Lo que oculta la mascarilla

La violencia machista no para en una pandemia, aunque se oculte tras una mascarilla

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Ilustración de Patricia corrales

La mascarilla ha servido para que las mujeres maltratadas oculten las señales de sus maltratos. 

Esas mascarillas que las protegen del Covid también protegen a sus maltratadores de la ley y el escándalo. Se sienten inviolables bajo el escudo de la tela que oculta golpes y miedos. 

Sí, es probable que no se contagien del virus, pero ello no evita que esos hombres continúen con sus agresiones. 

El Covid ha afectado a las mujeres de una forma criminal, agresiva e indiscrimada. 

La mujer ha visto, de nuevo, como sus derechos han sido pisoteados y desprotegidos por las autoridades que no han sabido ver que, detrás de cada mascarilla, hay una vida. 

Sin embargo, han sido, de nuevo, las víctimas de violencia machista las más castigadas. Ellas han visto como las paredes que tantas veces las oprimían, ahora las ahogaban, sin poder salir durante meses. 

Todo comienza siempre con un insulto, un desprecio, un “tú no vales para esto”. Los comentarios parecen pasar desapercibidos para la mujer que calla, pensando que el hombre lo dice con razón. Sin embargo, no sabe que se está condenando a un futuro que nada tiene que ver con el que soñaba. 

Los insultos y desprecios crecen y los meses pasan, a veces incluso se convierten en años, y, entonces… Llega la primera bofetada. El primer golpe. El primer empujón. La primera profanación de la intimidad de ella y la gran victoria de él, de el maltratador. 

Ese primer golpe nunca es aceptado, muchas veces incluso, es recriminado. Sin embargo, él promete que ha sido fruto de un momento de ira, de una reacción a su “mal comportamiento”, el de ella, naturalmente, y que no va a volver a suceder. 

Pero miente, siempre miente y volverá a hacerlo. 

Primero serán golpes que no dejarán marcas en la piel, pero si en el alma y en el pensamiento. La humillación, la violencia, la ira incontrolada y el miedo se instalan en la casa. 

Ya nada volverá a ser como antes. 

Nada está correcto, nada es como él quiere, nada está a su gusto, nada es como a él le gustaría. Ella no se comporta cómo debería, ella no cocina cómo a él le gustaría, ella no es la mujer que debería… Ella debe recibir un castigo. 

Y así se instaura una rutina de golpes amparada por un aislamiento social provocado por un virus. 

Y de pronto ella puede salir a la calle, pero lo hace con una mascarilla que le tapa las heridas de la cara, los golpes que él le ha dado durante meses. 

Va a las tiendas de siempre, con la gente de siempre, que parece no darse cuenta que debajo de esa tela se esconden las señales de una tortura sin fin. 

Él la espera en la puerta de cada tienda, no la dejará marchar, la quiere demasiado. 

Ella no puede más que volver a su lado, todo lo que él hace lo hace por su bien, ¿no?

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J.C. Birena, 19 años, España

Instagram: @j.c.birena

Blog: https://jcbirena.blogspot.com

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