Cómo lo contaría yo

Una Frida comparte con nosotres su proceso con las relaciones sexo-afectivas.

Ilustración de Conchi G.

Para empezar, diría que es jodido, que es una mierda, y que las ganas de que todo desaparezca y sea un sueño son permanentes. Es jodidamente duro aceptar que no era adecuado, legitimarme de que no estoy loca, que no soy una histérica, que tengo legitimidad para sentir lo que siento, y pensar lo que pienso. No era adecuado o, como mínimo, así es como yo lo creo. Es jodido recordarme que es válido que lo piense. No creo que me quisiera de forma adecuada, y me jode. Me ha jodido. Le quiero. 

Es duro ver cómo mi entorno tiene relaciones sexo-afectivas, cómo las viven (o cómo cuentan que las viven), y ver cómo las vivo yo, cómo de distinto lo vivo yo. Sonreír, hacer bromas y hacer el papel de que las mías van igual. Hacerlo mejor o peor en función del día. Hacerlo incluso con la persona a la que yo estoy viendo. El fingir, el sufrir, la soledad. Me siento sola. Sé que no lo estoy, sé que puedo acudir a muchas, pero me siento sola. 
¿Cómo lo contaría yo? Diría que tengo la sexualidad jodida y parece que está relacionado. Y sí, me repito, pero eso jode. Parece que está relacionado con que no me quisiera de forma adecuada y que está relacionado con cómo yo he vivido mi sexualidad después. Me culpo por ello también, y me jode.

Como una niña pequeña con una rabieta sintiendo además dolor, así estoy. Son unas líneas duras de asimilar. Asimilar que hay un nexo causal entre lo que pasó-viví años atrás y lo que me pasa. Asimilar que mi cuerpo dijo hace un tiempo que no podía más, y rompiera a llorar cuando era tocado. Asimilar que me cuesta, que para mí es difícil estar en una cama con otra persona. ¡Y lo bien que sienta decirlo! Pero aun así, me jode, es una mierda, y me encantaría que no fuera así, que no hubiera sido así. 

La gente, cuando conoce a alguien y le gusta, siente atracción o simplemente le apetece, tiene relaciones sexuales. Yo esto lo vivo con angustia. ¿Le explico que me cuesta? ¿Intento dejarme llevar? ¿Y si me pongo a llorar? ¿Qué pensará? ¿Qué le diré? ¿Debo contar lo que sea capaz de contar?  ¿Dar el poder de que sepa esa información de mí? ¿Asumo sentirme vulnerable con esta persona? Si no lo hago, ¿cómo irá en la cama? ¿Me dejaré llevar? ¿Notará que finjo? ¿Lloraré?  Y así, una y otra vez en bucle. Estas preguntas me comen cuando conozco o tengo interés en alguien. Por experiencia, suelo hacer dos cosas: contarlo –contadas veces-, o beber e ir a la cama, a ver cómo va. Tengo experiencia en fingir e comerme las lágrimas, en mantenerlas dentro para que no salgan. Depende del día, sale bien. 

Volviendo a cómo lo contaría yo, me centraría en la sexualidad. No sé sentir placer, ni sola ni acompañada. De hecho, después de trabajarlo, empiezo a sentir  (a veces, depende del día) que no es incómodo, que es agradable cuando estoy acompañada. Sola sigo en mi dinámica. No sé qué es un orgasmo. ¿Correrme? Eso me ha pasado una vez, no hace ni un año y justo antes de que empezara a hacerlo, estaba llorando sin parar mientras salía un líquido de mis partes que no podía controlar. Lloré desconsoladamente, sin que aún a día de hoy sepa por qué.

Me cuesta estar cómoda en una cama y saber poner límites, saber poner MIS límites. Me cuesta escucharme y respetarme. Siento que tengo que dar placer, proporcionar placer, hacer lo que quieren que hagan. ¿Y si no me lo dicen? Me siento perdida, reproduzco lo que he aprendido que tiene que pasar. Me cuesta plantearme si me apetece, qué quiero hacer, hasta dónde quiero llegar. Tengo que recordarme: escúchate, ¿qué quieres? ¿Estás a gusto? ¿Quieres parar? Debo concentrarme en sentir, en no pensar, en no pensar en él, en no tener recuerdos. Intento concentrarme en sentir, dejarme sentir. ¿Me gusta? Sí, es agradable, pero entonces llega un momento en que ya está, que ya no puedo más, que llego a mi límite y no puedo seguir sintiendo que es agradable (no sé por qué) y se acaba mi presencia en ese acto. No es que consiga verbalizar para, pero lo insinúo. Tengo la suerte de que quien está (ahora) a mi lado me conoce y está pendiente, pero creo que no es justo. Creo que ella tendría que estar tranquila y no pendiente. Que yo tengo que aprender a decir para, des-responsabilizarla y asumir yo esta responsabilidad. Es mi responsabilidad. Es jodido, es una mierda. 

Que sí, que todo se trabaja, que he avanzado, pero me cuesta estar contenta al sentir (al tener relaciones me refiero) que no es incómodo, que es agradable. Me sabe mal por la persona que tengo al lado, que quiere cuidarme y me pregunta cómo estoy con palabras o con actos. ¿Cómo le debe sentar que le diga estoy bien, no es incómodo, es agradable? Y sí, lo escribo y me recuerdo que no tengo que juzgarme, que tengo que dejarme sentir, que sea lo que sea que sienta, está bien. Pero joder, es jodido. No sé qué son relaciones sexuales normales, pero tomando como base las historias y experiencias de mis amigas y compañeras, creo que las mías no entran en este perfil y no puedo evitar que me sepa mal. Que sea jodido y sea una mierda. 

¿Alguna vez estaré tranquila al estar en la cama con alguien? ¿Tendré que compartirlo antes para que tengan en cuenta que me cuesta y que se me hace difícil? Lo repito, pero, joder, sienta muy muy bien decirlo. Me cuesta, sí, mucho. Valoradlo, joder. 

Anónimo, 26, Barcelona.

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