Mi cuerpo. Nuestro cuerpo.

Mujeres y diversidad
Ilustración de Shana Rey

Me miro en el espejo.

Me desnudo ante su mirada.

Mis ojos van irremediablemente a los mismos lugares ya tantas veces visitados y juzgados.

El tamaño de mi pecho.

Las estrías, cicatrices o manchas.

La forma del cuerpo. Cómo están repartidos los kilos.

El color de mi piel.

Las marcas que ha dejado en él la ropa.

Estoy desnuda mirándome con unos ojos que no sé si son los míos.

Con una mirada cargada de mandatos, órdenes y detalles que van a indicar si mi cuerpo es o no cómo tendría que ser.

Parpadeo.

El reflejo cambia.

Ante mi, una mujer mucho mayor que yo.

Desnuda y juzgándose frente al espejo.

Veo dónde mira, dónde toca y yo solo puedo sentir amor.

Ojalá se viese como la veo yo.

Una piel llena de historias, de momentos.

Unos ojos llenos de sabiduría.

Parpadeo.

Ahora es una adolescente la que se encuentra al otro lado del espejo.

Se mira con impaciencia deseando que su cuerpo crezca.

Anhelando verse como le han dicho que tiene que hacerlo.

Intentando ocupar el espacio justo que le han hecho sentir que tiene derecho a ocupar en este mundo. Ni más ni menos.

Parpadeo.

Una niña pequeña se ríe ante mí.

Acaricia una tripa redonda y sonríe mientras juega con su pelo.

Sus ojos no están analizando tanto lo que ve si no lo que siente.

Las ganas de jugar o de orinar, tal vez.

Piensa en historias en las que se ve haciendo millones de cosas.

Ninguna de ellas tienen que ver con su cuerpo.

Una mirada limpia.

Parpadeo.

Y me veo. Nos veo.

Porque no estoy sola.

Estamos todas ahí.

Millones de cuerpos diferentes que parecen querer abarcar todos los adjetivos creados en nuestra lengua.

Todas mirándose y dándose cuenta de la verdadera magia que tiene tener un cuerpo.

De la cantidad de experiencias que te permite vivir y sentir.

La oportunidad maravillosa que es para transitar por el mundo.

Se nos ilumina la cara.

Con una resaca de nostalgia y recuerdo pensando en las que estuvieron.

Con ilusión por las que vendrán.

Y con una certeza; de ahora en adelante miraremos nuestro cuerpo, nuestro vehículo en esta vida, de otra manera.

Y lo agradeceremos, cuidaremos y acariciaremos.

Que gusto verte por lo que eres y no por lo que te dicen que tienes que ser.

Siente, hermana.

Siente.

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