Libertad o censura: las redes y el control de los cuerpos

¿Es realmente total la libertad en internet? ¿Por qué si es así se censuran cuentas que muestran la diversidad de cuerpos y especialmente el cuerpo femenino o los cuerpos de disidencias? Cecilia nos invita a reflexionar sobre esta realidad virtual que hoy inunda toda nuestra cotidianeidad

Ilustración de Amanda

Ojalá algún día los cuerpos visibles sean todos diferentes. Ojalá el color de piel sea algún día tan diverso como todos los colores del arcoiris. Ojalá los pechos femeninos dejen de ser tabú o solamente un elemento sexualizable. Ojalá la única sangre que sale del cuerpo sin que medie una lesión pueda ser alguna vez abiertamente visualizada.

Todos estos deseos se enmarcan en una era en la que la libertad individual aparece como una máxima que guía nuestras vidas. Pero, ¿existe realmente tal libertad? ¿Por qué en las redes sociales siguen siendo censurados los cuerpos femeninos, las visiones de algo natural y espontáneo como si fuera una forma más de delito? ¿Por qué aquellas cuentas que comparten material político, feminista, de lucha son las que más cantidad de denuncias reciben? ¿Por qué es violento ver un cuerpo femenino desnudo pero otras imágenes de violencias son aceptadas?

Todas estas preguntas no tienen una respuesta clara. Son simples reflexiones que muches de nosotres nos hacemos cuando observamos cómo las redes se comportan respecto de ciertos contenidos. Entendemos fácilmente que detrás de todas estas arbitrariedades hay intereses y poderes que buscan acallar a quienes tienen un mensaje diferente a lo esperado para compartir.

Si nos tomamos unos segundos para buscar en Instagram observaremos con facilidad que las cuentas que muestran imágenes sensuales de mujeres (por lo general, de tipo hegemónico), vestidas en lencería erótica y que invitan a las fantasías de muches, se reproducen como una plaga. Bajo seudónimos que nos impiden conocer realmente autores, estas cuentas promocionan otras cuentas que a su vez hacen lo mismo y rápidamente entramos en un loop de cientos de imágenes que nos carcomen los sentidos y que están pensadas como una especie de laberinto interminable del cual no podemos salir.

Sin embargo, algo muy distinto ocurre con aquellas cuentas en las que mujeres de manera independiente promocionan sus propias fotos o contenido sexual, con cuentas que buscan reflexionar sobre los ‘deleites’ del patriarcado o con las cuentas que suben imágenes que nos permiten conocer una enorme variedad de cuerpos, historias, experiencias. Todas ellas en un momento u otro pasan por situaciones cada vez más comunes: denuncias, contenidos bloqueados, suspensiones de cuentas o directamente cierres abruptos y definitivos de las mismas.

¿A qué se debe esto? Si, tal como dijimos, la libertad individual es una de las premisas de esta época, ¿por qué aún hoy en pleno siglo XXI la sexualidad sigue siendo entendida sólo de un modo?

Se sabe por las estadísticas que los mismos sitios porno publican anualmente que el consumo de pornografía va cada vez más en aumento. Lo más interesante de esto es que entre las categorías más vistas del año 2019 aparecen nuevos nombres que dejan atrás a las históricas y ponen en el centro del deseo a personajes de fantasía, nos hablan del role play, de anime e incluso de sexo con aliens. Si este tipo de consumo se ha diversificado tanto y el deseo se ha liberado de algún modo de las normas tradicionales, ¿por qué no observamos la misma tendencia en las redes si somos nosotres quienes elegimos qué cuentas seguir y qué contenidos leer?

Creo personalmente que todavía falta un gran camino. Si bien internet y las redes sociales han democratizado en gran modo la circulación de la información, todavía falta un vasto camino hacia una convivencia plenamente integra y diversa. Si alguna vez llegó a tu feed una imagen de un cuerpo que te resultó chocante porque era muy gordo, tenía celulitis, era de tez oscura o tenía alguna cicatriz, tal vez sea hora de preguntarse qué tipos de cuerpos y qué formas de sexualidades están componiendo tu consumo. He aprendido muchas veces a reconocer que todo aquello que me choca tiene ese efecto en mí porque me resulta desconocido y así es que me interpelo a mí misma a empezar a llenar mis redes de más cantidad de contenidos desconocidos para que no sea siempre una voz la que predomine. Que seamos cientos y todas bien distintas.

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