El crimen de ser mujer

Cecilia analiza la película argentina «Crímenes de Familia», disponible en Netflix. Una historia que es la historia de cientos de mujeres y familias.

crímenes de familia, una película
Ilustrado por Shana Rey

Todo empieza en el baño de servicio de un lujoso departamento de la ciudad de Buenos Aires. Allí, tras un largo y oscuro pasillo de azulejos, Gladys actúa en silencio y soledad, vestida con un largo camisón y en el vacío de la noche. Ha cometido el crimen. Ahora sólo queda tomar el balde, el trapo y limpiar.

Crímenes de Familia es una película argentina estrenada en plena pandemia en la plataforma Netflix. Dirigida por Sebastián Schindel, con guión suyo y de Pablo del Teso, este drama nos cuenta la historia de una familia que en realidad son tres, profundamente interconectadas entre sí. El pasado se hace lugar en el presente y trae recuerdos, lágrimas y padecimientos.

Alicia Campos (interpretada por Cecilia Roth) es una mujer de la alta sociedad. En su tiempo libre hace yoga en el living de su casa con sus amigas, tiene vida social y es determinada y segura. Jubilada pero con sofisticación y un muy buen pasar económico, Alicia deja entrever en sus palabras el conflicto que mantiene con su nuera Marcela (Sofía Gala Castiglione). La joven ha denunciado penalmente a Daniel, su ex pareja e hijo de Alicia e Ignacio, por violencia doméstica, consumo problemático de sustancias, acoso e intento de homicidio. Esto ha alejado a Alicia de su pequeño nieto a quien ya no ve. Mientras Daniel permanece en la cárcel, la vergüenza social que implica tener a un hijo preso para una familia ‘bien’ se mezcla con las estrategias poco morales pero naturalizadas en esos mundos para apurar su liberación, cueste lo que cueste. Citas con abogados, desapariciones de expedientes y pago de elevadísimas sumas de dinero son parte de la realidad de Alicia, dispuesta a todo para limpiar el nombre de su hijo y el de su familia.

En el medio, Gladys aparece silenciosamente como una presencia que nadie registra del todo. Mucama en la casa de Alicia e Ignacio, convive con ellos y su hijo de pocos años, a quien Alicia cuida y atiende casi como si fuera su propio nieto, aquel al que no puede ver. Vestida siempre de indiscutible delantal rosa -la típica vestimenta de las mucamas en muchos barrios acomodados de la ciudad de Buenos Aires-, Gladys observa las preocupaciones y la vida social de los dueños de casa sin casi pronunciar palabra. Acepta, obedece, incluso tolera el desprecio velado de Alicia o la indiferencia de Ignacio.

Las tres tramas avanzan en la historia y se van mezclando entre sí, combinándose de manera natural, como todos los lazos humanos. Pero aquello que parece ser no lo es realmente. En una escena central de la película, Marcela cuenta su testimonio ante el juez que lleva la causa de su denuncia. Allí, ante la mirada atenta de Alicia, relata con lujo de detalles todas las situaciones de violencia y acoso a las que su ex pareja la sometió. Y aunque Alicia hace un gran esfuerzo por mantenerse incólume frente a las dolorosas palabras de su nuera, hay algo que empieza a quebrarse en ella, también mujer.

Aunque con algunos estereotipos un poco evidentes, la película nos cuenta las tragedias que pueden ocurrir perfectamente dentro de una familia sin que nadie las perciba realmente. Ese hijo varón, adulto pero con actitud adolescente, centro de muchos de los problemas, expone a Alicia a una nueva vida inesperada, pero más libre.

En el caso del personaje de Gladys la suerte no es tan poética y creo personalmente que ahí es donde llega la película porque muestra cómo la realidad es diferente para cada une de nosotres, según la clase social a la que pertenezcas. Su «crimen» no es más que una respuesta a la vida llena de indiferencias, abandono y sufrimiento que le toca vivir. Paseada por los tribunales ante oficiales que carecen de empatía y preguntan sobre su vida como si se tratara de operaries reparando una máquina, Gladys es encarcelada como Daniel pero no corre su misma suerte. Sólo una psicóloga con un poco más de empatía la comprende. Ni Alicia, ni Ignacio, ni el paramédico que la encuentra casi muerta en el baño de servicio ni ningún juez se esfuerzan realmente por darle sentido a todo lo que ha pasado.

Crímenes de Familia no es una película feminista, no aprueba el test de Bechdel ni tampoco ha recibido las mejores críticas. Sin embargo, está ahí casi como un registro documental y evidente de las dificultades que cualquier mujer tiene que enfrentar: violencia doméstica, matrimonios fracasados, maternidades forzadas, abuso, olvido, silencio, indiferencias y dolor. Tal vez es sólo cuando se miran entre ellas, Gladys y Alicia; Alicia y Marcela cuando realmente comprenden lo que la otra ha sufrido.

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