No estamos todas

Marta comparte con nosotras un caso de violencia machista, una historia dura, pero que necesita ser escuchada. Su protagonista no está entre nosotres, pero su historia será contada e inmortalizada.

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Ilustración de Miriam S. de Arcos

Os voy a contar una cosa que pocas personas saben. Hace unos años que desapareció una mujer a la que estaba acompañando en terapia.

Su situación era complicada.

Novio de toda la vida con el que se había ido a vivir hacía unos años. La convivencia no era todo lo fácil que se imaginaban pero parecía que se entendían.

Un día discuten y él le da una torta. Una bofetada. En la cara. E inmediatamente le pide perdón.

Ella no lo perdona. Rompe la relación y se vuelve a una casa familiar.

Esto le enfurece a él que se siente rechazado, que no entiende porque no le perdona y que la insulta. ‘Seguro que es que estabas con otro y esto es una excusa’.

El acoso también es por el móvil y utiliza al grupo de ‘amistades’ en común para que le lleguen mensajes.

Ella, con una mezcla de pena -por todo lo que él fue para ella- y de miedo -por no reconocerlo en todas estas conductas- decidió esperar y darle tiempo.

Pero hubo un día que él coincide con ella en un lugar público y se acerca. Ella rechaza hablar con él sintiendo el temblor en sus piernas. Y él se enciende: gritos, golpes al mobiliario… le salvó la vida la dueña del comercio en el que se encontraban.

Pone una denuncia. Orden de alejamiento.

Pero sigue. A través de gente de su alrededor, de encuentros ‘casuales’ cargados de excusas.

Y ella ve una salida: irse a vivir a otra ciudad.

Coge una maleta y se marcha. Sin siquiera decirle el destino a su familia para que no se vea obligada a guardar ese secreto.

Y en ese momento de su vida contacta conmigo.

Con una sensación de fracaso emocional, culpa y rabia.

Rabia ante esa huída injusta que tuvo que vivir. ¿Por qué si él es el que se estaba comportando así al final era ella la que tenía que cambiar de vida?

Culpa porque se exigía haberlo visto venir, haber sabido reconocer todas las alertas de maltrato y no haber llegado a eso.

Fracaso emocional porque piensa que se lo ha buscado, que igual lo merece, que si hubiese hecho las cosas de otra manera,…

Pasaron varias sesiones en las que ella iba encontrando su voz, recolocando sus pensamientos, conociendo ese nuevo sitio y disfrutando del apoyo constante de una buena amiga.

De vez en cuando el otro contactaba con ella a través de otros números y con e-mails que iba creando pero ella hacía lo que estaba en su mano: avisar de esos contactos y respirar para seguir adelante.

Empezó a vivir de nuevo aunque con esa sensación de estar en un sueño. Creando, descubriendo y disfrutando de cosas bonitas pero sintiendo un pinchacillo dentro al pensar que no tenía a su familia cerca.

Y un día que habíamos quedado no se conectó.

No había respuesta por el teléfono ni en llamada ni en mensaje. Nada.

Pasan dos días y me llama su amiga. Todo se ha puesto en conocimiento de las autoridades pero no saben qué ha pasado. Bajó un momento a comprar una cosa en la tienda que tenía delante de su casa. Y desapareció.

No llevaba nada encima. Tan solo un euro para lo que iba a comprar. No llegó a la tienda. Nadie vio nada.

Se esfumó.

Y hasta ahora.

No puedo saber qué es lo que pasó. No puedo señalar a nadie con seguridad porque no la tengo. Pero…

PERO…

solo me sale un suspiro que dice ‘Ni una menos’.

No estamos todas.

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