Tú en el hospital y yo…

Texto sobre los procesos emocionales de las personas que acompañan en el hospital a sus seres queridos.

hospital
Ilustrado por Javitxuela

Somos seres minúsculos.

No hay más que mirar la luna y las estrellas para darse cuenta.

Pero cuando tenemos a una persona que queremos enferma en un hospital pasamos a ser seres de Schörindger*; al mismo tiempo nos sentimos tan vivos como muertos. Somos enormes y diminutos.

Grandes de cara a esa persona.

Somos apoyo, ánimo, ayuda.

La sonrisa en la cara y la mirada de todo irá bien.

El abrazo apretado y el whatsapp que ilumina su pantalla.

Somos esperanza y consuelo.

Y luego está lo que sucede por dentro.

La impotencia.

La frustración porque todo lo que hagamos va a saber a poco.

El llanto que se escapa y la culpa por si lo detecta.

La incertidumbre.

El miedo.

Entrar temblando a verte en la hora de visita, tragando los nervios en la puerta para que me veas con una sonrisa.

Mantener una actitud estoica, amable y fuerte.

Salir de ahí deshaciéndome en mil partículas.

Que se mezclan con las hojas del otoño.

Que lo mismo vuelan y viajan, que las pisoteas.

Y eso si puedo verte en persona.

Si una pandemia o situación externa no nos limita a las pantallas.

A buscar el ángulo en el que me veas bien y sientas mi cariño.

Intentando que internet se convierta en un horno microondas para que te llegue el calor.

Deseando pasar el tiempo rápido para que llegue el momento en el que esto ya pasó o intentando pararlo porque igual cuando ya haya pasado no estás aquí.

Angustia, vulnerabilidad y esperanza.

Un cruce de mensajes entre mis pensamientos que pasan del optimismo al pesimismo con la rapidez de un parpadeo.

Querer cerrar los ojos para no ver la situación y al mismo tiempo mantenerlos bien abiertos para no perder ni un fotograma de nuestra película.

Y pienso en cómo estarás tú por dentro ahí, en el hospital.

Probablemente haciendo lo mismo.

Intentando sonreír para tranquilizar y estremeciéndote cuando no te veo.

Sabiendo que estoy ahí, siempre contigo, pero a veces sintiéndome muy lejos.

Sí, somos gatos de Schörindger; que en el interior de nuestra caja particular estamos al mismo tiempo juntos y separados.

Juntos.

Siempre juntos.

Hasta que se pueda.

—-
*Os iba a explicar la Paradoja de Schörindger pero -¡sorpresa!- no soy física cuántica así que mejor os dejo un video en el que se explica que estará mucho mejor, si os interesa:

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