Vivir sólo cuesta bosque

Victoria nos invita a conocer a las mujeres de la cooperativa Mujeres Soñadoras. No son princesas, son heroínas. ¡Conócelas!

Imagen obtenida del sitio mujeresoñadoras.org

Las Mujeres Soñadoras podrían ser hadas consejeras de alguna franquicia de Disney, que aconsejan a una princesa bastante hegemónica para enfrentar a las fuerzas del mal y – si los dioses así lo quieren – conocer a un príncipe azul, o verde o de todos los colores del arcoiris – y vivir felices para siempre (o hasta que se prendan las luces del cine). 

Pero Disney ya no es lo que era y las Mujeres Soñadoras de esta historia son en verdad las cooperativas que trabajan de forma sustentable con el fruto de los bosques misioneros de Argentina.

Por un lado, la Asociación Civil “Mujeres Soñadoras” (compuesta por 50 familias), que produce mermeladas de frutos nativos en la localidad de Salto Encantado. Por el otro, la Cooperativa “Nueva Esperanza”, que fabrica vinagres con esos mismos frutos en la zona de San Pedro. 

Podrían ser mujeres emprendedoras, y eso ya sería mucho. Pero además son mujeres emprendedoras que elaboran productos sustentables a partir de y para proteger el bosque nativo. 

Los bosques nativos de Argentina – como sucede en muchos otros países de Latinoamérica – están en condición crítica hace décadas por la deforestación y desmonte para industrias tan rentables como peligrosas (más particularmente, la soja transgénica y la ganadería). 

Según la organización ambientalista Greenpeace, Argentina perdió 2,8 millones de hectáreas de bosques nativos en los últimos 12 años. Sólo en 2019 se deforestaron más de 80 mil hectáreas y el desmonte continúa sin control, a pesar de la vigente Ley de Bosques. 

El florecimiento de emprendimientos locales (y en este caso, comandados por mujeres) significa que el uso del producto es sustentable (no más de lo que la tierra pueda dar y regenerar), que se preserva la biodiversidad (no es una práctica destructiva o extractivista) y que cuida y enriquece el bosque nativo (al proponer la presencia de grupos locales en vez de industrias extranjeras o que producen sobre todo para exportar). Además, nos permiten descubrir productos que la mayoría de nosotros jamás encontramos en las góndolas de los supermercados cosmopolitas (y si lo hicimos, muy factiblemente habían sido importados). 

Por el momento, venden en ferias y comercios locales. Pero el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación ha comenzado a impulsar el círculo virtuoso detrás de estos emprendimientos con un sello propio “Producido por la Agricultura Familiar”. 

¿Alguna vez probaste una mermelada de guaviroba, jaboticaba, jacaratiá, guaporití, o ubajay? Tienen sabor a bosque.

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