Mi cuerpo no es un templo

Vico nos habla de la historia de Mónica Santino, una entrenadora y futbolista que hace, desde su espacio de La Nuestra Fútbol Feminista, que este deporte se convierta en una experiencia de reivindicación para muchas.

Collages Almu Arribas-Entrevista Monica Santino
Collage de Almu Arribas
Mónica Santino podría festejar dos cumpleaños por año.
El 18 de junio, día en que nació, y el 21 de agosto, recientemente consagrado Día de la Futbolista en Argentina. 

Sucede que la historia de Mónica es la del fútbol femenino, desde la práctica hasta la política, pasando por la táctica, la construcción social y militante y el fundamental espacio de encuentro. 

Es la creadora de La Nuestra Fútbol Feminista, un colectivo que lleva el fútbol a la Villa 31 de Buenos Aires. Antes de ser La Nuestra, Mónica fue también futbolista, periodista deportiva, profesora de educación física y directora técnica. Toda su vida su voz y sus piernas vibraron fútbol. 

Cuando le pregunté hace unos meses qué tipo de fútbol se imaginaba para las mujeres me dijo: “Necesitamos que los clubes de fútbol pensados y concebidos por varones hace más de cien años realmente alojen la disciplina, no la expulsen”. 

Pero hay mucho más que la práctica del deporte como igualdad para las mujeres. Para Mónica el fútbol es revolucionario y construye libertad. Por ejemplo, para las chicas que juegan en la Villa 31 es dejar las tareas domésticas por un rato, es percibir su cuerpo no únicamente para la maternidad, es derecho a jugar y ser alguien con otras. 

La Nuestra tiene categorías para niñas desde los 5 años y mayores de 19 en adelante, pasando por todas las adolescencias. Es un momento clave para generar pertenencia y construir identidad.

Pienso que lo que hacen muy bien las jugadoras en el barrio es defender el espacio con el cuerpo, porque es lo que están acostumbradas a hacer en la villa. Y esa manera de defender la pelota es fantástica. Por eso les mejores jugadores siguen saliendo de las barriadas”

La esencia de La Nuestra es la grupalidad: son 9 entrenadoras y desde el 2013 empezaron a escribir y sistematizar el trabajo en la villa. 
Para nosotras la educación popular combinada con el deporte y una visión feminista son claves. Eso nos empodera como entrenadoras y nos permite crecer. Creo que puede ser un aire fresco enorme a cómo se concibe el fútbol, que hoy todavía es resultadista”. 

¿Qué le puede dar al feminismo correr detrás de una pelota?
Para los hombres el fútbol es gloria, es pasión e identidad. Pero para las mujeres es la oportunidad de reconquistar un espacio arrebatado. 

Creo que el patriarcado nos “choreó” un tiempo largo de jugar por jugar. Para una piba en un barrio significa poner la pelota bajo la suela, levantar la cabeza orgullosa y dignamente y jugar a lo que la hace feliz. Y hacerlo en paridad con los varones, conquistar la cancha, tener un lugar para entrenar, mejorar y formar equipos con amigas (lo cual sucede espontáneamente en el barrio). Son espacios en donde nos podemos encontrar y ser nosotras: son estrategias de empoderamiento.

Además, algo que hemos aprendido con el feminismo es la grupalidad. Podemos dar vuelta situaciones o transformar realidades a partir de eso, y es algo que entendimos muy bien en el barrio
”. 

Para las chicas que juegan en La Nuestra Fútbol Feminista el cuerpo no es tanto un templo de cuidado o un refugio del mundo hostil. O lo es, pero también es un instrumento para pelear cada baldosa de libertad, de a una gambeta por vez.

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