Chile, no sé cómo apoyarte

Ilustración de Laura Farlete
Hola,

Chile se encuentra en una crisis social gigantesca y siento que me afecta mucho, en especial porque no puedo hacer nada.

Soy una chilena de clase media acomodada. A mí, las disparidades en el sistema de salud no me afectan. Tampoco el escaso sueldo mínimo ni las bajas pensiones. Soy heterosexual, blanca y conformo al estereotipo de género.

Sin embargo, a pesar de mis privilegios, me doy cuenta que hay algo profundamente mal con Chile. No quiero ser parte de una sociedad injusta, aunque las injusticias me favorezcan. Me niego a ser cómplice de un sistema que se contenta con separarnos en base a nuestros ingresos. Me niego a que yo, que no he logrado nada en mi vida, tenga mejores posibilidades que una persona de esfuerzo, solo por nacer en una familia de más dinero.

No digo tampoco que mi vida haya sido sencilla. No estoy en la verdadera clase alta y soy mujer, pero he tenido muchos más privilegios que la gran mayoría.

Mi problema es que no sé como apoyar al movimiento. No puedo ir a marchar, puesto que soy menor de edad y pertenezco a una familia tremendamente conservadora. Mi padre perteneció a las fuerzas armadas y tenemos una relación tormentosa. Para él, no soy lo suficientemente silenciosa, lo suficientemente educada, ni lo suficientemente dulce.

Pese a creerse progresivo, es de las personas que consideran la ingeniería una profesión de hombres, de los que no odian a las personas LGBT+ pero «no le gustan», que creen que los hijos tiene una obligación con sus padres por más mal que estos actúen,  que las mujeres no hablan de política, que el matrimonio es el fin último de una mujer y que este debe ser solo con un hombre. Llama a todo lo que no entiende comunista. Pareciera vivir aún en la guerra fría.

Mi madre dice que no debo provocarlo. Ella tampoco es de mucha ayuda. Pese a ser mucho más abierta de mente es una hija de la dictadura. Su padre también fue militar. Cree que las manifestaciones son una pérdida de tiempo y quiere que el gobierno reprima a los manifestantes, aún si esto significa quitar derechos al resto de la ciudadanía.

Mis redes sociales tampoco son de mucha ayuda. Todos los que me rodean son tremendamente conservadores y temo por mi integridad si afirmo cualquier cosa.

Últimamente, me preocupa mucho lo que piensa mi padre. Ha surgido una corriente de «chalecos amarillos», civiles que enfrentan a golpes a los manifestantes. Él quiere comprar una pistola.

Me aterra esa idea. Mi padre nunca ha sido violento con ninguna de las dos, pero es de enojo fácil. No quiero vivir con una pistola en la casa. No me sentiría segura. Las armas me aterran.

Tampoco es una opción irme. Soy menor de edad y en el fondo quiero a mis padres. No tengo a dónde ir. Mi entorno me ahoga. A mi alrededor todos son ultra conservadores y si digo algo, en el colegio o en la casa, me tildan de comunista o ingenua. Me está asfixiando no poder expresarme.  A veces, siento ganas de gritar hasta quedarme afónica e insultar al resto, tal como ellos lo hacen. No entiendo cómo pueden pensar tanta idiotez junta. Luego se me pasa, porque siento que estaría haciendo lo mismo que ellos. No quiero cegarme y creer que tengo la razón absoluta como hace el resto.

Por favor, necesito de sus consejos. Gracias por leerme.

Escribir lo que siento me ha dejado más tranquila.

Hola Frida,

Millones de gracias por compartirlo con nosotras y por sentir que aquí tenías un lugar seguro para hacerlo, porque así es.

Entiendo lo difícil de tu situación y esa sensación de impotencia que puede acompañarte cuando te sientes «sola ante el mundo» y por eso, antes de nada, quiero mandarte un abrazo enorme y sororo que, en la medida de lo posible, te alivie y sepas que no estás sola.

Te agradezco el trabajo propio que has hecho contigo misma para ser capaz de ver tus privilegios y sentir esa empatía hacia los que no los tienen.

Es complicado aconsejarte algo específico que hacer o decir pero he pensado que, seguramente, haya más personas en tu situación y por eso me parece buena idea publicar tu consulta para que, de esa forma, puedas encontrar a esas personas que igual están en tu misma situación y también tienen miedo a hablar de ello.

Sentirnos acompañadas es algo que, aunque pueda parecer pequeño, se siente muy grande.

Te mando un abrazo enorme de parte de todas.

Un beso,

Marta G.

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