Julia lo hace desde su propia experiencia personal, ¿te resuena?

barba mujeres
Ilustración de Patricia Corrales

La primera vez que descubrí los pelillos negros que adornan mi mentón debía tener unos 15 o 16 años. Supongo que la explosión hormonal de aquellos momentos adolescentes propició su crecimiento. Al principio, se encontraban apretujaditos, conformando una isla peluda de unos tres pelos recios y negros que flotaban tranquilos en el mar de piel blancuzca que delimita mi barbilla. Unos años después comencé a arrancarlos con pinzas una vez a la semana. 

En este artículo pretendo preguntarme por qué comencé a arrancarlos y me gustaría establecer una conversación con muchas otras que también son peludas en su cara y mentón. Sigo pensando que las palabras también son espejos en los que mirarse con otros ojos.

1. Reconocerse en otras: la importancia de los referentes peludos

El feminismo viene reflexionando y actuando en torno a temas peludos desde hace muchos años. La axila peluda de Julia Roberts en aquella entrega de premios es una imagen dulce y rompedora que forma parte del imaginario popular. Esos pelos actúan como emblema de un camino por la emancipación estética. A las mujeres se nos ha exigido tener un pelo precioso en lugares como la cabeza o las cejas, mientras se nos presionaba para que lo elimináramos por completo de piernas, axilas o ingles. Por no hablar de genitales completos o de la zona perianal…

Los pelos son un temazo para las mujeres*. Si hiciera un recuento de la cantidad de horas que pasé depilándome durante años, me cagaría en todo. En lugar de pensarlo así, he ido resignificando aquellas tardes de depilación como rituales mundanos, pequeños tiempos/espacios de conexión pausada conmigo misma -dolor mediante, eso sí-.

Aunque cada vez se va abrazando más la posibilidad de no depilarse, existe una zona a la que aún rodean infinitos tabúes y continuas invisibilizaciones: la barba de las mujeres. La presencia de pelos en barba, barbilla y cara es algo normal en gran cantidad de mujeres, en la mayoría de los casos la causa no es conocida y en otros muchos podría tener componentes hereditarios. Si bien estamos cada ves más habituades a cruzarnos con mujeres que no se depilan, no es tan común ver a mujeres que muestran sin tapujos sus barbillas peludas.

En mi caso, lo que en un momento inicial era una isla, se convirtió en tres zonas aisladas y, tras el confinamiento, en toda la barba. El estrés de aquellos primeros meses de pandemia desencadenó una respuesta hormonal muy fuerte que hizo que me crecieron muchos pelos, negros y duros como cerdas de un cepillo para sacar roña, tanto en la barbilla y el mentón como en la zona más cercana al cuello, vamos, lo que viene siendo la barba. Mi cara -los pómulos y zonas cercanas a las orejas- se libró, pero reconozco que observarme en el espejo con tantos pelos en el mentón me causó un impacto muy potente.

Antes de esto, reconozco un episodio que para mi supuso un antes y un después: el día en que observé anodada a la artista Monstruo Espaghetti compartiendo con sus seguidores en instagram sus pelos del mentón. Creo recordar que se refirió a ellos, de forma cariñosa, como los pelos de cabra de su barbilla. Jugando con la luz, nos deleitó entonces con la imagen clara y definida de un grupo de pelos rebeldes, entre rubios y negros, que crecían en la base de su cara.

2. Asumir el peso de los estereotipos y las exigencias sobre nuestros cuerpos

Podría contar aquí que aquella visión me hizo por fin abrazar mis propios pelos , pero estaría mintiendo. El peso de los estereotipos sobre mi propia imagen me impide asumirme así frente al espejo. Me he plantado ante otras muchas cuestiones, me he rebelado ante tantas otras presiones, pero esta se me ha resistido. No logro conformarme con mi barba con pelos. Aunque ahora soy capaz de dejarlos crecer y no me preocupa demasiado que se vean o no, cuando se trata de colocarme frente al espejo, me juzgo y me cuesta que me guste lo que veo.

Hago esto, con este tono confesional, para reconocer el peso que los estereotipos tienen sobre mi, sobre nosotras y sobre todos aquellos cuerpos que escapan a las lógicas binarias patriarcales. Yo, como mujer cis, no logro asumirme con barba. Pero me deleito investigando sobre aquellas mujeres barbudas que llevaban vidas nómadas con los circos ambulantes o me maravillo con colectivos de mujeres como Somos barbarie, que trabajan en pos de la diversidad y de la visibilización de nuestras peludas realidades.

Poner sobre la mesa estas historias individuales y darles un enfoque colectivo tiene un poder inconmensurable. Es urgente presentar un abanico de opciones más amplio que el injusto y machacón “depílate”. Hacerlo produce una desestabilización de los cuentos que rodean al género en nuestra sociedad; y esa es la base de muchos cambios posibles.

3. Permitirnos explorar diversas formas de enfrentarnos a nuestros pelos

Si tú también eres una mujer barbuda -lo seas de 7 o de 777 pelos-, me gustaría que mi honestidad te hubiera resonado de algún modo. ¿Cómo gestionas tus pelos, en qué grado te afecta tu barba? En todo caso, bastante difícil lo tenemos ya como para encima presionarnos por nuestras propias decisiones. Yo soy consciente de que me depilo -con pinzas, a veces con láser- porque las imágenes de feminidad que se nos presentan nunca incluyen una barba, pero eso no quiere decir que me doblegue ante esta situación.

Tal vez lo más importante es reconocernos diversas. Este es el primer paso. Y esta diversidad combate de frente el binarismo sexual teórico. Las hormonas no son X o Y, las hormonas son un caldo cálido que alberga cambios, fluidos y latidos. Nos movemos en una piscina, con zonas profundas y otras donde hacemos pie. Lo importante es aprender a nadar. No se si me explico con esta metáfora acuática. Ser hombre o mujer es en cierto sentido un espejismo. Yo me siento mujer, pero resulta que, – y de manera más visible desde hace unos meses- tengo una barba que «confunde».

Ahora que me estoy leyendo me resulta hasta poderoso pensarlo. Mis hormonas interactúan con el mundo, forman parte de mi historia, y no voy a acallarlas o pretender domarlas. Quizás mi barba es una prueba irrefutable de que estoy viva, con mis complejidades y sombras, con mis contradicciones y certezas.

Tu barba es tuya, haz con ella lo que te de la gana. Pero no olvidemos nunca de dónde provienen las imágenes que nos bombardean con ideales inalcanzables, arbitrarios y asfixiantes.

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