NEVENKA SOMOS TODAS

A raíz de la serie documental estrenada en Netflix, Cristina reflexiona sobre el caso Nevenka y cómo han ido cambiando las cosas en los últimos años.

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Ilustración de Paloma Pérez

El nuevo documental sobre el caso Nevenka nos recuerda la historia de Nevenka Fernández, concejala del Partido Popular en Ponferrada que, con sólo 26 años, denunció a Ismael Álvarez, alcalde del municipio, por acoso sexual.

Han pasado 20 años desde entonces y la conciencia social sobre la violencia machista ha cambiado enormemente. Pero sólo hace unos cuatro años que, en España, la sociedad comenzó a posicionarse en favor de las mujeres víctimas de violencia sexual. Todo cambió con el famoso caso de la manada, cuando una chica de 18 años sufrió una violación grupal en las fiestas de San Fermín, y el juez les condenó por abuso sexual y no por violación, lo que generó una oleada de indignación que se tradujo en manifestaciones masivas con el lema “yo sí te creo”.

A la vez que esto sucedía, a nivel internacional se dio el movimiento me too, en el que multitud de mujeres y artistas famosas comenzaron a denunciar públicamente al productor Harvey Weinstein, que fue acusado de acosar sexualmente a decenas de actrices. En estos últimos años, parece que, a nivel social, entendemos mejor el fenómeno de las violencias sexuales contra las mujeres, y en especial, los casos de acoso sexual. El giro que ha dado la opinión pública tiene que ver con el reconocimiento de la credibilidad de las mujeres, y cada vez hay más casos que sientan jurisprudencia al respecto.

Lo que nos enseña el caso Nevenka es un cúmulo de situaciones cotidianas de abuso de poder por parte del alcalde hacia una mujer joven de su equipo, mujer a la que invita a su lista electoral en un puesto muy alto como reclamo, ya que era una mujer joven, inteligente y guapa. En las formaciones políticas, todavía a día de hoy, los casos de acoso sexual siguen ocurriendo, y son muchas veces silenciados en un intento de no dañar esos espacios. Sólo cuando salen a la luz, entonces los políticos actúan, y hoy en día lo políticamente correcto hubiera sido que el alcalde dimitiera, o que su formación política le apartara de manera inmediata. Lo que le ocurrió a Nevenka muestra perfectamente el gran desconocimiento que existía, y todavía hoy existe sobre lo que es el acoso sexual. Ella misma afirmó que no se dio cuenta del calvario que estaba viviendo hasta que ya fue demasiado tarde, después de mucho tiempo sintiendo miedo y terror, y haciendo todo lo que él le decía. Aunque hoy no se hubiera dado una situación semejante, es muy significativo ver cómo, después de denunciar públicamente la situación, y de ganar el juicio con la correspondiente condena para el acusado, todo el pueblo se vuelca para defenderle a él, el agresor, y para rechazarla a ella, la víctima. Finalmente, Nevenka se ve obligada a irse de España para poder continuar con su vida. Así mismo, explica en varias ocasiones que, lo que la lleva a denunciar fue simplemente que no podía seguir así, estaba totalmente rota y temía por su vida. “Si no lo hacía, me iba a morir”, repite varias veces a lo largo del documental.

Mucho calvario se hubiera ahorrado Nevenka, si no se hubiera sentido culpable porque accedió en un momento dado a tener una relación sentimental con él, en la que sabía desde el primer momento que no estaba a gusto. Si no hubiera dudado de sí misma una y otra vez, pensando en si fue también su culpa. Cuando un hombre utiliza su posición de poder para obtener favores sexuales de una subordinada, la posición de partida es absolutamente desigual y desfavorable para ella. Llama la atención una mujer que dice en la manifestación de apoyo al alcalde, después de su condena, “a mi no me acosan porque no me dejo”. Todo el entramado machista que nos envuelve nos dice una y otra vez que es nuestra responsabilidad salir de las situaciones de violencia, que está en nuestra mano vivir vidas libres de acoso, que depende de cómo nos comportemos, cómo nos vistamos o cómo seamos con los hombres, merecemos vivir ese tipo de situaciones.

Sumado a la culpa y la carga de la responsabilidad, las mujeres hemos tardado mucho en comprender lo que es el acoso. Todas lo hemos sufrido alguna vez, en mayor o menor medida, con conocidos o desconocidos, de todos los colores y clases sociales. En situaciones en las que todo parece normal, en contextos en los que dijimos sí, pero ese sí se vuelve en un claro no. Nos ha costado mucho llegar a entender el acoso porque vivimos en un sistema que nos quiere sólo como objetos sexuales, para alegrarles la vida a los hombres y satisfacer sus necesidades sin que importe nuestra subjetividad, nuestro consentimiento y, mucho menos nuestro deseo.

En estas condiciones de partida, es tremendamente complicado reconocernos como víctimas de violencia, no sólo por todo lo que ello implica, sino porque nos cuesta reconocer que algo va mal, y a veces lo vemos cuando nuestra integridad física, moral, o nuestra propia vida están en peligro. Y ese es sólo el primer paso. Luego hay que recorrer todo un camino de obstáculos en el que policías, jueces y fiscales cuestionarán permanentemente nuestros testimonios, tendremos que enfrentarnos a acusaciones de todo tipo y exponer de manera pública algo que nos hace sentirnos tremendamente vulnerables. Y aún con todo se sigue diciendo eso de que las mujeres se lo inventan para conseguir no sé qué.

Afortunadamente, la sociedad española ha cambiado muchísimo en este tiempo, y ahora empezamos a ser conscientes de lo que significa este problema. Cuando Placido Domingo decía no ser consciente de su comportamiento en el pasado, cuando fue denunciado por acoso sexual por varias mujeres de su entorno profesional, vemos un patrón que se repite en los agresores, y que es cierto: ni ellos mismos se dan cuenta de la violencia que infligen a las mujeres. Y no se dan cuenta porque hay toda una estructura que nos encierra en esta situación. Por eso él estaba diciendo la verdad, al igual que el alcalde de Ponferrada acusado por Nevenka, que afirmó en el juicio que él “siempre había sido un caballero”.

Nevenka no es sólo una víctima que denunció y consiguió la primera condena por acoso sexual a un político. No es sólo una mujer que sufrió las consecuencias, que la penalizaron a ella mientras que él continuó su carrera política. Nevenka hizo algo muy importante, y muy difícil de hacer: no callarse y llegar hasta donde hizo falta para que se supiera la verdad, a pesar de su vida, su salud y su futuro. Y esto no es un caso aislado, es algo que vivimos todas, porque todas somos susceptibles de que nos pase algo así, porque ocurre por el hecho de ser mujeres.

El feminismo ha conseguido distorsionar, cuestionar y modificar el orden naturalizado que construye el hábito, ese hábito que nos hace vivir envueltas en violencias de todo tipo. Y Nevenka cuestionó también esta realidad con su historia.

Nevenka fue una de las muchas precursoras de la lucha contra las violencias sexuales, y es de justicia reconocerlo. Por eso es importante no quedarnos sólo con que fue una víctima. Nevenka fue una mujer valiente que quiso luchar por su libertad y, de paso, la de todas las mujeres. Todas podemos hacerlo, y seguir avanzando, a pesar de todo. Por eso Nevenka somos todas.

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