Vivian Maier y el registro fotográfico de una era

Cecilia nos cuenta la historia de Vivian Maier: su registro fotográfico nos lleva de viaje a una era que ya no encontramos más que en el recuerdo y la imaginación.

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Ilustración de Paloma Pérez

Una niña que llora. Un policía y una señora que discuten. Dos mujeres tomadas del brazo. Una pareja de ancianes viajantes. Una mujer reflejada en un espejo. Un payaso triste. Un muchacho rodeado de agitadas palomas. Estas son algunas de las miles de fotografías que Vivian Maier nos dejó como legado. Personalmente, mi preferida es la del jinete a caballo en plena Nueva York.

La belleza de cada una de estas fotos brota conmovedora y al mismo tiempo indescifrablemente. No comprendemos por qué escenas tan comunes pueden llegarnos tan profundo. Pero lo hacen.

¿Quién fue Vivian Maier?

Vivian Maier nació en 1926 en Nueva York, ciudad que sería su lienzo por gran parte de su vida. En los primeros años de su infancia viajó con sus padres a Francia, donde viviría un tramo importante de su niñez. Sus viajes de regreso a Estados Unidos fueron varios hasta que se asentó definitivamente allí en 1951. Hija de un matrimonio infeliz y caótico, Vivian encontró en la observación del mundo que la rodeaba una preciada compañía. Se cree que su interés por la fotografía surgió desde joven, a partir de la presencia de Jeanne Bertrand, una fotógrafa profesional que vivía con Vivian y su madre en Nueva York.

Desde joven Vivian debió tomar uno de los trabajos más inestables pero al mismo tiempo más emocionalmente demandantes. Se convirtió en niñera para poder subsistir cuando ya no hay registros de la presencia de su madre (su padre las había abandonado desde que Vivian era muy pequeña). Como ocurre con muchas personas que han tenido una infancia y una juventud humildes, pocos registros concretos llegan a nosotres de aquella etapa de la vida de Vivian. Sabemos que aquellos años su trabajo se desarrolló junto a familias acomodadas de Nueva York y Chicago.

El trabajo documentativo de una era

A la par de su trabajo como nodriza, la protagonista de esta historia comenzaría lentamente a crear uno de los proyectos documentativos más auténticos e incidentales del Estados Unidos urbano del siglo XX. Auténticos porque podemos observar en cada una de sus imágenes la belleza inalterable de diferentes situaciones cotidianas. Incidentales porque Vivian nunca pretendió crear con sus fotografías un legado artístico. Quienes han estudiado su obra nos hablan más bien de una pasión compulsiva e irremediable. Su cámara siempre colgando de su cuello, cada vez que salía a la calle Vivian necesitaba documentar en sus fotografías los rostros de aquellas personas que encontraba al caminar. O los simples detalles de la vida urbana.

Ante el elevado costo que el revelado e impresión de sus fotos implicaba, Vivian empezó en determinado momento de su vida a guardar negativos y rollos completos que nunca vieron la luz -o la oscuridad-. Mientras su obsesión por retratar todo aquello que sus ojos vieran a su paso se mantenía firme, la situación se complejizó: el espacio para guardar este material inédito empezaba a escasear. Así fue que Vivian debió almacenar sus rollos, negativos y una enorme colección de objetos también compulsivamente obtenidos en la calle (incluso a veces en la basura) en depósitos y bauleras.

Eventualmente, Vivian perdería el poder sobre todo ese contenido debido a las enormes deudas que acumularía a lo largo de los años al no poder pagar el alquiler de tales depósitos. Esto implicó que por mucho tiempo la mayor parte de su obra no fuera conocida y que incluso pudiera haber corrido el riesgo de perderse completamente. La subasta de estos objetos en 2007 fue resuelta a favor de John Maloof, responsable de tratar el material del modo correcto para poder recuperarlo.

Vivian fue una mujer diferente y especial

Amorosa y aventurera, Vivian nunca se casó ni tuvo hijes. No se le conocen oficialmente relaciones de pareja aunque sí se sabe que el vínculo que construyó con muches de les niñes a quienes crió casi como una madre la sostuvieron gran parte de su vida. Incluso en momentos en los que la soledad y la pobreza la expusieron a situaciones complejas, fueron eses niñes, ya de adultes, quienes la asistieron para poder pagarle un alquiler y alimentos.

Tal como podemos suponer, Vivian tampoco fue una niñera tradicional. Amante de la naturaleza y de la observación detallada de aquello que nos rodea, solía llevar de paseo a les niñes que criaba por las calles de Nueva York, al Central Park y a otros espacios para reproducir con elles la cuidadosa mirada que era necesario posar sobre el mundo para entenderlo. Muchas de sus fotografías nos permiten ingresar al mundo de niñes en plena ciudad, algunes jugando, otres riendo, otres llorando. Casi como si fuéramos invitades de privilegio de algo que ya no está y que ya no volverá a ser igual.

Mujer independiente, valiente y determinada, muches de les que le han conocido recuerdan su estilo casi masculino de imponer su voz y nunca callar su verdad. Sin embargo, eso mismo se combinaba con una honda introspección y reserva, ambos elementos necesarios para ejercer la fotografía en un ritmo cotidiano. Para poder contemplar y aprender lo que observamos tiene para decirnos.

El recuerdo de una Nueva York que ya no existe

Su obra retrata una Nueva York inolvidable. Estamos acostumbrades a ver recreadas en películas o series las décadas de 1950 y 1960 neoyorkinas pero es a través de las imágenes de Vivian que podemos observar una ciudad que ya empezaba a ser increíblemente moderna y pujante pero en la que también se escondían pequeños mundos de sencillez y magia.

Del mismo modo que ocurre con les mejores fotógrafes, lo que construye Maier con su mirada es profundamente conmovedor. Es esa capacidad de encontrar arte y gloria en escenas que pasamos todos los días por alto. Es ver con otros ojos lo que vemos todos los días y no nos detenemos a registrar.

Aquí les comparto el link para poder visitar el sitio oficial de Vivian Maier (en inglés) y disfrutar de su obra.

Si te interesa la fotografía costumbrista, también puedes visitar este artículo de nuestra compañera Miriam Sánchez, inspirada en Vivian.

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