Völva: la bruja vikinga que danzaba y viajaba en manada

Julia nos explica quién es Völva, la bruja vikinga que danzaba y viajaba en manada.

La Völva despertó. El sol de medianoche le acariciaba los pies. Tras el ritual de la mañana, tocaba prepararse para llamar al resto de las Völur al baile nocturno.

Hacía una temperatura agradable. El Norte de Islandia inundado de sangre vikinga. Eran tiempos de guerra. Su sabiduría era llamada a poner orden en el caos, a encontrar puntos de posible entendimiento entre los clanes guerreros. 

La Völva era joven, su cuerpo recubierto de vello dorado y una larga melena rubia que ondulaba con el aire nórdico como una bandera en la proa de un barco de guerra. 

La Völva era soltera, como las ocho völur que la rodeaban. Aquello no significaba que fuesen célibes; bien al contrario, disfrutaban de una vida sexual rica desde su adolescencia hasta su muerte, bendiciendo a guerreros con sus dones antes de ir a la batalla. 

La Völva usaba su larga varita de madera para orquestar distintos rituales. Y siempre era enterrada, llegada su muerte, con esta mágica herramienta, para poder protegerse y proteger a otros en la otra vida. 

Aquella noche, se la había convocado como sacerdotisa para preparar al pueblo ante una gran batalla. No era una de sangre, sino de supervivencia. Asediados por enemigos, estaban muriendo de hambre. Así que la Völva llamó a sus völur jóvenes y viejas y todas danzarían descalzas juntas en torno al fuego para invocar una salida, una posibilidad, un camino hacia el bienestar y el alimento. 

Los cuerpos rollizos, delgados, viejos o recién estrenados bailarían así alrededor del humo negro, cantando a las fuerzas de la naturaleza, llamando a los árboles y los torrentes de agua para que les enviasen una señal hacia el éxito. Una adivinación, una visión del futuro. 

Las völur viajaban en manada, siguiendo a la Völva más sabia. Se movían sigilosas pero seguras, y ellas eran las verdaderas heroínas de las batallas, componiendo estrategias, brindando calor y esperanza en tiempos adversos. 

Aquella noche soleada de junio, la Völva se envolvió en sus pieles y salió de la tienda en que había retozado con un soldado más joven para encontrar a su manada y juntas danzar, adivinar y, desde lo alto de su alta plataforma de madera, reinar. 

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