Canto para saber que estoy viva

nina_simone_julio_2020_proyectokahlo_feminismo
Ilustración de Patricia Corrales

– ¿Qué es la libertad para vos? 

– Lo mismo que para vos. Vos decime. 

– No, vos decime. 

– Es apenas un sentimiento. Es como decirle a alguien que estás enamorado.
¿Cómo se lo explicarías a alguien que nunca estuvo enamorado? No podés. Podés describir cosas pero no le podés decir… Pero sabés cuando te pasa. A eso me refiero con la libertad. Hubo un par de veces en el escenario en que me sentí libre. Y es… es algo distinto. Te voy a decir qué es la libertad para mí: no tener miedo. Me refiero a de verdad no tener miedo.

Es 1968, estamos en Nueva York y Nina Simone viaja al futuro. 

Es 2013 y después de un asesinato impune a manos de la policía estadounidense por motivos raciales nació el movimiento #BlackLivesMatter. En 2020 sucede de nuevo (y cuántas otras veces más): George Floyd es asfixiado durante 8 minutos y 46 segundos hasta que muere. 

En 2015 se despertó el colectivo #NiUnaMenos a raíz del homicidio de Chiara Páez. Tenía 14 años, estaba embarazada y la mató su novio. En 2020 en Argentina hay un femicidio cada 27 horas. 

Ser negro. Ser mujer. Ser distinto. Es peligroso. ¿Para quiénes?
En especial, para nuestros victimarios.  

Nina Simone nació Eunice Kathleen Waymon en 1933. No era una buena época para ser negra ni mujer (ahora tampoco), y mucho menos artista. Cambió su nombre para que su madre no supiera que sus madrugadas se sucedían cantando y tocando “música diabólica” en bares gobernados por los hombres y el alcohol. 

Pero la historia de Nina no es la de esa “chica de un pequeño pueblo viviendo en un mundo solitario” que viaja a Los Angeles para hacer fama, gloria y dinero. Esa chica de la canción también sufre, pero es blanca y Hollywood la retrata seguido en musicales. 

Para Nina Simone ser artista era una necesidad: económica, sobre todo. Y también física, la  música como un vaso para expulsar demonios. 

– ¿Por qué seguiste haciéndolo? 

– No podía evitarlo. Necesito tocar, y necesitaba el dinero. Siempre fue una cuestión de necesidad. Nunca se me ocurrió que podía elegir.“

El documental What Happened, Miss Simone? confirma que no había poetización de la música en la vida de Nina. Nunca decidió ser artista. 

De niña tocaba en la Iglesia para un público blanco, y cuando quiso entrar a uno de los conservatorios musicales de Filadelfia le negaron la beca por su color de piel. Pero ese volumen de talento no podía ser contenido: lanzó 33 álbumes en toda su carrera y tocó en vivo hasta el final.
Todavía hoy encarna el soul más rasposo, sofocante y despierto que se haya interpretado. Y es banda sonora del mundo en que vivimos. 

Alabama’s gotten me so upset

Tennessee made me lose my rest

And everybody knows about Mississippi goddam

En 1963 el asesinato del activista por los derechos civiles y contra la segregación racial Medgar Evers provocó a Nina: compuso Mississippi Goddam en menos de una hora. Dos años después la tocó en las marchas de Selma para 10 mil personas. Ella, Sammy Davis Jr., James Baldwin y Harry Belafonte avanzaron hasta cruzar las líneas policiales.

Ser negra, artista y activista.  

“Me envolvió como una serpiente”. 

Además de ser parte del movimiento por los derechos cívicos de los negros, Nina Simone era feminista. Sufría violencia de género, explotación y abusos por parte de su marido y manager Andy Stroud, que en varias ocasiones la golpeó y violó. Pero era arrolladora y no podía quedarse callada. 

Hey, what have I got?

Why am I alive , anyway?

Yeah, what have I got

Nobody can take away?

Got my hair, got my head

Got my brains, got my ears

Got my eyes, got my nose

Got my mouth, I got my smile

I got my tongue, got my chin

Got my neck, got my boobies

Got my heart, got my soul

Got my back, I got my sex

I got my arms, got my hands

Got my fingers, got my legs

Got my feet, got my toes

Got my liver, got my blood

I’ve got life, I’ve got my freedom

I’ve got life

I’ve got the life

And I’m going to keep it

I’ve got the life

Nina Simone se convirtió en una estrella, pero puertas adentro reinaba la oscuridad, el control y la violencia. Después de muchos años, hizo las valijas y escapó a Liberia casi sin nada. Sus últimos años los pasó rodeada de poco (amigos y dinero) pero propia. 

Si en 1968 Nina ya sabía que la única descripción palpable de la libertad era no tener miedo – no existe una palabra única para nombrar esa sensación -, es porque era una adelantada a su tiempo.
Primero, porque estaba enojada (la diagnosticaron médica y públicamente como “bipolar”). Segundo, porque usaba su voz para incomodar (los singles de Mississippi Goddam fueron destrozados en público). Tercero, porque su actualidad nunca le permitió ser del todo genuina.

Nina Simone vivía en una jaula y cantaba sólo para saber que estaba viva.

2 Comentarios

    • Qué lindo! Me alegroooooo y la ilus es preciosa.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Navegar

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies