Taj Mahal: un paraíso cargado de dolor

¿Será el Taj Mahal un monumento al amor? ¿Será la paz divina? ¿O será un derroche descomunal sin sentido que explotó a 20.000 obreros en su construcción? ¿Será que ese es el valor del paraíso?

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El Taj Mahal desde la frondosidad de Agra


En estos últimos días hemos decidido ir a conocer el Taj Mahal. No era prioridad en nuestro itinerario y dudábamos entre ir a verlo o no. El Taj Mahal queda en Agra, al sur de Nueva Delhi. Viajar hasta allí implicaba volver al calor y viajar al punto más visitado de India. Turistas de todo el mundo vienen a conocer tal monumento, lo cual hace de Agra un lugar no muy agradable. Como todo epicentro turístico todo está armado, todo se vende y todo tiene un precio. Esta no es la India que queremos conocer.

Pero estando aquí, estando a unas pocas horas de tren, y pudiendo hacerlo, decidimos visitar el famoso Ta j Mahal. Una de las 7 maravillas del mundo moderno, considerado Patrimonio de la Humanidad según la Unesco. En fin, basta de títulos y presentaciones y entremos a este homenaje al amor, a la muerte y al derroche.

Nos levantamos a las 4:30 am para poder llegar bien temprano. El Taj Mahal abre sus puertas a las 5:30 lo cual es buen horario ya que evitábamos el calor, la horda de turistas y además podíamos ver el amanecer en vivo y en directo. Temerosos, desconfiados y dudando de haber elegido bien o no, nos dirigimos al lugar. Para ir nos tomamos un rickshaw, una suerte de taxi-moto con buena ventilación.

Llegamos a la misma hora que los primeros rayos del sol. Pasado el puesto de control comenzamos a caminar, una nueva arcada se interpone en nuestro paso. La cruzamos. Y allí estaba, casi como esperándonos, el Taj Mahal. Tardamos 3 meses en venir a conocerlo, y sí que valió la pena. El lugar es impresionante. El lugar es el paraíso, literalmente.

Describir el Taj Mahal no es tan sencillo. ¿Cómo trasmitir la majestuosidad del lugar?¿Cómo trasmitir la paz, la simetría y la estética de esta obra del siglo XVII? Para empezar a tomar una idea, es mucho más impresionante de lo que se ve en las fotos. Apenas llegamos vimos el sol de la mañana reflejándose en su blanco mármol y este a su vez en las piletas del jardín. Toda esa conjunción le daba al lugar una sensación armonía. Al estar apoyado en una base de mármol blanco parece flotar en el aire. Como si estuviese en el cielo. Esos primeros minutos no podíamos hacer otra cosa que contemplarlo. Te llama, te atrapa y te cautiva.

 

Reflejo
 

¿Qué sabemos de tamaña construcción? Que es un mausoleo, que está a orillas del río Yamuna. Que fue construido en medio del dolor y tragedia de una muerte, que habla del amor y de la vida. Que intenta reflejar el paraíso en la tierra, que condujo al derroche de un imperio, que muestra la locura humana. Que envuelve misterios y preguntas de las cuales no tenemos respuestas.

Lo que sí sabemos es un poco de su historia. El Taj Mahal fue construido por el emperador musulmán Sha Jahan de la dinastía mogola. Su bella esposa, Mumtaz Mahal falleció al dar a luz a su hijo número 14. Mumtaz no era la única esposa del emperador, pero sí su favorita, de allí su nombre que significa «la elegida del palacio». La muerte enloqueció al emperador, no sólo se declaró en duelo sino que dedicó su vida a construir la tumba de su difunta esposa. Y eso es el Taj Mahal, una tumba. Pero no cualquier tumba, su construcción tardó 20 años y requirió de las manos de unos 20.000 obreros. Para su realización hicieron traer planchas macizas de mármol blanco y cualquier cantidad de piedras semipreciosas de casi toda Asia.

 

El detalle de las incrustaciones en el mármol
 

 

Cuenta la leyenda que una vez finalizado el mausoleo el emperador mandó cortar todas las manos y quemar todos los ojos de los arquitectos que intervinieron en la construcción, en cuestión de que nunca se repitiera tamaña obra de arte. En fin, ante el derroche de dinero que llevó a cabo la construcción del Taj Mahal uno de los hijos del emperador decide arrestarlo a fin de conservar el patrimonio del imperio. El flameante emperador pasó sus últimos días encerrado en una torre en un fuerte cercano con vista al Taj Mahal. Cuentan por ahí que el emperador tenía planeado construir una réplica del mausoleo en mármol negro para que descansen sus propios restos. El cual nunca se terminó de construir ni corroborar.

Lo que sí sabemos es que el emperador intentó recrear el paraíso. Para ello se inspiró en la arquitectura persa e india y en los párrafos del Corán. Algunos están relatados en las paredes de mármol. Estas inscripciones hablan más que nada del día del juicio final y de la recompensa que nos espera en el paraíso. Los jardines, los canteros de flores y los canales de agua buscan la perfección. Todo está perfectamente calculado y todo tiene una razón simétrica de ser. Finalmente su amada descansa en el paraíso.

 

 

Enumerar la cantidad de detalles arquitectónicos del complejo no tendría sentido y tampoco nosotros estamos capacitados para hacerlo, pero lo que sí podemos trasmitir son nuestras sensaciones al estar ahí adentro. Ambos quedamos fascinados, boquiabiertos. Ambos nos preguntamos sobre el amor, sobre sus extremos y sobre la muerte. La belleza del lugar intenta opacar la crueldad de la muerte.

¿Podría existir el TajMahal si no era por la desgracia sufrida por los 20.000 obreros? Todos apreciamos la maravilla arquitectónica pero todos olvidamos la soberbia del emperador. Todos olvidamos el miedo y el sufrimiento de los esclavos.

El Taj Mahal nos confrontó con nuestra naturaleza humana, con nuestra soberbia sin límites, con nuestros ideales de belleza y perfección. Nos mostró un paraíso artificial, un paraíso recreado. ¿Tanto miedo le tenemos a lo desconocido que propone la muerte? El Taj Mahal es un artilugio, un amuleto para la vida eterna. Una ficción que habla una vez más de la finitud que nos atraviesa. Sabemos que ante la mezquindad del hombre todo es posible.

 

 

Y así nos despedimos. Sabiendo que probablemente nuestros pies nunca más vuelvan a pisar esta maravilla. A cada paso que nos alejábamos su magnitud comenzaba a disminuir. Hasta que lo vimos de lejos, pequeño y envuelto en una suerte de bruma. Nos despedimos con la sensación de dejar un lugar cargado de sufrimiento pero todavía tenemos la imagen de este paraíso grabada en la retina.

 

Nuestro último adiós al Taj Mahal; desde lejos
 

Si quieres leer más relatos y reflexiones, y ver más imágenes visita mochilasenviaje.com.

Ludmila y Lucas

 

5 Comentarios

  1. Juan Manuel

    Hola gente, como andan? La verdad que el artículo es muy invitante. Casualmente estoy por viajar a India y me gustaría ir agendando otros lugares para conocer! Me interesaría saber un poco más de su experiencia, recorrieron de sur a norte?? Que ónda para moverse por las calles de dehli con cámaras y demás???

    Desde ya muchas gracias, y muy lindo el sitio!

    • Ludmila y Lucas

      Hola Juan Manuel!

      Que bueno que estés por viajar. India seguramente no pasará inadvertida! Nosotros viajamos 6 meses y siempre nos sentimos seguros. Solo recorrimos el norte. Es un inmenso país. El año próximo volvemos. India siempre te deja con ganas de más.
      Tenemos un blog donde hablamos del viaje, te invitamos a te pases, vas a encontrar bastante información y si quedes escribimos con tus dudas.

      http://www.mochilasenviaje.com

      Un abrazo

  2. Tomultum

    Por cierto, supongo que querríais decir el «flamante» emperador, ¿o estaba tan quemado del tema que en realidad era flameante? 😉

  3. Tomultum

    Puff, qué diferente se ve ahora, ¿no? Cuando me cuenten que han estado ahí lo veré con otros ojos. Gracias chicas.

    • Que bueno que el relato te haya permitido ver las cosas de otra forma. Y es verdad lo del flameante. Un pequeño desliz. Jeje
      Abrazo grande!

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