Rojo gordura, rojo amor

Sólo de pensar en tener que llevar un bañador rodeada de chicas monas hacía que una oleada bermellón subiera hasta mis mejillas.


 

by Amanda


  • ¡Pero qué hermosura de niña! Ay, madre mía, ¡esos coloretes rojos que tiene! ¡Y esas piernas gordotas, que dan ganas de meterle un bocao’!

Supongo que podéis imaginaros la escena: Yo de bebé, en mi carrito, con unos grandes mofletes de color frambuesa y unos cuantos michelines que me hacían ser la admiración de la gente que se paraba a hablar con mis padres. Tener una hija rolliza era motivo suficiente para presumir y ser la envidia de otros progenitores con churumbeles escuchimizados. Probablemente quedaba en el inconsciente colectivo de este país el recuerdo de los años del hambre, y tener una niña rechoncha era sinónimo de salud y bienestar.

  • ¡Mira qué mono este vestido! ¿Por qué tú nunca llevas vestidos? ¡Ay, este bikini! ¡Deberías comprarte uno!

Los años fueron dando paso a una chica grande, en anchura pero no tanto en altura, y ese rojo felicidad de mis mofletes dio paso a un rojo vergüenza. Porque me daba cuenta de que yo no era como el resto de niñas, y eso me hacía sentir avergonzada, llena de culpa. La pubertad acrecentó esta sensación, y sólo de pensar en tener que llevar un bañador rodeada de chicas monas hacía que una oleada bermellón subiera hasta mis mejillas. No me sentía cómoda en mi cuerpo, y sin duda me hubiera cambiado por cualquiera de mis amigas. Tener un cuerpo esbelto solucionaría todos mis problemas y me abriría las puertas a mis relaciones con el sexo contrario. Así lo creía yo, y de manera ferviente.

  • ¡Gorda! ¡Cachalote!

Esa sensación pervivió (y pervive, en ocasiones) conmigo hasta que me di cuenta de que no necesitaba ese cuerpo soñado para hacer todo lo que el resto de chicas hacían. Que podía resultar atractiva a los ojos de algunas personas. Pero mi cara seguía siendo roja. Roja de pura rabia. De soportar insultos de gente a la que yo estimaba. Bromas pesadas de desconocidos por la calle, incluso en el mismo día de mi graduación como flamante licenciada. Parecía que siempre había alguien dispuesto a hacerme sentir una ira que me quemaba por dentro y que hacía que mi cara pareciera un volcán en plena erupción. Pero ya no estaba dispuesta a callarme. La experiencia me ayudaba a hacer frente a estas situaciones, cada vez con más éxito.

  • Me encanta mi cuerpo. Soy preciosa.

A pesar de ciertos momentos de duda, de verme fea, o de seguir teniendo miedo a ponerme un vestido, últimamente noto mi cara teñida de un nuevo tono de rojo. Es un rojo amor, amor por mi cuerpo. Por mis michelines, por mis muslos gordos, por mis tetas turgentes y por mi culo rotundo. Porque mi cuerpo es todo lo bonito que yo sienta que es. He notado ese rojo amor en la cara de algunas personas al observar mi cuerpo. Pero, aunque no fuera así, no me importa. Me basta con mi propio amor, con ese tímido rosa aceptación que, poco a poco, se va convirtiendo en un rojo pasión.

8 Comentarios

  1. Virginia

    Me encanta, gracias por compartir esa experiencia, me identifique muchísimo ♥

    • Eloisa

      Gracias a ti, me alegro mucho de que te haya gustado <3

  2. Inspirador.Gracias por compartirlo.Un abrazo

    • Eloisa

      Gracias a ti por leerlo 🙂

  3. Me encanta, lo adoro.
    Siempre he sido gordita, en la adolescencia me propuse hacer dietas y ejercicios… y adelgacé, era un fideo como las niñas populares y las de la tele, pero me di cuenta que no, que no tenía razón de ser: mi contextura no era para ser delgada, la ropa no se me veía bien, mi piel se marchitó y lo más importante: no era yo. Ahora, en cambio, soy feliz con mis supuestos «kilitos de más» que yo creo que me hacen hermosa, que me hacen sentir segura y que hacen que, ahora sí, todo me quede bien.
    Me gustaría que este tema tuviera más difusión, porque las chicas caen cada vez más en los estereotipos anorexicos de cuerpo, en patrones irreales y sólo desean ser delgadas en vez de amarse y ver que es lo que realmente necesitan

    • Eloisa

      ¡Gracias por tu comentario!

      Esa es la clave, sentirnos seguras en nuestra piel, querernos mucho y vernos guapas. Gracias por aportar tu experiencia 🙂

    • Eloisa

      ¡Muchas gracias, DeVera! No sé si era necesario que fuera escrito, pero yo personalmente sí que necesitaba escribirlo. Y me alegra recibir comentarios como el tuyo 🙂

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