Mi evolución como feminista

Una Frida nos habla sobre la construcción y el recorrido personal que hizo en el feminismo y sus aprendizajes. ¡Un muy buen texto para sentir que nuestra experiencia puede ser la de muches otres!

Mi evolución como feminista
Ilustración de Laura Alloza

La pregunta por el feminismo no deja de ser una pregunta relevante, aún cuando los medios que seguimos nos anuncian que es una conversación común y una política que muches adoptan para sí mismes. Lo cierto es que el mundo sigue luchando por la igualdad de género y el reconocimiento de la identidad de muchas personas, en especial aquellas personas que no se identifican desde el espectro binario. El feminismo no es una conversación mundana, no deja de ser una lucha que nos invita a todes a repensar y reconstruir los paisajes cotidianos y extraordinarios a nuestre alrededor. 

Cuando inicié mi travesía por el feminismo no dimensionaba la titánica tarea a la que me estaba embarcando; me fui de cabeza con ingenuidad y entusiasmo, como ocurre con los proyectos nuevos que nos enamoran. Sabía los básicos que todes vemos sin necesidad de hacer un esfuerzo: violencia de género, tratos diferenciados, oportunidades distintas, techos de cristal, invisibilización. De ahí partí a escribir sobre lo que significa ser mujer -recordemos que estos fueron mis inicios- yo con la página en blanco anunciando la fórmula final de la feminidad y la experiencia como mujer cisgénero. Asumo que en esa mirada y en ese despertar hubo arrogancia, pues aún me faltaba un trecho enorme por recorrer en esto del auto-reconocimiento y más trecho aún en el reconocimiento del otre. Siendo una mujer negra, afrocolombiana, mi lugar de enunciación como feminista provenía del llamado feminismo blanco. Es decir, hablaba de algunos problemas que en particular no se interesaban por las mujeres negras, ni caribeñas, ni latinoamericanas (aún con los problemas que esa categoría implica); leí Simone De Beauvoir y corrí a evangelizar a todes a mi paso sobre lo que había aprendido. 

No obstante, en el feminismo de entrada vi carencias, vi vacíos, noté que era un feminismo avasallador en redes; sin embargo, era poco efectivo a la hora de entender otres sujetos que también requieren de un seguimiento juicioso; porque incluso su derecho más básico, su derecho de enunciación, es cuestionado de manera permanente. El feminismo antirracista y negre fue el siguiente paso lógico. Entender que el patriarcado también ha educado a las personas para que sean racistas fue esencial en la construcción de una voz que celebra y exalta la negritud. El feminismo sigue peleando por otorgarle un lugar justo a cada persona, un espacio donde su existencia misma signifique y transforme. No obstante, el feminismo negre reconoce que esos espacios están también atravesados por el lugar desde donde iniciamos la carrera por justicia. No es ni será lo mismo ser una mujer cisgénero blanca a ser una mujer cisgénero negra, una mujer cisgénero indígena o una mujer cisgénero palestina. Desde el discurso mismo por acciones antirracista estamos resaltando que el racismo es un elemento determinante en el trato que cada persona obtiene o da. No es una acusación, como muches pueden pensar, es una denuncia al sistema, no a las personas en particular. El feminismo negre y antirracista no busca solo señalar acciones misóginas y racistas de particulares y si busca desarraigar las prácticas normalizadas del racismo, y la misoginia que también deviene de éste.

Como mujer cisgénero negra, afrocolombiana, con una carrera profesional el feminismo me ha permitido también ver que desde mi orilla cuento con la garantía de unos derechos que otres no consiguen legitimar. De manera que llegué a la interseccionalidad. No solo es cuestión de batallar contra la misoginia ni el racismo, el feminismo interseccional nos enseña que el lugar de cada persona es un universo singular. Reconocer la familia, la posición socioeconómica, la culturalización, el lugar geográfico de nacimiento/crianza, las capacidades físicas, cognitivas y emocionales, entender que cada suceso que nos atraviesa modifica nuestra experiencia ha sido un paso revelador y un reto diario. La interseccionalidad no solo nos obliga a ver a les otres, nos obliga a ver nuestros privilegios y los derechos que damos por sentados, pero que no son así para todes. En la interseccionalidad comprendí que el feminismo no es una corriente que busque proteger a las mujeres, ni menos salvaguardar el status quo que conocemos desde la enunciación de la matriz heteronormativa – heterosexual; al contrario, el feminismo busca resignificar a les sujetes no importa de qué lugar vengan y, sobretodo, busca entender que cada lugar acarrea distintos estilos de vida. En algunos casos, para nuestre pesar, eso significa más derechos vulnerados y más obstáculos para el libre desarrollo económico, personal, profesional, sexual, emocional, artístico y más. Y si bien el objetivo final del feminismo es la equidad, la paridad y la igualdad, debemos, en primera instancia, entender qué cosas nos diferencian y por qué; solo así las erradicaremos o transformaremos para que correspondan con los ideales que perseguimos. 

Por último, me he encaminado a entender, asimilar y practicar un feminismo decolonial. Este es el que cierra el texto por dos razones: primera, porque llegó a mi de manera tardía y, segunda, porque considero que es un ejercicio que requiere de un continuo desaprender.

El feminismo decolonial nos obliga a eliminar cada una de las etiquetas y categorías que nos son familiares, incluso que amamos y defendemos. El pensamiento decolonial, para que se manifieste de manera óptima, requiere que nos desnudemos total y completamente de nuestres prejuicios, dogmas e ideas preconcebidas. Desvestirnos de todo lo que conocemos  sobre género, sexualidad, alteridad, por mencionar solo algunos temas. Creo que entendernos desde la decolonialidad implica un profundo cambio de procederes, discursos; en otras palabras, un abrimos a otras perspectivas culturales y prácticas sociales que nos arrojen conceptos que, en su gran mayoría, le darán un giro de ciento ochenta grados a lo que conocemos, a lo que consideramos más básico. 

Creo que las corrientes feministas y las múltiples enunciaciones que se enmarcan en esta política nos enseña también sobre lo significativo que es aprender. No hablo de la academia; hablo, más bien, de dejar que la curiosidad innata que florece cuando algo nos apasiona, esa curiosidad que le da rienda a nuevos hallazgos y más preguntas. Mi proceso como feminista no termina con los encabezados que ya les presenté, se nutre, crece cada día. Me parece que lo siguiente en mi camino es el ecofeminismo. Repensar mi humanidad en pro de una vida más equilibrada en el planeta Tierra. Desarrollar una conciencia más aguda sobre el consumo y trabajar de manera constante para disminuir mi huella de carbono. Un proceso, como los demás, que requiere de perseguir nuevos rumbos y transitar en otras avenidas del pensamiento y el quehacer diario.

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Carolina Rodríguez Mayo (29).

Bogotá, Colombia.

@caritomayo / www.caritomayo.com

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