Visibilizando violencias ocultas

La Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España pone en evidencia una situación crucial: la violencia ejercida sobre las mujeres migrantes y de color. Un tipo de violencia oculto

la violencia que sufren las mujeres migrantes de color,
Ilustración: Mitucami Mituca

«Hola, soy María, mexicana, empleada de hogar interna. Me gustaría que me informaran por favor sobre las actividades que hacen y cómo apoyar”.

“Hola soy Laura, llegué con diez años a España y desde entonces, mi corazón ha estado dividido. No todas mis experiencias han sido malas pero tampoco puedo decir que me haya sentido exenta de las dificultades que vivimos como mujeres y como migrantes. Por ello, me gustaría muchísimo poder conoceros más en profundidad, me parece importante que empiece a movilizarme de otra manera, es una labor increíble la que están haciendo y les estoy tremendamente agradecida”.

María y Laura, nombres ficticios, contactaron con la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España en el marco de una campaña que hemos llamado #VisibilizandoViolenciasOcultas que tuvo su día clave el 18 de Diciembre en el marco del Día Internacional de las Personas Migrantes con un acto de calle en la céntrica Plaza del Sol en Madrid.

A esta campaña la hemos llamado así porque creíamos que frente a la violencia machista que inmediatamente se relaciona con asesinato (feminicidio) o violencia física, existen otras formas de violencia específicas que sufren las mujeres migrantes y que por nuestra condición de mujer y migrante permanecen ocultas, agravándose aún más si nos encontramos en una situación irregular.

Las integrantes de la Red somos mujeres fuertes, decididas, diversas, empoderadas, que trabajamos fuera del marco de victimismo en el que nos quieren encerrar apropiándonos de nuestro derecho como sujetos políticos capaces de incidir en las agendas públicas. No es que seamos vulnerables sino que existen unas circunstancias que nos enmarcan en una situación de vulnerabilidad. Para hacer frente a esta vulnerabilidad donde nuestra condición de mujeres y migrantes produce una serie de discriminaciones múltiples y violencias específicas es que nos organizamos, estudiamos, proponemos, discutimos y creamos.

Una de estas creaciones, resultado de la inteligencia y trabajo colectivo, es el documento: “Derecho a una Vida Libre de Violencias desde la Perspectiva de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España”

En España, el 36,7% del total de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas durante el 2015 han sido migrantes, al igual que el 28% de las denuncias por violencia de género, estamos sobrerrepresentadas en las estadísticas teniendo en cuenta que somos el 10% de la población española. Estas, son expresión de las violencias directas pero hay otras menos evidentes como las derivadas de la aplicación de la Ley de Extranjería, que si bien dice proteger los derechos de las personas migrantes, tal como está redactada resulta en una protección de la soberanía nacional y de la regulación de los flujos migratorios, criminalizando gran parte de estos. Al igual que la desprotección de la mujer migrante sin documentación en regla y víctimas de violencia de género excluidas de las ayudas económicas previstas a objeto de recibir una protección de tipo integral frente a la violencia, lo mismo que ocurre a las mujeres migrantes frente a la trata.

Muchas de las violencias que sufrimos vienen desde las instituciones, son invisibilizadas, sin embargo son dolorosas, reales y nos afectan en nuestro cotidiano. Algunas de estas violencias ocultas son: el obstáculo para solicitar asilo y refugio, las devoluciones en caliente, las redadas racistas, la privación de libertad en los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros) sólo por no tener los papeles en regla, la retirada de la tarjeta sanitaria que impide el acceso al derecho a la salud universal por no tener la documentación y las multas a mujeres y transexuales en prostitución ocasionando que ejerzan esta actividad en zonas alejadas y controladas por mafias.

Las mujeres migrantes, además, sufrimos la violencia estructural ocupando las posiciones más bajas en el orden socioeconómico debido al efecto de la intersección entre género, procedencia, clase social y situación administrativa. En otros casos, a este complejo tejido de condiciones se unen también discriminaciones que tienen que ver con la religión. Todo esto se manifiesta en la precariedad y desprotección laboral, la invisibilidad de las tareas realizadas en los hogares y de los cuidados, así como la falta de oportunidad de acceder a trabajos más cualificados y con mejor remuneración.

María probablemente, como trabajadora interna, haya sufrido acoso y violencia sexual, trabaja una jornada infinita, no le reconocen su trabajo y dedicación, lo hace por dos euros la hora, ha dejado en su país de origen a sus propios hijos que son cuidados por sus redes más cercanas, manteniendo una familia transnacional, mientras cuida a otros en España creando la cadena global de cuidados. Como las 700.000 personas que ocupan estos trabajos, la mayoría mujeres y migrantes, produciéndose la feminización del empleo de hogar, no recibe la prestación de desempleo. Parte del reconocimiento del trabajo doméstico pasa necesariamente por la ratificación del Convenio 189 de la OIT que estipula “Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos”. Y es que el trabajo doméstico y de los cuidados siempre ha sido delegado a la mujer y tratado desde el ámbito privado y sin reconocimiento en el plano social y económico.

Laura tal vez haya sido víctima de una redada racista mientras cruzaba la plaza de su barrio o iba a toda prisa a su centro de trabajo, sólo por su perfil étnico. Puede que su situación sea irregular y sea una de las 800.000 personas sin acceso a sanidad tras el Real Decreto de Reforma Sanitaria de 2012 que excluye de este derecho a las personas sin papeles.

Es imposible no recordar a Jeaneth Beltrán, nicaragüense de 30 años que en 2014 murió en urgencias esperando cuatro horas a que la atendieran por no tener papeles, a Samba Martine, congoleña que murió encerrada en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Madrid en 2011 sin recibir la atención médica que solicitó en reiteradas ocasiones, como también es inevitable mencionar a Lucrecia Pérez, dominicana asesinada hace 24 años por ser mujer, migrante, negra y pobre.

Por Jeaneth, por Samba, por Lucrecia y por todas aquellas mujeres que en su día a día se levantan para seguir luchando por sus derechos y dejar de ser invisibles, por nosotras, mujeres migrantes, visibles y con derechos.

Por Julissa Jáuregui, puedes seguirla  en su Twitter.
Julissa es miembro de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España.
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