Instagram para gente que odia Instagram

Volver a Instagram u otras redes sociales después de 4 años alejades de ellas puede ser interesante. Amanda nos cuenta su experiencia.

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Ilustración de Miriam S. de Arcos

Las redes sociales no están hechas para mí.

Lo dice una persona que pasó 8 años absolutamente enganchada a Facebook. Pero también una persona que decidió cerrarlo y no acceder a ninguna otra red social durante 4 años. Hasta ahora.

El momento en el que decidí abrir una tienda online supe a lo que me exponía. Nadie me iba a regalar el tráfico que necesitaba para vender allí. Tenía que salir a buscarlo yo solita, y eso suponía…volver a las redes sociales.

Tenía dos opciones, seguir ignorándolas e intentando atraer tráfico de otra manera (anuncios hiper caros) o asumir que con todo negocio viene del brazo una gran responsabilidad, y que si quiero acceder a más personas, las redes sociales van a ayudarme a hacerlo.

Adiós Facebook

Pongámonos en situación. ¿Por qué cerré Facebook, y por qué no utilizé redes sociales durante 4 años? Básicamente porque me harté de sobreexponer mi vida, de vivir para los likes, y de escuchar a personas quejarse continuamente sin hacer nada al respecto. Simplemente un día sentí que ya no tenía nada más que hacer allí, y que de hecho ya ni siquiera me sentía cómoda. Si quieres saber un poco más sobre mi historia aquí está el artículo que ecribí en su día.

Pero hoy la situación es otra. Ahora tengo cuentas en Pinterest e Instagram, estratégicamente elegidas por ser las redes que más tráfico atraen en mi nicho. Después de 2 meses utilizándolas podría haber llegado a la conclusión de que son útiles, de que las redes sociales son lo que hagas de ellas y de que mi hartazgo no estaba justificado. La verdad es que aunque creo que son 10% útiles, no me gustan y no me hacen sentir mejor, de hecho cada día sueño con volver a cerrarlas. ¿Por qué? Veamos.

Hola Pinterest

Con Pinterest las cosas van un poco mejor, supongo que se debe a que no es estrictamente una red social. Aunque se trata de un mundo de fantasía, publicas algo y te olvidas de ello, porque tus pines hacen su trabajo sólo. Tus pines no necesitan que estés interactuando con personas a las que rogar [email protected]. Tú publicas los pines que quieres dar a conocer. La gente decide si clica en ellos. No tienes que exponer tu vida. No tienes que actuar para que tu vida parezca algo que no es. Fin.

¿Hola Instagram?

Instagram… es igualmente superficial, pero brutalmente abrumador. Para empezar, tu contenido sólo es visto durante un margen de tiempo ridículo, y si quieres que alguien te conozca tienes que seguir a una barbaridad de personas y comentar en una barbaridad de sitios. Nunca tienes un respiro. Tienes que publicar sin descanso. Leyendo artículos sobre cómo ser más eficaz utilizándolo (vale, sobre como vender más) sólo encuentro a expertes que afirman que no necesitas publicar cada día. Te dirán algo así, «Ey, no te preocupes, basta con que publiques contenido 3 días a la semana, de resto, es suficiente con que subas historias cada día«. Lo siento, pero para mi cerebro, ambas cosas significan publicar, y significan publicar sin descanso.

Por cierto, ¿qué son las historias? ¿por qué son diferentes a otra publicación?, ¿por qué hay gente que ama ver fotos de cafés, batidos verdes y selfies con corazones? Necesito que alguien me explique por qué las historias triunfan tanto.

Mi realidad

En fin, pasemos ahora a la parte emocional. Como tengo que hacer miles de comentarios, tengo que ver miles de publicaciones. Lo resumiré en una palabra, dolor de cabeza al sobrepasar los 10 minutos interactuando y una fuerte y desagradable sensación de no pertenencia (a un mundo irreal, pero la sensación es real).

Para alguien que lleva 4 años sin acceder a fotos de personas sonriendo, sintiendo que tienen que escribir algo super filosófico para poder enseñar abdominales y tomando cafés latte rodeadas de flores secas, el sentimiento de haber venido de otro planeta y observar a una especie diferente es difícil de evitar. Hay una sensación de mundo de plástico que flota en el ambiente y se te agarra al estómago. Una sensación de película de terror en la que los maniquíes actúan como si sus vidas fueran reales. Sí, se que para otras personas esas publicaciones pueden ser una fuente de inspiración , e incluso ayudarles en algún proceso personal. Bravo por ellas, pero para mi, lo que consiguen es todo lo contrario.

Sé que detrás de las pantallas y de los corazones fluorescentes, hay personas maravillosas, sé que son la mayoría, y que están realmente conectado con sus seres queridos o personas afines y añadiendo algo bonito a su vida. Sé que hay personas que tiene que enseñarnos lecciones de vida e Instagram es la perfecta herramienta para ello, me parece genial y necesario que lo hagan. Sin embargo, yo hablo aquí de la sensación general que me producen las publicaciones «bonitas sin aportar nada más» en conjunto. Es genial que existan, ¿para qué existe el arte si no? Yo también las compartía en su día y respeto profundamente a quien las disfrute; vuelvo a recordar que sólo hablo de mis sensaciones al verlas, incluyendo las que han sido de mi propio contenido.

¿Hasta cuándo?

No estoy muy segura de cómo y hasta cuándo voy a continuar utilizando estas redes sociales. Pero no pienso rendirme tan fácilmente, lo que una quiere en la vida cuesta siempre es un esfuerzo ¿no? Quizás este sea uno de esos esfuerzos.

Estoy segura de que tiene que haber alguna manera de disfrutarlas más allá de porque te ayuden a promocionarte, aunque yo no la haya encontrado. Supongo que en el fondo hay una niña herida dentro de mí que está enfadada por no encajar con lo que ve en ese feed de vidas llenas de flores, cafés y nanobikinis. Tengo que aprender a contarle a esa niña que lo que ve no es toda la realidad, de hecho a veces ni siquiera es una parte de ella, y que no está obligada a asistir al espectáculo, que se puede ir cuando quiera, y que si decide seguir, puede sobrevivir a ello, aunque acabe con un momentáneo dolor de cabeza.

¿Cómo te sientes tú en las redes sociales? ¿Crees que aportan algo positivo a tu vida o por el contrario llevas años siendo feliz sin ellas?

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