Cuando la herida está en la sexualidad

Irene, una de nuestras psicólogas, nos habla de un tema muy doloroso pero que es necesario tratar: la sexualidad en las victimas de violación.

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Ilustración de Miriam S. de Arcos

 

 

 

Prólogo

Cuando en Proyecto Kahlo me informaron que el tema era sexualidad, el tema de las heridas sexuales fue el primer tema que se me vino a la cabeza.

Tengo la sensación de que es un tema del que poco se habla y, desde luego, que no se divulga, y menos con la delicadeza y el tratamiento adecuados.

Por suerte van apareciendo producciones que se acercan a un tratamiento del tema más sensible que tienen en cuenta a la víctima (por ejemplo se me ocurre la serie de Netflix «Unbelievable», traducida como «Creedme»), pero sigue siendo insuficiente. Es por ello que, con mucho respeto, me animo a escribir este artículo. Para poner mi granito de arena. Para dejar constancia de algunas cosas que suceden a las víctimas de violación y así ofrecer una mayor conciencia sobre el tema.

No pretendo hacer un artículo completo sobre ello, pero sí ser fiel a algunos temas que se mueven, y tal vez así dar algunas claves del proceso que se desarrolla con el fin de recuperar una sexualidad placentera después de un evento tan doloroso como es una violación.

Además, he decidido escribir este pequeño texto para mandar dos mensajes, el primero va dirigido al mundo: sufrir una violación te rompe. Te cambia. Te duele toda la vida. Por favor, no banalices ni hables del tema como si fuera poca cosa, porque no lo es. Vigilad vuestras palabras porque pueden herir y mucho.

El otro mensaje es para las víctimas: lo siento. En lo más profundo de mi corazón siento que hayas pasado por eso. No es justo. Te entiendo. Se puede salir de ese bloqueo y ese dolor. Busca ayuda profesional para superarlo. Ten paciencia y amor con tu proceso. Te abrazo.

La profundidad de la sexualidad

La sexualidad es intimidad. Ya sea con une misme o en compañía, el sexo es algo íntimo donde nos exponemos físicamente. Por consiguiente, también la sexualidad alberga vulnerabilidad. El sexo es compartir y es expresar. Es mostrar, mostrarse literalmente.

Piénsate en una situación sexual y deja volar las ideas, sensaciones, emociones… Se mueven muchas cosas internamente ¿verdad? Nuestra sexualidad es un espacio de creatividad y de conexión muy genuino.

Siempre pienso en la sexualidad como algo blando, que remite a la carne, al calor de la piel, a la fragilidad y excitación de lo sintiente y de lo vivo. Algo unido a lo instintivo, lo animal, alejado de lo sagrado mental. Es otra parte de nosotres que encuentra aquí su manera de mostrarse.

Es importante tener presente todo lo que implica la sexualidad para comprender todo lo que implica una herida sexual. El dolor de una agresión sexual implica un daño muy profundo. Se daña lo físico y lo psíquico.

Cuando hablamos de herida sexual hablamos de trauma. Y es que cuando nos dañan algo tan íntimo, el choque emocional es alto, cuesta procesarlo, se queda estancado en la psique y la elaboración de lo que ha pasado es lenta; es lenta cuando se produce, ya que en muchas ocasiones se queda bloqueado durante largo tiempo. Cómo no, con lo duro que resulta.

Con todo, hablar de trauma implica hablar de tiempo, amor y compasión para sanar. Esto es lo más fundamental de todo.

La circuitería del trauma

Me parece importante explicar algunos aspectos algo más neurofisiológicos para arrojar un poco de luz a qué sucede físicamente en el cerebro en una situación de trauma y después de ella. Más abajo tocaré los más puramente emocionales.

*Durante el trauma

El cerebro vive el trauma como un impacto muy duro. Analiza el evento que sucede como algo muy peligroso para la integridad física (lo que realmente es), por lo tanto activa los mecanismos automáticos de supervivencia sin necesidad de que pasen por el cerebro más racional, el neocórtex, que se deja de lado porque lo que urge es sobrevivir, no hay que «pensar» nada en ese momento. Es decir, en esta situación de peligro el cerebro primitivo, el de supervivencia, es el que toma las decisiones, no hay nada racional detrás.

La persona que sufre la violencia no «decide» nada en ese momento, es su cerebro instintivo, que analiza en una milésima de segundo lo que está pasando, el que toma la decisión: huyo, lucho o me rindo. Sí, rendirse también es una de las opciones que baraja el cerebro en este momento, una de las respuestas básicas de supervivencia que vemos en el reino animal. Y somos animales, sin duda alguna.

Aquí me detengo para señalar algo: como no es la persona la que «decide» en una situación de peligro sino que es su cerebro instintivo, aquí no hay lugar para la culpabilización. ¿O se puede culpar a alguien de que su instinto decida lo que considera mejor para su supervivencia? No lo creo. Este, sin duda, es uno de los grandes temas de las víctimas de violación: la culpa, tanto interna como externa, por reaccionar como lo hizo durante el evento. Si no estás decidiendo activamente, la culpa no tiene cabida. En todo caso cabría la comprensión: nuestro cerebro nos quiere vivas y se pone manos a la obra cuando estamos en riesgo, no pierde tiempo ni gasta energías extra. Analiza, decide. Y ya.

*Después del trauma

Luego tenemos lo que sucede después del trauma. Y es que es importante saber que el trauma modifica el cerebro. Tal cual. Dicho simplificado es que el trauma hace que asociemos lo que ha sucedido con un peligro vital. Por lo que, si el trauma es una violación, algo que implica relación con lo sexual, el cerebro registra lo sexual como peligro. Seguro que hemos escuchado en alguna ocasión sobre algún caso que después de un accidente en coche da miedo subir de nuevo a un coche. Pues con las violaciones ocurre algo similar con el sexo.

Si hemos tenido la suerte de vivir una sexualidad acompañada placentera antes del trauma, también tendremos asociada la sexualidad en compañía al placer. Digo esto porque los bloqueos o el miedo frente a una relación sexual después de sufrir una violación no aparecen siempre que se va a tener sexo y no siempre con la misma intensidad, ya que esto es algo que suele despistar a las víctimas que lo sufren. Nuestro cerebro hace lo que puede con toda esta información. A veces se asustará, puede que todas las veces, puede que no todas. Depende de cada caso y ninguna situación es «errónea» o «incorrecta».

¿Qué implica tener asociada la sexualidad a peligro? Tampoco hay una sola respuesta. Puede ser arranques de miedo. Puede ser llanto. Puede ser ponerse violenta. Puede ser que de repente te duela o moleste. Puede ser que tú quieras pero tu cuerpo no responda. Puede ser que tú no quieras pero tu cuerpo responda a una mínima estimulación. El cerebro está hecho un lío y es normal. De nuevo cada respuesta depende del caso. Lo que sí que es una cuestión común es que algo cambia en la sexualidad.

¿Y si nada cambia en la sexualidad después de una violación? El cerebro también es un especialista en reprimir aquello que no está preparado para procesar, lo que implica que podemos tener bajo ralla ese trauma y que aparentemente no dé ningún síntoma. Lo que no implica que no exista herida, sino que no se conecta con ella. He visto casos que conectan con la herida 14, incluso 20 años después de que suceda. Y puede haber gente que no lo haga, claro. Pero este tema lo dejamos para próximos episodios.

La herida emocional

Hablar de cerebros ayuda pero no nos da una idea completa de lo que supone sufrir una violación.

Unid la confusión que tiene el cerebro que he explicado antes a: flashbacks repentinos, a una sensación de sentirse muy pequeña, incluso muy tonta, a llorar cuando menos te lo esperas, a darte cuenta que duele más de lo que pensabas, a no poder hablar de ello con claridad aunque quieras en tu terapia, a necesitar a alguien que te entienda y no encontrar a nadie (pocas son las asociaciones de mujeres violadas), a tener miedo de contarlo para que no te recuerden por eso o porque no quieres que se preocupen o porque sabes que no van a saber qué hacer con ello, a que alguna persona de tu entorno al saberlo te culpe o se aleje de ti, a no poder dormir algunas noches, tener pesadillas, a desear acostarte con tu pareja pero tantas veces no poder, o algunas pocas que no por ser pocas son poco dolorosas, a ponerte a llorar en medio de una relación sexual, a no entender qué es lo que te pide tu cuerpo si hace dos segundos querías sexo pero ya no, a que los hombres te comiencen a dar asco, a tener más miedo al ir por la calle, a no querer salir de casa, a quedarte en blanco durante minutos después de recordar al evento y tener la mirada perdida sin ver nada, a sentir una rabia e impotencia enormes porque alguien te haya hecho esa herida y tener que curártela tú.

Y podría seguir. Porque todo puede aparecer tras una violación.

La herida emocional es grande. No es fácil aprender a sobrellevarla. Además, es una herida que queda siempre. Lo que cambia es la manera de manejar ese dolor, que tiene que ver con el proceso que se hace para cicatrizar la herida y para aprender a cuidarnos. Y para esto, nada mejor que une buene profesional.

El autocuidado hace mucho para sanar la herida de una violación. Y con autocuidado me refiero a compasión y cariño. Estos elementos son esenciales si queremos curarnos o queremos acompañar a alguien que se cure. Porque nadie tiene la culpa de que la violen, ni responsabilidad, tampoco nadie lo merece, y el amor es una gran medicina que puede ayudarnos cuando tenemos heridas tan profundas como esta.

Nota final

Siento que cualquier cosa que escriba se me queda corta para este tema tan doloroso y complejo. Para cerrar me gustaría remarcar que sí se puede llegar a tener una vida sexual plena, sí se puede llegar a estar relajada y acompañar a tu cerebro a que baje las alertas cuando hace la asociación de sexo = peligro.

E insisto una vez más: amor y compasión. Ámate y ama, acompáñate y acompaña. Cuida esa parte rota de ti para que puedas brotar.

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