Nuestra vulva

Una supuesta «envidia de pene», los dulces orígenes de la luna de miel, secretos superpoderes…


Ilustración de Amanda

Nuestra vulva siempre ha sido un foco alrededor del que se han generado muchísimas simbologías e interpretaciones. Desde la adoración hasta la negación, la historia de los genitales externos femeninos es extensa. Porque sí, tienen historia propia, una historia poco explorada pero que cada vez suscita más interés, y no es para menos ya que resulta apasionante y aleccionadora.

Sobre todo no perdamos de vista lo dicho: la vulva es la parte externa de los genitales femeninos, compuesta entre otras partes por los llamados labios menores, labios mayores y el fantástico clítoris que asoma en su capuchón con sus miles de fibras nerviosas aportando además gran sensibilidad en los mencionados labios y alrededor de estos con sus raíces. Aquí no tienen nada que ver la vagina, el útero u otras partes internas de las que estamos más acostumbradas a hablar y escuchar.

La vulva es esa parte que, reconozcámoslo, muchas veces es desconocida incluso por las poseedoras de una y, aunque triste, no es de extrañar. Recordemos que en el psicoanálisis freudiano ya se nos negó de pleno su existencia: frente al pene las niñas no tenían “nada”, un vacío que las impulsaba a tener la archiconocida “envidia del pene”. En el uso del vocabulario actual podemos entrever otra especie negación; lo que es propiamente la vulva prácticamente no es nombrada, y ni siquiera hay un estándar aceptado comunitariamente al que las niñas, a diferencia de los niños, puedan recurrir para nombrarla. Si la mencionan es con nombres tiernos y particulares, y esta falta de consenso implícito dificulta que las niñas, futuras mujeres, se planteen hablar de ello (fijémonos, sin embargo, que sí hablamos con cierta libertad de penes). Ya se sabe: aquello que no es nombrado no existe. En mujeres adultas hay estudios que afirman que lo más usado para referirse a esta parte del cuerpo es “ahí abajo”. Y resulta curioso que un nombre que utilizamos para nombrarla erróneamente sea la palabra “vagina”, ya que etimológicamente remite al pene: vagina viene de “vaina” en referencia a la vaina que envuelve la espada, y de esta forma se ligó su existencia en el lenguaje en relación a lo masculino negándole autonomía. Otra manera de menospreciar la vulva está en el imaginario popular: las relaciones sexuales “completas” suelen considerarse aquellas en las que ha habido penetración, es decir, se ha hecho uso de la vagina cuando nuestros genitales no son solo “internos”, como nos enseñan en el instituto, sino que también tenemos esta importantísima parte externa.

Pero no todo son atribuciones negacionistas. Al sur de la India se creía que una mujer podía aplacar una tormenta enseñando su sexo. Incluso en la Grecia clásica Plinio afirmaba que los torbellinos y relámpagos se aquietaban ante la visión de una mujer desnuda y hay un dicho catalán que dice “la mar es posa bona si veu el cony d’una dona” (el mar se calma cuando ve el coño de una mujer). Una leyenda rusa explica que una muchacha ahuyentó a un oso que se había escapado del bosque levantando sus faldas. No son pocas las creencias, leyendas y mitologías que creen que la exhibición de la vulva aleja la desgracia y aplaca los elementos.

En otras culturas, la vulva era y sigue siendo objeto de adoración. En la India se adora al yoni (la palabra que más se acerca a la definición de yoni sería coño) como símbolo de la diosa Kali, diosa asociada a la destrucción de la maldad, la anarquía y la sexualidad desenfrenada, habiendo esculturas y pinturas que representan a Kali tumbada, con las piernas abiertas y rodillas flexionadas mostrando su vulva, algo que puede chocarnos a nosotras, que vivimos en una sociedad cuya religión mayoritaria hace énfasis en la pureza y el pudor de las imágenes femeninas. Además, en el mismo país existe la tradición de untar la vulva de la mujer con miel después del matrimonio y previamente a las relaciones sexuales para que el hombre la admire y lama: de aquí viene la expresión “luna de miel”.

También hay otro caso de admiración de la vulva en Bolivia, donde los sirionó, para valorar la belleza femenina, tienen en cuenta la apariencia de sus genitales, siendo mejor vistos aquellos que son prominentes. Y en la Polinesia, la cultura mangaiana no sólo aprecia los pubis prominentes, sino que tienen un amplio vocabulario para referirse a partes de la vulva que nosotros no tenemos y muchísimos sinónimos para el clítoris, las formas que tiene y el grado de erección que presenta.

Volviendo a nuestra cultura, por supuesto que encontramos connotaciones positivas alrededor de la vulva. Y es que la vulva para mucha gente es tremendamente erótica, fuente de inspiración artística (mirad el Mobile Female Monument de Mimosa Pale) y, por supuesto es una reconocida fuente de placer más allá de la vagina.

Pero esto tiene también contrapartidas: para otras personas, desgraciadamente, resulta repulsiva, ¿quién no se ha encontrado o ha sabido de alguien que aborrecía el sexo oral con una mujer? Y no olvidemos los mensajes mediáticos acerca de la “higiene íntima femenina” que nos hacen pensar en la vulva como algo sucio y sin embargo no mencionan la “higiene íntima masculina”. Pero las contradicciones no terminan aquí. Podemos encontrar fácilmente imágenes de vulvas en revistas de quioscos y asociarse así al sexo, la pornografía e incluso la sumisión, mientras que en otro contexto la imagen de una puede ser evocadora de fuente de vida, siendo una imagen no desagradable en el momento del parto.

Como vemos, son muchos los mensajes contradictorios que se nos emiten acerca de la vulva y muchas veces no sabemos qué pensar o qué decir (si decidimos decir) sobre ella. Así que, chicas, reflexionemos al respecto y hagamos más nuestro lo que ya lo es: nuestra vulva.

No puedo despedirme sin dejar de recomendaros dos libros que cambiaron mi visión de la vulva y que han sido fuente de inspiración y datos para este artículo: Vulva de Mithu M. Sanyal (Tusquets) e Historia de la vagina de Catherine Blackledge (Ediciones Península).

 

6 Comentarios

  1. En realidad el «yoni» simbolizaba el útero como centro erógeno de la mujer. A raíz de la histeria, con todas sus chorradas ginofóbicas de la Europa de entonces, útero pasó a formar parte de la salud, mientras que la vagina y la vulva formaron parte de la sexualidad. Cuando se hablaba (en grecia, por ejemplo) de la desenfrenada sexualidad femenina no se referían a las ganas de coito, sino a una sexualidad primal que ha sido devastada en todos los seres humanos nacidos de madres patriarcales, alejados de la satisfacción de la sexualidad infantil, que se completa durante el cuerpo a cuerpo con la madre. En las últimas décadas se ha asentado la imagen de la mujer como sujeto sexual, pero sólo en cuanto al coito, no se dice nada de la sexualidad no falocéntrica, sino que se da por hecho que «sexualidad» se refiere al acto coital entre dos adultos de distinto o del mismo sexo (entiéndase que según este programa, las lesbianas no existen, pues la penetración, de haberla, se realiza con otros órganos u objetos).

    Lo que ha sido desterrado ha sido el concepto de una sexualidad femenina completa por sí misma, sin que tenga que venir nadie a estimular nada ni a rellenar vaginas (por muy placentero que sea, no es lo único que hay) ni a preñar a nadie (eso que vuelven a decir ahora de que la mujer que no es madre no es mujer se refiere a eso). Se refiere al proceso de expansión del placer como el proceso vital por excelencia. Muchos científicos y teóricos de varias ramas del conocimiento han intentado investigar fenómenos asociados, pero en cuanto tienen resultados que no encajan con el lugar que nos han puesto a los seres humanos (de cualquier sexo), les quitan los fondos, los traducen como les da la gana… Casilda rodrigáñez Bustos tiene varios libros y artículos sobre el tema, además de una extensísima bibliografía. https://sites.google.com/site/casildarodriganez/

    • Irene

      Gracias por la información DeVera. Me parece muy acertado lo que dices: todas hemos caído en la trampa de considerar la penetración como «el verdadero sexo» denostando otras prácticas sexuales tanto en pareja como en solitario; Además una no se considera «sexualmente activa» hasta que no mantiene relaciones con otras personas dejando de lado el placer que puede proporcionarse una misma. Así borramos de un plumazo la necesidad de conocer nuestro cuerpo (haciendo, de paso, responsables a los demás de nuestro placer) y el lesbianismo.
      No conozco a Casilda, miraré qué dice al respecto.

      Hasta pronto :).

  2. Si no recuerdo mal, era Betty Dodson quién había iniciado hace años una hermosa colección en que las mujeres dibujaban o fotografiaban su propia vulva y mandaban con la imagen, un comentario sobre la relación que tenían con esta especial parte de sus cuerpos. La encontré hace unos 8 años cuando daba un taller para mujeres y, como otras veces, surgió la recurrente inquietud de «es que esa parte de mi cuerpo es como fea…» Hice lo que suelo hacer: dedicar un tiempo todas juntas a mirar cualquier parte de nuestro cuerpo -un dedo, la nariz si hay espejo, etc.- y decir todo lo que le encontramos de feo, para repetir el ejericicio diciendo lo bello y luego comentar que es posible hacerlo con cualquier parte de nosotras con, además, todos los extras de tabúes que carga la vulva. Como bien decís, silenciada, negada y como he dicho otras veces, mutilada si no en el acto físico, sí en el acto verbal. El argumento de «no es visible» es, primero falso (¡una vulva se ve sin necesidad de aparatos!) y falsario en tanto, si lo no visible fuera desconocido, [email protected] niñ@s no hablarían de su corazón o de su garganta. En fin, esa vez (y me hice mi copia impresa «for ever») encontré la colección de vulvas de Betty y la llevé al día siguiente al taller.

    Ahora, buscando nuevamente, no doy con aquella vieja colección de imagenes (tal vez tenga que hacerlo con más calma), pero con otra más reducida: http://dodsonandross.com/sexfeature/vulva-drawings-sex-one

    • Irene

      Qué ejercicio tan bueno Flavia, es una manera excelente de reapropiarnos de nuestra vulva y darle la importancia que tiene. No sólo hablar de ella, sino dibujarla es hacerla más real, quitarle el silencio que le solemos dar y eso nos da mucha seguridad y nos hace más poseedoras de nuestro cuerpo.
      Gracias por el enlace, me han parecido fantásticos los dibujos y apreciar lo diferentes que son. Ojalá encuentres aquella otra colección y puedas compartirla con nosotras.
      ¿Conoces el Great Wall of Vagina? Es del artista Jamie McCartney y en él también se pueden apreciar diferentes vulvas (no vaginas como dice su título). Me parece un trabajo interesante pero desde luego no tan poderoso como ser nosotras mismas las que hablemos y trabajemos sobre ella.

      ¡Saludos!

  3. ¡Alucinante! Me ha chocado sobre todo la reflexión sobre la higiene íntima y la curiosidad de la procedencia de la Luna de miel.

    • Irene

      Hola VikiCidio, me alegra de que te haya resultado interesante. La verdad es que es ponerte a leer al respecto y encontrar muchísimas cosas curiosas que te hacen pensar y repensar acerca de nuestro cuerpo y cómo lo pensamos en sociedad.

      ¡Un beso!

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