La Ley Micaela: trascender después del dolor

La Ley Micaela no nos traerá de vuelta a Micaela García pero sí nos acercará a una sociedad más responsable. Tomamos su ejemplo de lucha para avisorarla.

la ley micaela
Ilustración de Patricia Corrales

En el trayecto que Micaela caminó al salir del boliche King hasta que fue interceptada, el aire se hizo pesado y la noche oscura. Ese viernes 1° de abril de 2016 Micaela había decidido salir a divertirse con sus amigas como cualquier joven de 21 años. Aún siendo una comprometida militante feminista y estando consciente -como toda mujer- de los peligros de la noche, nunca pensó que esa vez podía tocarle a ella. Su cuerpo fue encontrado en un descampado una semana después de la desaparición, con rastros de violación y violencia física.

¿Quién era Micaela García?

Micaela García era una joven llena de ganas, intereses y esperanzas. Militante del Movimiento Evita, organización social y política con fuerte presencia en varias provincias de Argentina, «La Negra» como la conocían sus familiares y amigues se dedicaba de lleno a las actividades que realizaba con sus compañeres: algunas de ellas tenían que ver con alfabetización y juegos para niñes, otras con tareas de formación y concientización sobre derechos de género.

El asesinato de Micaela García conmovió fuertemente a toda la sociedad argentina. Su historia, la de una chica joven que recién comenzaba a vivir sus años de adulta, representaron una fuerte paradoja de la actualidad: Mica era una fuerte defensora de los derechos de la mujer y participaba activamente en la organización de las marchas «Ni Una Menos» en su localidad de Gualeguay, en la provincia argentina de Entre Ríos.

Su foto que ilumina con su sonrisa inmensa la lucha de todas quienes la llevamos como estandarte nos muestra a una Micaela que viste una remera con la ilustración que el dibujante Liniers realizó y que quedó un poco como la insignia del Ni Una Menos en el país: su personaje más famoso, la niña Enriqueta, se muestra con el puño en alto y la leyenda de la movilización se ve en el aire. Siempre me llamó la atención pensar que fuera tan simbólico verla vestida con esa remera y que eso nos sirviera como muestra de que todavía falta un muy largo camino por recorrer.

Los detalles de su asesinato no sirven más que para el morbo, porque su desaparición física de este mundo se ha dado del mismo modo que en todos los demás femicidios que ocurren, según datos actualizados del portal Feim, cada 29 horas en la Argentina y que según el último informe de 2020 realizado por la organización civil La Casa del Encuentro cerró un 2020 con más de 190 casos. En todos ellos ha estado siempre involucrada la violencia como forma de poder de un patriarcado que todavía no se puede terminar de tirar abajo, por más que se luche y por más que la temática haya ocupado muchas más horas en los medios de comunicación y se hayan cambiado terminologías despreciables (como por ejemplo el famoso «crimen de pasión») por conceptos que nos muestran más claramente la estructura violenta del sistema dominado por hombres.

Lo que sí sabemos es que la muerte de Micaela García no debiera haber ocurrido si viviéramos en un mundo más justo e igualitario donde las mujeres pudiéramos decidir sobre nuestra vida, algo tan simple pero tan significativo como eso. Sus proyectos, sus sueños de transformar la realidad dolorosa que ya de tan joven podía observar, sus deseos y anhelos quedaron truncos. Su asesino, un hombre desconocido que eligió cortar su futuro de un día para otro, se encuentra hoy en día condenado a cadena perpetua.

Convertirse en legado: La Ley Micaela

Además del aprendizaje y de la convicción de que la lucha nunca se termina, el caso de Micaela movilizó especialmente al país. Esto no quiere decir que otras mujeres que hayan muerto víctimas de femicidio no lo hicieron, cada una nos enseña algo y nos lleva a seguir sosteniendo las banderas.

Pero el caso de Micaela tuvo una particularidad: a partir de su asesinato se comenzó a plantear la necesidad urgente de contar con espacios de capacitación y formación en todas las esferas públicas. De este modo, se buscó desde la sociedad civil que la responsabilidad por la transformación de la sociedad no caiga exclusivamente ni incumba solamente a las mujeres. Todes somes partícipes de la sociedad y por lo tanto todes somos responsables de capacitarnos y ser conscientes de lo que la lucha por una realidad más justa implica.

La Ley 27.499 conocida informalmente como Ley Micaela es aquella que establece la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres para todo personal público, de dependencias oficiales del Estado en sus tres poderes. Esto alcanza obviamente a quien sea titular del Poder Ejecutivo, sus funcionaries, etc.

El objetivo de esta ley es, además de hacer visible esta problemática, empezar a limpiar a las instituciones políticas de todas las prácticas, discursos y formas degradantes hacia la mujer y géneros LGBTIQ, de terminar con aquellas relaciones de poder que impliquen violencias o abusos que antes eran naturalizadas.

La capacitación que esta ley plantea estuvo a cargo hasta el año 2019 del Instituto Nacional de la Mujer, institución que fue reemplazada con la llegada al poder del presidente Alberto Fernández por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, el primero en la historia del país en ocuparse directa y centralmente de estas temáticas.

Se considera que, como con muchas otras cosas, la actitud que un Estado demuestra hacia la consecución y reafirmación de derechos adquiridos, suele permear hacia otros ámbitos de la vida civil y social. Así, cuando es el Estado el que busca proteger a les trabajadores, el sector privado debe ajustarse a tal postura ideológica y política. Por el contrario, cuando es el mismo Estado, vaciado de contenido y funciones, quien abandona y descuida la calidad de vida de sectores usualmente desprotegidos, el sector privado tiene muchas más facilidades para avanzar.

En este caso ocurre exactamente eso ya que al contar el Estado argentino con la Ley Micaela demuestra un interés especial y claro en acelerar cada vez más el trayecto hacia una sociedad igualitaria.

Así entonces como Micaela luchó desde su lugar por transformar, por mejorar y por reconstruir, ahora también toda la sociedad debe tomar la posta de esa responsabilidad. Responsabilidad que debe llevarse a cabo en honor a todas las que no volvieron y para que realmente podamos gritar ¡Ni Una Menos!.

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