Las voces cautivas de la amazonia

La situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres de la región amazónica de Loreto (Perú) es una realidad palpable a pie de calle.

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Ilustración de Charlie de Nova

Son ellas las que mayoritariamente cargan con el cuidado de los hijos y las tareas domésticas, las cuales en zonas de bajo desarrollo económico se hacen todavía más penosas puesto que no hay oportunidad económica de acceder a la tecnología que hoy en día facilite esas tareas. En estas circunstancias, la mayoría de las mujeres de poblaciones catalogadas de estar en situación de pobreza y de extrema pobreza no disponen del tiempo necesario para realizar actividades generadoras de renta, quedando toda la familia a expensas del dinero que el padre traiga a casa.

La pobreza específica (en una región donde el 37,4% de la población se encuentra bajo el umbral de la pobreza monetaria, sólo el 40% de las mujeres se encuentra dentro del grupo de población económicamente activa ocupada, lo que produce una alta tasa de dependencia de la mujer hacia el varón), el bajo nivel educativo (¡siendo la región con menor índice de rendimiento en comprensión lectora y matemáticas de toda Latino América!), el desinterés de las autoridades locales y nacionales ante las diferencias de género y la alta tasa de embarazo adolescente (30% de mujeres embarazadas de entre 15 y 20 años) son factores determinantes para explicar la violencia en todas sus formas contra la mujer (89% de mujeres maltratadas en la región) y de la trata para fines de explotación sexual.

A nuestra asociación (Suyay América Latina) han llegado casos tan aberrantes como el de Lucía (los nombres son ficticios, las situaciones reales), una niña de doce años de edad que fue enviada por su madre, María, a casa de la tía, en otra ciudad del Perú, para que la niña tuviera mejores posibilidades de estudiar. Un año después se quedó embarazada tras ser violada por un hermano de la madre de veinticinco años de edad. Ante la noticia, la madre de la adolescente entró en estado de shock, declarando su negativa a acoger al recién nacido, fruto de su propio hermano con Lucía, su hija. Afortunadamente, días después, tras recibir apoyo psicológico por parte de especialistas, la mujer aceptó acoger al bebé en su casa. Tres meses después del parto, el departamento de justicia logró recabar el dinero necesario para el transporte de la adolescente y de su hijo de regreso a la casa de la madre en Iquitos.

Este caso, desgraciadamente, no es una excepción. La violencia sexual a menores se produce la mayoría de las veces dentro del ámbito familiar. Los padrastros, tíos, primos o incluso abuelos de las menores suelen ser los principales encausados en este tipo de delitos. El apoyo de las autoridades competentes a las víctimas no es lo suficientemente decidido como para proteger ni ofrecer una salida digna a esa situación de vulnerabilidad. No en pocos casos se ha interrumpido el proceso judicial ante la falta de recursos económicos que impedían a las madres costear un simple billete de autobús interurbano. Al no tener un entorno que las pueda acoger cuando huyen del hogar en que están siendo maltratadas, ni contar con recursos propios para mantenerse a ella y a sus hijos, las mujeres suelen renunciar a poner una denuncia contra el maltratador del que dependen para sobrevivir.

Olivia tiene cuatro hijas. Tres de ellas son de un primer matrimonio y la menor es de su última pareja. Fue este hombre quien comenzó a abusar de una de sus hijastras cuando ella contaba con 8 años de edad. La madre, al enterarse huyó del hogar llevándose a todas las niñas con ella. Denunció al hombre y lo primero que hizo la autoridad fue arrebatarle las niñas y llevarlas a un albergue, ya que la madre no tenía recursos para cuidarlas por sí misma. La mujer estuvo dos años sin la custodia de sus hijas. A día de hoy, dos de las niñas viven con una tía de la madre; las otras dos se alojan de forma temporal en las instalaciones de la asociación junto a su madre. En el juzgado no consta ninguna causa abierta contra el agresor de la menor.

El miedo en el que vive la mujer a quedarse sin la custodia de sus hijas o a tener que mendigar comida para subsistir es en muchas ocasiones mayor que el de enfrentarse a palizas, abusos sexuales y humillaciones diarias por parte de ese hombre que trae el dinero a casa; empujándolas a convivir con su maltratador.

Estas espeluznantes agresiones que se producen día tras día, el escaso interés de las autoridades para terminar con ellas y la falta de declaraciones de repulsa unánimes por parte de las distintas asociaciones ciudadanas son consecuencias de una abominable mentalidad machista que impregna cada poro de la sociedad civil latinoamericana.

Yolanda Guzmán Ruiz, presidenta de Suyay América Latina

La Asociación Suyay América Latina desarrolla su labor en zonas peri-urbanas de Iquitos en la región amazónica de Loreto, Perú, desde hace 6 años. Concentra su tarea en poblaciones que se encuentran en alto riesgo de exclusión social, con la participación activa de voluntariado local e internacional.

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