Sologamia o cómo casarte contigo (literalmente)

Sologamia, un acto de amor propio y de celebración de ello, redifiniendo los rituales que nos persiguen.

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Ilustración de Patricia Corrales

Vestirte de gala, invitar a tus seres queridos, cortar el pastel de bodas, e irte de luna de miel después de haberte casado…contigo.

Hoy hablamos de sologamia.

No puedo describir lo increíblemente emocionada que me siento al descubrir que en estos momentos hay mujeres el mundo haciendo los preparativos para casarse consigo mismas, aunque no sea «legal». Lo siento, esto va de la importancia de apropiarse de los rituales, no de sus efectos legales.

Como activista, defensora y promulgadora de mi religión (el amor propio), no pude evitar emocionarme hasta tener la piel de gallina. Todo empezó cuando empecé a investigar un poco más sobre el desapego para escribir un artículo, este artículo. Quería tener diferentes perspectivas sobre cómo dejar ir las expectativas, sabiendo que lo queda siempre es lo importante: tú.

Nunca se me habría ocurrido que iba a encontrar todo un movimiento que está causando furor y revuelo, el movimiento detrás de la sologamia, de las bodas con una sola protagonista, y digo sola porque la mayoría de las «casadas» son mujeres. ¿Coincidencia?

Cuando compartí lo que había aprendido sobre la sologamia y cúanto me gustaba, con gente a mi alrededor, descubrí que a nadie le parecía una idea tan apasionante y disruptiva como a mi. De hecho, ni siquiera le dieron importancia. La mayoría creyeron que era divertido o extravagante, sin más. En serio, ¿estamos de broma? Si yo me casara conmigo misma, sentiría que es el ritual absolutamente cúlmen del amor propio.

Supongo que me he dado cuenta de que, comparada con la mayoría de personas que conozco, he hecho del amor propio algo muchísimo más importante en mi vida. Para mi, amarme significa mucho más que aceptar «los kilos de más». De hecho, si quiero cambiar algo de mi cuerpo, lo hago, no tengo que dar explicaciones a nadie, y eso no significa que no me ame. Nada más lejos de la realidad. Amarme sin condiciones es algo mucho, mucho, mucho más grande que cómo luzca mi cuerpo.

Amarme implica que cada vez que me veo en esa situación que siempre quiero evitar y estoy a punto de sacar el látigo para torturarme por lo penosa que soy, paro en seco y digo algo así (más o menos): ¿Qué pasa? Ya lo se, a veces se te va la pinza ¿y qué? Eres tú, no eres una diosa. Te vas a equivocar toda la vida, normalmente te vas a dar cuenta como ahora, y eso es más que suficiente. Con el tiempo lo harás mejor, pero no es una obligación. Si no lo haces, no me importa absolutamente nada. Yo te acepto así, yo te quiero así. Vuelve a guardar el látigo porque a mi no tienes nada que demostrarme».

Sí, hablo conmigo misma como si hubiera dos entidades dentro de mi cerebro, pero es que así es más fácil practicar el amarse sin condiciones.

Amarse sin condiciones, esa es la clave. Qué fácil es amarme cuando estoy orgullosa de mi misma, y qué cuesta arriba se hace cuando quiero que me trague la Tierra, pero no me rindo, porque yo me acepto, e intento tratarme como trataría a la personas que más quiero. ¿De qué sirve ayudar a todo el mundo si luego me insulto a mi misma cuando cometo un error? ¿En qué momento me he otorgado el título de ciudadana de segunda categoría? ¿Qué he hecho para merecer ese trato humillante? Ya basta.

En serio, basta. Espero que también baste para ti.

Que sea consciente de estos procesos no quiere decir que haya alcanzado un nivel superior de iluminación dónde practico el desapego como una diosa. A veces lloro de rabia por no haber actuado como quería, a veces siento envidia por cosas que al día siguiente no tienen importancia para mi, pero no me insulto, y me he prometido a mi misma que si bien no soy como otras personas en muchos aspectos -nadie es como otras personas en ningún aspecto-, eso no significa que merezca menos, y por tanto, no pienso tratarme como un despojo humano. No, yo elijo estar a mi lado.

La sologamia será como todo fenómeno, una moda que termine algún día, y eso está bien, porque significará que está totalmente aceptado creer que somos una naranja entera y todas esas frases tan clichés y a la vez tan importantes. Pero lo que no me gustaría que se perdiera es la poderosa idea detrás del concepto. La magnificiencia de una mujer que se prepara para uno de los días más bonitos de su vida. Que escribe sus propios votos y promesas de amor propio, que se emociana al leerlos frente a un espejo, que corta un fabuloso pastel para conmemorar su amor, que se va de luna de miel y que hace «uso del matrimonio» sóla o con cuántas personas quiere.

No olvidemos la importancia de apropiarnos de los rituales que un día nos esclavizaron. No olvidemos la importancia de lo que significa amarnos.

Aquí y ahora, vestidas de blanco o desnudas, celebrándo nuestra boda en la intimidad, o acompañadas por nuestras parejas.

El amor es lo único que se expande al ser compartido.

No nos privemos de algo tan bonito.

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