En mi ciclo mando yo. Sobre la prescripción errónea de anticonceptivos hormonales

A veces parece que «la píldora» es la respuesta para cualquier «problema» que surja si eres menstruante. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué hay de fondo? Julia lo analiza en este maravilloso artículo

Pildora_ ProyectoKahlo_feminismo
Ilustración de Marta A.

Desde que comenzamos a tener la menstruación, las mujeres y otras identidades con cuerpos que menstrúan, nos enfrentamos a preguntas, dilemas y miedos relacionados con nuestra regla. Desde la falta de regularidad en nuestros ciclos hasta los embarazos no deseados. En el momento en que comenzamos a sangrar con regularidad (o sin ella), se inaugura una etapa nueva llena de pensamientos, emociones y también obstáculos y misterios. 

La medicina occidental es intervencionista, siendo así ¿cómo iba a permitir que nuestra menstruación no fuese también objeto de sus investigaciones? El problema de la medicina occidental es que, centrándose principalmente en los aspectos micro de nuestra corporalidad, ha acorralado saberes y prácticas que las mujeres venían desarrollando durante siglos como conocedoras de primera mano del cuerpo femenino. Las universidades nacieron sin permitir el ingreso a mujeres, lo que supuso la eliminación de los saberes sobre nuestros cuerpos que se habían generado fuera de la ciencia institucionalizada. 

Ese desplazamiento de la autoridad médica, hacia los varones blancos formados en instituciones, tuvo consecuencias que arrastramos y pagamos aún a día de hoy. El tema del que trata este artículo es un claro ejemplo de las consecuencias que tiene dejar en manos de otros la investigación, el diagnóstico y el tratamiento de los malestares y dolencias que experimentamos las mujeres. ¿Hay alternativas, existen profesionales con otra mirada?

Menarquia: mamá, ya soy una mujer

J. tenía 15 años. El acné poblaba su cara, pecho y espalda. Vello de color oscuro comenzaba a trepar por sus muslos, sus lumbares y su línea alba. Desde la primera menstruación, a los 13 años, las reglas de J. eran muy irregulares. Un poco después, había comenzado a mantener relaciones sexuales usando preservativo, lo que la protegía no solo de embarazos no deseados sino también de infecciones de transmisión sexual. 

Aquellas primeras reglas de J. llegaban cuando querían, a veces cada dos, a veces cada nueve meses. Eran las primeras cuatro o cinco veces que sangraba y J. fue erróneamente diagnosticada de síndrome de ovario poliquístico. Su ciclo fue así patologizado y su cuerpo medicalizado hasta la saciedad, desde los 14 hasta los 24 años. Tomó Diane 35 (un anticonceptivo hormonal relacionado con muertes por tromboembolismo y prohibido actualmente en muchos países) durante 4 años consecutivos. Luego usó Yasmin, Yasminelle, la micropíldora y el anillo vaginal, entre otros. 

Todos esos años de su juventud, J. vio cómo la relación con su cuerpo y su menstruación se encontrada interrumpida, dificultada, al haber quedado terriblemente condicionada por un bombardeo químico inaguantable. Su adolescencia se vio consumida por un monstruo hormonal que ella ni generaba ni podía entender o controlar. Un monstruo que el sistema médico había decidido introducir en su cuerpo. El malestar de J. con respecto a estos años de desinformación, mala práctica médica y continuas subidas y bajadas emocionales, no es solamente suyo; son muchas las que han pasado por algo parecido. 

Doctor, ¿por qué me receta anticonceptivos si no mantengo relaciones con chicos?

Se calcula que en torno al 14% de mujeres en edad reproductiva usan métodos anticonceptivos hormonales (World Contraceptive Patterns, Naciones Unidas, 2013). Los anticonceptivos previenen el embarazo, de ahí su nombre, e incluyen, entre otros, los de barrera -como el preservativo o el diafragma-, los de emergencia, los de larga duración o los hormonales.

Existen dos tipos principales de anticoncepción hormonal: la combinada, que usa estrógeno y progestágeno, y la que usa solamente progestágeno. Los anticonceptivos hormonales se presentan tanto en forma de comprimidos -la famosa píldora-, como anillos vaginales, parches sobre la piel o implantes subdérmicos

El surgimiento y comercialización de la píldora en el siglo pasado trajo cambios muy positivos para la vida de muchas mujeres, que encontraron en ella un modo de gestionar su fertilidad de una manera fácil y relativamente autónoma, lo que tuvo un impacto positivo también en su libertad sexual. Desde octubre de 1978 la comercialización de la píldora anticonceptiva fue legal en España.

No obstante, la falta de información clara respecto a los efectos secundarios y al funcionamiento mismo de la píldora ha generado debates encendidos y provocado problemas graves a muchas mujeres. No podemos obviar que lo que hacen los anticonceptivos es interferir con la comunicación entre nuestro cerebro y nuestras gónadas, inactivando los ovarios y haciendo que cese la liberación de óvulos. De hecho,el sangrado que provocan los anticonceptivos hormonales es falso, no es una menstruación real.

Justamente por este motivo resulta aún más increíble que un medicamento tan potente y con efectos secundarios tan variados -desde aumento de peso o pérdida de deseo sexual, hasta problemas circulatorios graves que pueden llegar a ser letales- sea recetado para fines que nada tienen que ver con la contracepción. 

El portavoz de la Sociedad Española de Contracepción (SEC), el ginecólogo Modesto Rey Novoa, afirma en este artículo que aunque el principal uso de los anticonceptivos sigue siendo ese, la contracepción, es cierto que se usa mucho para otros beneficios. En el mismo artículo, se recogen las palabras de la ginecóloga granadina Enriqueta Barranco denunciando que “la clase médica prescribió y sigue prescribiendo anticonceptivos hormonales sin indicación que lo justifique con la finalidad de controlar el ciclo. Estos métodos tienen una única indicación: evitar el embarazo. Cuando estos se recetan por otros motivos los profesionales están haciendo una prescripción fuera de ficha técnica, y eso está penado por la Ley”.

En concreto las prescripciones erróneas se realizan por malestares relacionados con la irregularidad del ciclo, la aparición de acné, vello corporal “abundante” o dolores menstruales. El problema que tiene el uso de anticoncepción hormonal para tratar estos temas es, como explica Barranco, legal, pudiendo quedar tipificado como mala praxis médica. Sin embargo, ¿por qué sigue siendo común hacer uso de los anticonceptivos para tratar estas problemáticas?

Me aventuro a afirmar que nuestros cuerpos, en manos de una medicina que escucha poco y receta mucho, se observan como criaturas salvajes a las que urge domesticar. Si no sangras cada 28 días, si tienes vello en lugares donde se supone que una mujer no debería tener tanto, si tienes granos o si te duele, se promueve el tratamiento farmacológico, en lugar de poner patas arriba el sistema y replantearnos por qué estos temas han de patologizarse aún correspondiéndose con manifestaciones normales de lo que significa ser mujer, en toda nuestra diversidad. 

Frente a la patologización: autoconocimiento y profesionales feministas

Era un día muy frío de febrero. J. se sentía muy desamparada, sola, desesperada. Reconocía algo muy extraño dentro de sí misma, algo que no encajaba ni se correspondía con su carácter alegre y realista. Llamó a sus amigas, necesitaba estar con alguien. L. llegó a casa de J. empapada tras haber corrido bajo la lluvia y, ya en el sofá ambas, comenzaron a hablar, J. balbuceando entre lágrimas y mocos. Aquello no tenía ninguna explicación, aquella tristeza profunda no tenía ninguna base racional. Hacía seis meses que usaba el anillo vaginal, y desde hacía tres sufría una vez al mes estos episodios depresivos que la dejaban hecha unas bragas viejas, arrugada, desgastada, inservible. Aquel día algo cambió dentro de J y decidió que nunca más volvería a meter en su cuerpo hormonas con fines anticonceptivos para tratar su -supuestamente patológico- ciclo irregular. 

No fue un solo médico el que diagnosticó a J. de síndrome de ovario poliquístico (SOP). Se lo repitieron hasta la saciedad, en distintas consultas, médicos y médicas, por activa y por pasiva. Como J. llevaba tantos años tomando anticonceptivos (como hemos visto, aproximadamente desde su cuarta o quinta regla), no tuvo la oportunidad de relacionarse sanamente con su ciclo, de entender cómo funcionaba, de escuchar los secretos que su cuerpo deseaba contarle. Sin embargo, desde que dejó de medicarse, poco a poco, su cuerpo fue estableciendo de nuevo una relación fructífera con ella. Sus ciclos, aunque no eran regulares, tenían un patrón, se veían afectados por su estrés y le daban una información valiosísima acerca de si misma, de lo que quería y también de lo que no. Se inauguró así una época de intenso autoconocimiento y curiosidad por su propia corporalidad que J. mantiene hasta día de hoy. 

Con 26, pidió cita en la consulta ginecológica de Enriqueta Barranco en Granada. Durante esos más de dos años sin medicarse, se había dedicado a leer, a informarse sobre el ciclo menstrual desde medios feministas, a conversar con sus amigas… Cierro este texto con una reproducción ficcionada de las palabras que Enriqueta pronunció para J:

– Bueno J, después de haber escuchado tu historia y haber observado tus ovarios, te cuento. Muchos médicos en cuanto ven aparecer por la puerta a una adolescente con regla irregular, granos y vello le endosan el diagnóstico de ovario poliquístico. Pero verás, ese síndrome es uno bastante grave; va acompañado de hirsutismo patológico, problemas hormonales serios, cambios bruscos en el peso… Evidentemente, nosotras como mujeres mediterráneas tenemos vello negro y fuerte más abundante que, por ejemplo, una mujer sueca, pero eso no es nada patológico. Por otro lado, tener acné siendo una adolescente es la cosa más normal del mundo. Con respecto a la irregularidad del ciclo, es totalmente esperable que el cuerpo tarde meses o incluso años en lograr un ciclo más o menos regular, además de que es falso eso de la píldora regule la menstruación…

En todo caso, no somos relojes, no todas tenemos ciclos de 28 a 35 días, y salirse de ese patrón no tiene por qué significar que haya una patología de base. Tus ovarios, como hemos visto en la ecografía, están sanísimos. Todos esos quistecitos, como perlitas que rodean el ovario, no son más que óvulos preparándose para ser expulsados. No son quistes patológicos, no constituyen ninguna enfermedad ni problema a tratar. Tus ovarios lo que están es jóvenes y felices, míralos- señalando la foto de ecógrafo de los ovarios de J- llenitos de óvulos de tanto que están trabajando. Puedes quedarte las fotos, J. Muchas vienen a mi consulta como tú, y para mi es una alegría poder atenderos. Gracias y hasta pronto. 

J. lloró al salir de la consulta. Apretó contra su pecho las fotografías de sus ovarios, jóvenes y afanados, y puso rumbo a casa por la ciudad rebosante de primavera. Nunca más volvió a observar con los mismos ojos el vello de su vulva, los granitos que la avisaban de cosas, o la sangre que sin presiones ni expectativas fluía desde su vagina hacia un exterior que ahora se le antojaba más amable y menos violento. Dio las gracias a Enriqueta con una sonrisa y le siguió la pista de cerca -leyendo artículos y entrevistas– a aquella mujer menuda, repleta de conocimiento, que tanto le había regalado en una consulta de poco más de media hora.

*Un par de recomendaciones sobre el tema:

-Un dossier de la revista Mujeres y salud sobre anticoncepción, al que puedes acceder pinchando aquí.

-Un vídeo de La Psico Woman con Enriqueta Barranco sobre la menstruación, la píldora y otras cosas que no nos han contado. Puedes acceder al vídeo pinchando aquí

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