Ahora no, que me duele la cabeza

Nuestra sexóloga nos habla de la falta de deseo… ¿sólo cosa de mujeres? ¿Es verdad que los hombres tienen más deseo sexual? ¿Qué podemos hacer si no nos apetece? Analizando el sexo en crisis.


Ilustración: Conchi G.


“A los hombres siempre les apetece y las mujeres se dejan llevar”… ¿cuántas veces habremos escuchado algo así o del estilo? Parece que el sexo es algo natural en los hombres e impostado en algunas mujeres que, si no tuviesen a su pareja detrás “dando la lata”, vivirían tranquilamente sin ello… ¿En serio?

Sabemos que no, sabemos que todo esto son clichés, son mitos, sabemos que a los hombres no siempre les apetece y que a las mujeres muchas veces les apetece y mucho. Pero lo mejor es que sabemos que no hay nada de malo en ello.

Sin embargo, esas ideas y creencias muchas veces están tan arraigadas que aunque cortemos el tronco siguen quedando sus raíces y éstas, caprichosas, no dejan que muchas personas disfruten de su sexualidad.

Cada vez me encuentro con más mujeres que no tienen deseo sexual, que están hastiadas en ese campo, que consideran que pueden vivir felices sin sexo y que es un complemento que su vida no necesita. Mujeres que tienen relaciones “por cumplir” para que no se queje la pareja.

Cada vez me encuentro con más hombres que no tienen deseo sexual, que no les apetece buscar esos encuentros, que lo que sienten sobre ellos es una demanda que consideran que no pueden cumplir y un sentimiento de que, por no hacerlo, se es “menos hombre”.

Lo que a veces describimos como “más/menos hombre” o “más/menos mujer” son conceptos que se me escapan y que me irritan porque los roles que hemos aprendido muchas veces nos encorsetan y otras nos limitan. Somos personas y punto. Y, desgraciadamente, todos podemos sufrir una falta de deseo independientemente de lo que tengamos en nuestra cabeza, corazón o entre las piernas.

Por norma general la falta de deseo se da en relaciones largas y tiene su lógica, ¿no creéis? Porque ¿qué es lo que solemos desear? Aquello que no tenemos y, por lo general, a medida que pasa el tiempo en pareja, las relaciones sexuales tienden a volverse monótonas y predecibles. ¿Qué este fin de semana nos vamos solos de viaje? Toca. ¿Qué al final nos vamos con tu familia? No toca. ¿Llevamos unos días sin tener relaciones? Toca. ¿Hemos tenido un encuentro hace unas horas? No toca.

¡Puff! Me aburro sólo de imaginarlo… Y es que tendemos a estabilizar todo en nuestra vida, a tener nuestras costumbres, a crear nuestras rutinas y, por ende, lo terminamos haciendo también en el terreno sexual y eso puede ser el inicio del fin de nuestra pasión.

Tenemos en la cabeza que el deseo surge sólo, que tiene que nacer de dentro de nosotros siempre, que nuestra pareja al vernos se tiene que excitar al momento y, sin embargo, consideramos sensato pedir que pueda “tranquilizarse” en las ocasiones que no son oportunas como podrían ser, una cena con gente del trabajo o visitando a un amigo en el hospital.

Evidentemente es sano y normal que no nos tiremos todo el día excitados porque sino no daríamos abasto con nada más. Porque ¿cómo voy a centrarme en el trabajo si tengo en mente a mi pareja continuamente desnuda? ¿Cómo voy a ser capaz de escribir este artículo si no puedo dejar de imaginarme en la ducha con esa persona que conocí el otro día y ver nuestros cuerpos rozándose mientras el jabón cae suave por ellos y nuestras manos no paran de…? ¡Ups! ¡Perdón! ¿Lo veis? No se puede, no nos centraríamos. Es cuestión de supervivencia.

La realidad es que el deseo hay que trabajarlo, hay que buscarlo, fomentarlo y potenciarlo. Si yo soy siempre la que lleva la iniciativa igual un día no me apetece hacerlo más porque parece que “sólo me apetece a mi”. Si siempre que tenemos un encuentro hacemos lo mismo igual un día no tengo ganas “porque ya sé lo que viene”. Y así podríamos tirarnos horas poniendo ejemplos…

Pero ¿y si no lo busco porque no me satisface? ¡Ay! ¡El quid de la cuestión! Y es que muchas personas se ven inmersas en una sexualidad normativa en la que lo que prima es el qué hay que hacer, cuándo, cómo y con quién. Ya lo sabemos, las reglas muchas veces nos hacen estar cómodxs y sentirnos segurxs pero en este ámbito lo único que pueden hacernos es amargarnos porque ¿y si yo no alcanzo el orgasmo como lo hacen mis amigas?, ¿y si necesito más tiempo para tener una erección? Ante situaciones así lo que solemos hacer es terminar por fingir o por evitar determinadas situaciones, por seguir con los ejemplos.

Igual tenemos que aprender a conocernos, a identificar que es lo que nos gusta y cómo nos gusta, a disfrutar de nuestros cuerpos a solas y en compañía, a compartir nuestras fantasías, a divertirnos con el otro, a potenciar mi placer con el tuyo, a no dejar que nuestra relación se convierta en un “sábado, sabadete”.

No dejemos que la crisis se meta en nuestra habitación, juguemos, divirtámonos. Vamos a tentar a nuestra pareja, vamos a disfrutar de sus besos, vamos a dejarnos llevar, y si se nos va la cabeza por pensar en todo esto… que así sea.

 

4 Comentarios

  1. Carolina Ramos De La Hoz

    Con esto del deseo sexual y el tiempo que conoces a una persona me pasa algo casual, es decir… Se dice que con el tiempo uno pierde el deseo, por múltiples razones como rutina y no sé que más cosas… Conozco a alguien desde hace 4 o 5 años y cada vez que nos vemos es como si lo necesitase dentro de mi… Nos miramos y decimos ¿cómo es posible que después de tanto tiempo deseemos como la vez primera? Inclusive, empezamos a relacionarnos porque nos atrajimos en ese sentido.

  2. el deseo hay que trabajarlo, hay que buscarlo, fomentarlo y potenciarlo. !!!!!!!!»»
    El amor comienza haciendose desde que nos levantamos, con gestos,
    atenciones….durante tooodo el dia , esos son los preliminares de un buen sexo y la aspirina para que no te duela la cabeza!

  3. Creo que una de las razones más obvias por las cuales a las mujeres nos apetece menos el sexo, es porque en la mayoría de los casos el sexo está masculinizado y coitocentrado. Y la mayoría de hombres aún no le dan la importancia que deberían al clítoris. Asique apuesto el culo a que para la gran mayoría de mujeres el sexo es un fingimiento continuado de gestos falsificados por miedo a perder a su pareja. Triste, pero cierto.

  4. La clave está en darnos cuenta de que tenemos todo el derecho a pedir y a querer que nos hagan de todo. Se nos enseña a servir y a darlo todo en la cama y no recibir nada. Y aceptamos chorradas como que el sexo oral en las mujeres sabe peor (vamos! que un pene sabe a chocolate!). O aun peor, crecemos con la idea de que si nos quejamos de como lo hacen en la cama nos van a juzgar mal. Si la historia fuera al revés y los hombres no se vieran capaces de decir lo que les gusta, vosotras/os creéis que iban a tener ganas de sexo con parejas que le clavan los dientes en el rabo o que directamente solo practican lo que les gusta sin pensar en ellos? Además de dar, hay que pedir y enseñar.

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