Euphoria

¿Viviste en los 90 cómo Quimi y Valle protagonizaban una historia de amor romántico cada semana en antena 3, y se cumplía aquello de “los que se pelean se desean”? ¿O llegaste a Física o Química? Por edad, a mi me tocó vivir con Compañeros esa historia de ficción, pero si hubiera nacido en los 2000, y en Norteamérica, Euphoria sería LA SERIE definitiva sobre la adolescencia. Y que queréis que os diga, esta generación nos da mil vueltas en forma y contenido. Lo mejor de todo es que no hace falta ser adolescente para decir que esta serie es impresionante.

De primeras, me daba pereza ver una serie. Hay veces que la serialidad me da pereza. Ocho capítulos en HBO, de 50 minutos cada uno.

Euphoria esta protagonizada por esa generación de la que se empeñan en decirnos que no tiene futuro, por la emergencia climática, por la precariedad laboral, por la aparente falta de valores, por el aceleracionismo, político, social, de vidas, de relaciones sexuales. Pero, aquí no están Quimi y Valle. Las protagonistas son Rue y Jules (Zendaya y Hunter Schafer), una adolescente racializada, adicta a cualquier tipo de sustancia, que sufre un sobredosis a los dieciséis años, y una adolescente blanca trans, que llega nueva a un suburbio de las afueras de Nueva York. 

Rue y Jules, son personajes fantásticos. Igual que todas las otras chicas que co-protagonizan Euphoria. Las buenas relaciones entre todas las mujeres de la serie, son muy interesantes. No hay competencia, ni por un hombre ni por nada. Discuten, evolucionan, van y vienen, pero se hermanan. Las relaciones que refleja de los hombres hacia las mujeres, es desagradable. Desde el compartir porno con otros chicos, sexting, imágenes grabadas de chicas con el móvil, hasta sus prácticas sexuales. Como leía el otro día en una noticia, no nos preguntamos quién filtra esas imágenes de mujeres desnudas, sino que cuestionamos a la mujer que aparece desnuda, juzgándola (el personaje de Cassey, interpretado por Sidney Sweeny). Asqueroso!

La serie esta escrita y dirigida por Sam Levinson, un actor y director de treinta y cuatro años que vivió adicciones durante su adolescencia y que reproduce en el personaje de Rue parte de su vida. La sensibilidad, el onirismo, la crudeza, y la velocidad de unas imágenes y un montaje que te genera náuseas, un malestar general, donde todo empasta a la perfección. La banda sonora creada por Labrinth; la realización, en cada capítulo hacen lo que les da la gana, ¡pero todo tiene sentido! 

Si pudiéramos detener, plano a plano, como evoluciona la serie, descubriríamos cómo se construye la identidad de género en imágenes en el tercer capítulo, Has mirado. O cómo vivimos y vemos sus historias desde un parque de atracciones en el cuarto capitulo, los que van de duros. La aparente masculinidad hegemónica, en la figura del padre de Nate (Eric Dane), la monstruosidad en la que el personaje masculino principal se convierte, y es, Nate. O frases tan maravillosas del capitulo siete, como: no hay lugar aquí para la hetero-normatividadfollo con hombres para conquistar la feminidad, dichas por Jules.

Capitulo a capitulo fui pasando de la euforia y la locura, a un sentido de la narración, del tiempo y de la forma que me ha hecho querer ver la serie por segunda vez, detenerme, y seguir asombrándome. Es recomendable no verla antes de dormir, se tarda un rato en salir del bucle adictivo, y perturbador de estímulos de realidad que conforman esta serie. Euphoria contenida, euforia elegida.

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