Sueños eróticos: escapes transgresores, oníricos y alucinados

Todes soñamos aunque no siempre lo recordemos y muchas veces esos sueños son eróticos, ¿qué soñamos? ¿por qué? Julia se anima a plantear preguntas y dar respuestas a otras

sueños eróticos pk dic 2020
Ilustración de Paula C.

Todes dormimos, todes soñamos. Me atrevo a decir que dormir es una de las necesidades que más nos definen y condicionan. Yo puedo pasar 24 horas sin comer, pero me cuesta mucho más pasar el mismo tiempo sin dormir. El cuerpo se va venciendo, doblándose como un junco hecho de goma, hasta que el telón del ensueño lo arropa. ¿Será que soñar es, definitivamente, lo que nos hace humanos?

Durante mis años adolescentes fui una soñadora empedernida, en el sentido fisiológico y cerebral de la palabra. Casi cada noche me embarcaba en aventuras épicas, dramas lacrimógenos y terrores vívidos que al despertar siempre repasaba, entusiasmada. Mi primer sueño erótico, que no recuerdo exactamente cuándo me asaltó, pero que debió rondar los primeros años de la adolescencia, fue con Will Smith. Lo que más me sorprendió aquella mañana al abrir los ojos fue que el objeto de mi deseo fuese ese actor hollywoodiense en quien yo nunca me había detenido estando despierta. 

Hace escasos meses, durante un sueño ligeramente alcoholizado en una cama ibicenca, tuve mi primer orgasmo mientras dormía -tenía 31 años entonces. Me despertó el placer, que arrasó con mi conciencia en oleadas de éxtasis y flashazos de ginebra. Fue una sensación muy potente que me colocó en un lugar de mi cuerpo que hasta ese momento desconocía. Desde ese momento no he dejado de preguntarme por qué soñamos y, sobre todo, por qué lo hacemos sobre cosas que se sienten tan reales que llegan a lograr que nos corramos del gusto. 

Los sueños, sueños son

Los sueños son el resultado de nuestra actividad mental. Son tan vívidos y reales porque la imaginación que les da vida es la sensomotora, es decir, que generan emociones fuertes -desde el miedo hasta la excitación sexual- y sensación de movimiento. Cuando despertamos, los sueños tienden a desvanecerse si no nos encargamos de fijarlos narrándolos o vertiendo su recuerdo en algún soporte. 

La ciencia, apoyándose en tecnologías cada vez más avanzadas de neuroimagen, investiga los sueños para intentar comprender su naturaleza. Aunque los avances recientes son enormes, el territorio de los sueños permanece misterioso, inexplicable. La función psicológica de los sueños es principalmente reparadora, permitiendo al organismo seguir funcionando correctamente al despertar. Además, algunas investigaciones apuntan a una función de fijación de la memoria, siendo nuestro acceso a los recuerdos mucho más fácil después de un “buen sueño” o una noche de descanso profundo. 

Aunque existe la creencia extendida de que podemos realizar pequeños trucos antes de acostarnos para soñar con aquello que deseamos, distintas investigaciones niegan esta posibilidad, recalcando que el contenido de los sueños siempre responde a imágenes incongruentes y disparatadas. Algunos autores, sin embargo, defienden que podemos influenciar lo que soñamos mediante métodos de “incubación de sueños”. 

Los sueños extremadamente bizarros son mucho más comunes y abundantes de lo que creemos. Todes, cuando dormimos, parecemos desatar las locuras que durante el día mantenemos silenciadas. La rareza en el sueño nos iguala, nos hace despertar alucinades, preguntándonos de dónde hemos sacado ese sueño loco. 

Una postura teórica de interpretación de los sueños defiende que no son más que intentos racionales de organizar la rareza de las imágenes aleatorias que nos asaltan cuando dormimos. El caos que caracteriza nuestras ensoñaciones se reelabora conscientemente mientras soñamos y, posteriormente, al despertar, uniendo los elementos caóticos en una historia creada para darles sentido. Esto podría significar que las historias que componen nuestros sueños son simplemente creaciones funcionales, necesarias para dotar de sentido la gran cantidad de hechos extraños que se generan. ¿Narramos entonces nuestros propios sueños?, ¿nos convertimos cada noche en alucinades guionistas y directores?.

Sueños sensuales, sueños sexuales

Si nos centramos en los sueños de contenido sexual y erótico, volvemos a percatarnos de la abundancia de historias extrañas e inesperadas. Sigmund Freud afirmaba que la gran mayoría de sueños en la edad adulta tienen contenido sexual y pueden ser leídos como expresiones de deseos sexuales.

Dependiendo de las investigaciones a las que nos dirijamos, encontraremos distintas interpretaciones de los sueños, como ya hemos comprobado. Lo que sí parece claro es que los sueños eróticos son muy similares a nuestras fantasías eróticas (aquellas que elaboramos mientras estamos despiertes) en su carácter transgresor

Aunque clásicamente se afirmó que eran mucho más frecuentes en hombres que en mujeres, esto se debía a un claro sesgo de género: la mayoría de investigaciones se realizaban con sujetos masculinos, en contraposición a la escasez de investigaciones sobre sexualidad femenina y queer en la ciencia clásica y moderna. 

Estudios recientes se hacen eco de la relación entre feminismo y sueños eróticos en las mujeres, no tanto porque efectivamente ahora tengamos más sueños sexuales, sino porque el auge de los debates feministas en torno a la sexualidad ha propiciado que hablemos más abiertamente de nuestras experiencias, deseos y prácticas sexuales. 

Entonces, ¿cómo son nuestros sueños lúbricos?

Testimonios de ensoñaciones eróticas reales

Cuando contacto a Elvira (nombre ficticio), comienza su relato, emocionada, explicando que le entusiasma la propuesta de compartir pensamientos en torno a los sueños eróticos porque no suele hablar de ello con la gente, más allá de alguna anécdota esporádicamente. 

Itziar (nombre ficticio), por su parte, confiesa: “Yo suelo tener muchos sueños eróticos. Esto es una realidad. No se si quizás es por mi trabajo, al hablar mucho de sexualidad, no se si al final tengo el erotismo subido…pero tengo muchos sueños eróticos, muy reales.”

Elvira continúa: “Suelo tener sueños eróticos sobre todo cuando se me va la regla. Como que estoy en una fase muy sexual entonces empiezo a soñar con hombres. A veces son hombres que me gustan mucho, entonces disfruto un montón y es súper genial y a veces son hombres extraños, random, y me digo: pero, ¿por qué me he liado con este en mi sueño?. El subconsciente es muy interesante.”

En esta conexión entre los ciclos de sueños y los ciclos hormonales coincide con Itziar: “…sí que me pasa siempre, qué curioso, el día antes y durante la regla, un montón. Mis menstruaciones son dolorosas y como lo que es despierta no hago nada, porque no me apetece hacer nada -de hecho alguna vez he intentado ver si a través del sexo y los orgasmos se me pasa el dolor pero al revés, me duele más la contracción orgásmica- yo creo que como no hago nada en plan erótico-festivo durante esos días, como que lo sueño mucho más.”

La intensidad de estos sueños, la sensación de realidad que los acompaña, suele ser abrumadora. Yo misma, cuando un orgasmo me despertó en sueños por primera vez en mi vida, quedé paralizada. Rápidamente me dirigí a mi mochila, agarré mi libreta y, tumbada aún en la cama, me puse a escribir como loca todo lo que había soñado, cada gesto, cada sensación, hasta llegar al clímax, cuya intensidad me había despertado. 

Itziar refiere algo parecido: “La primera vez que me desperté con el orgasmo, flipé y me confundí. Lo que me pasó fue que soñé -suelo soñar con gente que conozco o gente conocida de vista – con un chico que iba a mi clase, yo tenía como 16 años, y al despertarme con el orgasmo, lo eroticé tanto que al día siguiente cuando lo ví lo que pensé fue: ¡claro, es que me gusta!. Y luego descubrí que no, que no me gustaba él como persona, de hecho, aunque me había llamado la atención físicamente alguna vez, como persona no me gustaba, ni siquiera éramos amigos. Pero esa sensación tan potente de despertarme con el orgasmo me dejó tan loca que lo sentí así.”

Otra sensación que tanto Itziar como Elvira refieren es una especie de vergüenza o incomodidad posterior a este tipo de sueños. “Me pasa mucho que luego me da como vergüenza al día siguiente, cuando he estado con gente… y yo pensando: ayer tú y yo nos lo pasamos muy bien, y tú no lo sabes. Es algo que me parece muy curioso”, afirma Itziar. 

“A veces he soñado con algún chico de mi entorno y a lo mejor lo he visto al día siguiente. Entonces lo miro con ojos…mmm, (con voz sensual): hola, ¿qué tal, cómo estás? Como si hubiese sido algo real. Y el tío me mira (como sin entender nada): hola… Yo me río mucho con estas situaciones porque para mi los sueños son muy, muy, muy reales, es decir, yo los vivo muy intensamente. Ya no solo los eróticos sino todos los sueños; yo sueño muchísimo. Y para mi son como otra realidad. De hecho, cuando yo sueño con una persona siento que he estado con ella de verdad. Claro, tengo que tener mucho cuidado con eso porque en la realidad no es así…”, cuenta Elvira entre risas, y coincidiendo de nuevo con Itziar en esa mezcla divertida de fantasía y realidad que caracteriza sus sueños y que puede generar confusión. 

Siendo este un terreno tan vinculado a la fantasía, los tabúes y la imaginación, podría ser interesante, más allá de teorías e investigaciones, que nos encargáramos de trabajar en nuestros propios paisajes oníricos. Nuestra carne aparece en ellos íntimamente ligada a nuestra mente, cosida con neuronas hiperactivas, ilusas, soñadoras. Un diario de sueños puede ser un buen lugar donde dar cabida a este caos ordenado que da forma a nuestras narrativas durmientes. Además, en un momento en que la realidad se ha vuelto tan distópica, merece la pena que potenciemos y cultivemos la evasión onírica en nuestro día a día. 

Y aunque eso de que los sueños se pueden hacer realidad sea una patochada de tono Disney difícil de creer, sí que podemos usar material onírico para dar impulso a nuestra vida real o atrevernos a hacer cosas que deseamos pero que, por distintos motivos, nos asusta tornar reales, como comparte Itziar en este hechizante relato en que sueño y realidad, por fin, se tocan: “Solo ha habido una vez que estaba en un momento que sí que no con un tío, como que iba a pasar no iba a pasar, en el borde del tonteo pero no coincidíamos por equis cosas… esa noche, estaba soñando con el, y según lo empecé yo a besar, le estaba quitando la camiseta y de repente paraba, lo miraba y le decía: no, no no, no quiero que sea en sueños. Y él me respondía: vale. El sueño, recuerdo, cambiaba totalmente y ya no siguió por el terreno erótico. Esa noche, ya en la realidad, en una fiesta, me lancé y nos liamos… ¡y fue muy bien!”

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