El rojo ahogamiento del fervor

Una lectora nos envía dos poemas sobre la pasión de ser quien una es y sobre la muerte de esa pasión.


Ilustración: Caribay


Fervores de una pirata (o el rojo comienzo del cataclismo)

Que ahora sea una desconocida para [email protected] demás
es un destino que yo misma me forjé.
Porque quise y porque quiero.
Me llené de disfraces y de escudos imaginarios.
Y si digo imaginarios
es porque nunca me protegí lo suficiente.
Siempre caminé expuesta,
vulnerable al cuerpo, los cuerpos,
mi cuerpo…
Mi cuerpo vulnerable al mundo,
al sexo, a las líneas, las sombras.
La otredad.
Y me fui quedando sola.
Infundí miedo, odio,
celos, risa.
Con los vestigios mal grabados
de lo que era ser mujer:
novia, amante,
madre, hija…
Todo lo hice como quise.
Intentos fallidos.
El fracaso de ser yo.
Siempre marqué la diferencia
aunque no como el mundo quería.
Yo me convertí en pirata,
en la pirata descarnada,
doliente y cínica.
Y me fui quedando sola;
destruí todo y a [email protected] a mi alrededor.
Enfermé mi mundo, incendié
otros tantos…
A veces porque quería purificarlos,
y muchas otras por error;
simples descuidos.
Pirata
corrosiva, desangrada y dañina.
Condenada al exilio
por decisión propia.
Sin mirar atrás, ni hacia abajo.
Observando con los ojos bien abiertos
lo que viene y lo que quedó.
Sin barcos para volver
(todos los hundí o los hice estallar)
y consciente
del permanente naufragio.
Mis ropas, mi vida,
mis mundos, mis historias,
mi piel, mis sueños
los he robado de otro lado.
Y aun así son míos.
Es todo lo que me queda y que me llena de fervor
en este naufragio permanente
que me salva de la tibieza-simpleza
de existir en un territorio plano, cómodo y gris.

 

Cataclismo (o el rojo ahogamiento del fervor)

Desperté llena de pérdidas.
Pero ninguna me dolió.
Todo ya lo que había perdido antes
y olvidado, o reemplazado por algo mejor.

Repasé los momentos borrosos
incomprensibles por el alcohol.
Recordé que nunca soy la misma,
excepto cuando bebo.

Entonces lloro, grito, me río a carcajadas,
me quedo dormida.
Apelo a mi instinto
carcelario, solo, endeble.

La marca del diablo en mí por siempre
en mi cerebro
en las neuronas, en mi alma
en mi espalda.

Desperté llena de pérdidas
y tal vez una o dos lecciones aprendidas.
La primera de ellas es que
nunca soy la misma.

Excepto cuando bebo.
Me guardo el desprecio
de mirarme al espejo.
Me desnudo, me cuestiono.

Sueño con libidos, con manías;
amanezco los dedos en el sexo,
y pienso en mis pérdidas.

Lo infame es que
ya nada de eso logra dolerme.
Despertarme.
Ale Collado
31 años
Ciudad de México

«Comunico-loca, poeta, narradora, libre y loca. Abyecta por naturaleza, agnóstica (excepto cuando se habla de diosas) y riot por convicción; con serias debilidades por las cosas enfermas, proscritas y rotas. Transgresora, militante del TLC (Todo Lo Contrario), suicida social que se la pasa ardiendo (no vaya a ser que se extinga). Renegada, promotora cultural underground, master on women’s studies, ca-uamera, ciborg y varias anormalidades más…»
http://letrasmalviajesydebrayes.blogspot.com/

 

3 Comentarios

  1. nunca me habia identificado nunca con nadie, de verdad, que autentica pasada

  2. Me encantaron los dos…. muy movilizadores…..

  3. titinuka

    tremenda! s! Gracias. Una que siente el fracaso de ser yo….. y no se culpa por ello porque puede seguir soñando

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