La garra digital del patriarcado

Victoria nos plantea tres momentos diferentes en los que las redes y los medios perpetúan esa invisible pero omnipresente garra del patriarcado.

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Ilustrado por Paula C.

Si naciste en los años ‘80s-’90s muchas de tus meriendas infantiles estuvieron acompañadas de la serie animada Inspector Gadget. Lo que más recuerdo de la intro -además del tema musical que era muy pegadizo-  es que el villano era revelado tan sólo con un par de indicadores: un puño metálico agitándose en el aire, un gato que lo secundaba entre sorprendido y malévolo y una pantalla a través de la cual el Dr. Claw seguía las misiones de Gadget. 

Ahora a la distancia se me hace evidente que Claw es la mejor representación del patriarcado vigente hoy: nunca lo vemos del todo ni siquiera encarnado en una sola persona, son claves sus secuaces para difundir el mensaje de dominación -aunque no son los gatos- y las pantallas le sientan muy bien para la violencia anónima. 

Con 3 casos recientes traigo alarma sobre las garras que despliega el machismo más infame sobre el avance del feminismo sororo en las redes.  

Una cita con Malaspina

Un chico de sólo 21 años sumó más de un millón de likes en un tweet y cumplió un sueño”. El titular podría haber sido ese (y fue bastante parecida la cobertura en algunos medios) pero en realidad la historia es otra. 

El músico y youtuber argentino conocido como Oscu le escribió a la periodista e influencer Romina Malaspina para preguntarle por cuántos “likes” en Twitter accedería a una cita romántica con él. Ella respondió que por “un millón”, pero la lectura podría/debería haber sido irónica. Oscu publicó el intercambio en redes pidiendo ayuda para alcanzar la cifra y en unos pocos días superó con amplitud el número “acordado”. El tweet era “Hoy por mí, mañana por ustedes” y parecía aludir directamente a esa cofradía entre hombres que pone sus deseos como manada por encima de los de otros individuos, en especial mujeres.

La interpretación de tantos hombres que apoyaron el tweet era que, si ayudaban a Oscu a lograrlo, en el futuro podrían ser ellos los beneficiados con una cita a fuerza de conseguir corazones digitales de otros hombres. Desde cierto punto de vista darle like a ese tweet era como si todos ellos estuvieran al mismo tiempo en la cita con Romina.

Pero lo más espinoso vino después: cuando la cifra propuesta se superó, Malaspina publicó en sus redes distintos argumentos para no asistir a la cita, y la presión para que recapacitara (inclusive de mujeres) fue masiva. El motivo de la condena era que la promesa ya había sido hecha y que no era honesto volverse atrás. No importaba el deseo individual, ni lo endeble del acuerdo, ni el hecho de que fueran millones presionando a una mujer para cumplir con una apuesta absurda. Finalmente y con la sombra de las redes a sus espaldas, Malaspina accedió a una cita que además fue transmitida en vivo por YouTube. 

Las redes te hacen, te deshacen, te cancelan y te violentan. 

¿Somos bebas o somos frescas? 

Una de las formas más sutiles y peligrosas del patriarcado es la que se enmarca en la categoría de “falsa responsabilidad corporativa”. Como muchas industrias se vieron “obligadas” a incorporar mujeres en puestos de trabajo antes ocupados en exclusiva por varones, los medios y los espacios periodísticos gobernados por ellos hoy deben abrirse a la presencia de mujeres. Casi en cualquier programa deportivo hoy se sienta también una mujer (aunque usualmente en la punta de la mesa y con poco margen para ser escuchada) y en el medio argentino Infobae también entendieron que un espacio “por y para mujeres” era el próximo paso de posicionamiento. 

Lo que no supieron anticipar es que robarle el nombre a otra revista de género con dos años de vida iba a resultar demasiado obvio y repudiado: Somos Beba era la original y “Revista Beba” la flagrante copia (que luego terminaron reemplazando por “Revista Fresca” cuando el rechazo se viralizó en Twitter y cientos de figuras influyentes se pronunciaron en contra). 

Las periodistas que conforman el nuevo espacio son mujeres, pero la decisión de crearlo surgió de un medio tradicional y quedó en evidencia la falta de tacto, de sororidad y de empoderamiento al robar el nombre de otro medio que ya venía pisando fuerte en el tema.

Este aroma a patriarcado “ligeramente pulido” se hace evidente en los títulos de los primeros artículos de la Beba/Fresca: “Me excita que los hombres me subestimen primero y después me pidan consejo”; “La tendencia impensada: ¡las canas están de moda!”; “Pasión por las curvas y el maquillaje: el modelo de belleza que trajeron las venezolanas y está cambiando a las argentinas”…

Los nuevos feminismos en los medios deben romper con lo establecido en vez de acomodarse en un rincón de la sala donde no molesten ni tampoco llamen la atención, y mucho menos omitan o desmerezcan la lucha de otras mujeres.  

Las últimas serán las mejores/mujeres

Carolo Vazquez, youtuber gamer a quien entrevistamos previamente, está desde hace algún tiempo “tirando el patriarcado con un joystick”. ¿Cómo? Sus últimos videos se concentraron en distintas polémicas en torno de la presencia de mujeres en el fútbol y el mundo gamer. 

Una de las discusiones tuvo que ver con que EA Sports equiparó las valoraciones de las jugadoras mujeres con las de los jugadores hombres en el FIFA 21. Aunque se trata de puntajes simbólicos que sólo pretenden impulsar la visibilidad de jugadoras como Megan Rapinoe (última ganadora del Mundial junto a la Selección de EEUU) con las de estrellas como Lionel Messi, muchísimos usuarios manifestaron que no era justo valorarles igual. 

¿Es sólo un debate para las consolas? No, de hecho, Rapinoe era a principios de 2020 la jugadora mejor pagada del mundo y aún así ganaba 280 veces menos que Messi. No se trata de trofeos (es campeona mundial) ni de cantidad de espectadores (la Selección de Estados Unidos de mujeres es mucho más popular que la de hombres) sino de incentivar la conquista de espacios desde las instituciones hasta las discusiones en redes.

Días después Carolo publicó otro video acerca de lo injusta que es la escena gamer en donde cerca de la mitad de quienes juegan son mujeres pero todavía sufren acoso, discriminación y agresión anónima en masa. ¿Por qué? Sólo por la posibilidad de empezar a crecer en un espacio que siempre fue dominado por hombres. 

El techo de cristal y la desigualdad de género no son exclusividad de industrias tradicionales con gerentes varones de mediana edad que toman decisiones en sillones de cuero vestidos de saco y corbata. El universo gamer es un espacio joven y de mucha apertura creativa, pero todavía ser mujer es ser víctima de violencia sistémica. 

La garra digital del patriarcado está demasiado viva en 2020. Se manifiesta a través de grupos de poder tradicionales, pero también en nuevos espacios y con líderes de opinión jóvenes. Se hace evidente de formas tan violentas como singulares y busca el apoyo silencioso de muchos para seguir creciendo. Su presencia puede parecer inofensiva pero no lo es.

¿Existe un contrapeso para esa garra? Claro. Nuestros miles de puños agitados e incansables para denunciarlo.

Unidas, más fuertes.

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