Cirugía estética para mujeres empoderadas

¿Puedes amarte locamente a ti misma, aceptarte, y aún así querer operarte?

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Ilustración de Miriam S. de Arcos

Hola, soy feminista, mi pasión es hablar sobre amor propio y me gusta la cirugía estética. No soy fan de las mamoplastias, las rinoplasticas ni las liposucciones: soy fan de que cada una de nosotras piense por si misma y decida qué paso quiere dar y por qué. A veces esos pasos serán transgresores, como dejar de depilarse las piernas, y a veces se acercarán al modelo que hemos aprendido que es deseable, como unos labios más carnosos.

Para escribir estas líneas, he intentado buscar información sobre cómo la autoaceptación y la cirugía estética pueden relacionarse de manera positiva, pero sólo he encontrado blancos o negros del tipo «Si te amaras a ti misma, no te operarías«, u «operarte te ayudará con tu autoestima«. Sinceramente me asustan estos dos planteamientos. Creo que son muy peligrosos.

Sin embargo, que no me identifique con ellos no significa que tenga la respuesta correcta sobre cómo el amor propio y las modificaciones corporales han de relacionarse. No creo que nadie la tenga. Por ejemplo, yo no utilizo maquillaje casi nunca porque me siento muy a gusto en mi piel, pero hay una parte de mi cara que me gustaría mejorar con cirugía. ¿Es una contradicción? Claro que sí, si no nos contradijéramos moriríamos tomando decisiones terribles pero coherentes entre ellas, o seríamos psicópatas, no sé.

Cuando una persona tiene una dentadura que considera no demasiado bonita y la cambia por otra, no dudamos en felicitarla. ¡Qué bonitos te han quedado los dientes! Es como si todo el mundo aceptara que esa es una modificación corporal digna de alabar, pero si lo que quiere esa persona es modificar su pecho caído, qué poco amor propio tiene, sólo va a operarse porque ha sucumbido a lo que la sociedad quiere hacerle creer.

Entiendo por qué tenemos planteamientos tan diferentes entre las dos opciones. Todo el mundo sabe lo que son unos dientes bonitos, y la diversidad no es precisamente celebrada en las dentaduras, pero en lo que respecta a los cuerpos de las mujeres, las obligaciones sociales con sus crueles modelos imposibles y su falta de inclusión, nos han llevado a creer que sólo existe un determinado tipo de cuerpo bonito. Hasta ahora, porque hemos descubierto que somos mucho más bonitas en nuestra diversidad. Nos hemos apropiado por fin de nuestros propios cuerpos y los hemos empezado a ver desde nuestra propia perspectiva. Esa es la diferencia.

¿Pero qué pasa si depués de toda esta transformación, seguimos queriendo hacernos un lifting? Ahí entra el dilema al que es imposible responder sin un diálogo previo interno. El resultado de esa decisión puede ser aceptar nuestra cara tal cuál es, o modificarla. Ninguna mujer debería ser atacada por la primera o la segunda opción. Podemos pensar que la mujer que no va a operarse es más fuerte, pero sorpresa, puede que tenga otros problemas de autoestima que no estén directamente relacionados con su físico. Nadie es menos fuerte por pasar por quirófano. Todas somos fuertes y frágiles al mismo tiempo, sólo son decisiones diferentes de mujeres diferentes, que pasan por circusntancias vitales diferentes.

Vale, entendido, entonces a nivel individual me siento bien operándome, pero si todas nos operamos, ¿cómo va a afectar eso a las futuras generaciones?, ¿cómo va a afectar al feminismo? ¿Qué imagen estamos dando si nuestras caras no reflejan la edad que tenemos? Vuelvo a no tener respuesta (pero me encanta hacer preguntas). El feminismo va a ir evolucionando a medida que todas nosotras evolucionemos. Si nos hemos depilado las piernas todo este tiempo y seguimos siendo feministas, no vamos a dejar de serlo por operarnos la nariz.

La diversidad y la inclusión son piezas esenciales en este discurso. Por fin hemos dicho basta a ese único modelo de mujer pero, si con nuestras decisiones estéticas a veces nos acercamos a él, no significa que seamos el diablo, no significa que estemos dejando de apoyar la diversidad, no significa que la lucha por la inclusión haya acabado. La lucha evoluciona, es fuerte y al mismo tiempo flexible, como todas nosotras. Somos humanas antes que cualquier otra cosa, y debemos ser respetadas.

Hagamos lo que hagamos, si no nos apoyamos las unas a las otras, no será feminismo. Si no damos visibilidad a la diversidad no será feminismo. Si no incluímos a todas, tomemos decisiones más o menos alejadas de «lo socialmente deseable» no será feminismo.

Nada será feminismo si no aceptamos que todas estamos remando en el mismo bote, y que vayamos a donde vayamos, nos necesitamos fuertes, empoderadas y apoyándonos las unas a las otras.

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