Azulclarito

Esta es la historia de Azulclarito, la chica que resucitó gracias a la literatura.

Azulclarito_proyecto_kahlo_feminismo
Ilustración de Ayleen

INICIO

Una tarde, en una ciudad ordinaria, existía un hogar común y corriente de
esos que mantienen valores conservadores, constituido por una madre con síndrome de insatisfacción crónica, un padre menstrual (de esos que asumen su rol sólo una vez al mes) y sus 4 retoños.

La menor de elles, Azulclarito, tenía 13 años y sufría ansiedad social,
desequilibrio emocional y resignación.
La última se la encontró cuando topó con la realidad, es decir, las luces de su módem indicaban que se había ido Internet.

Envuelta en esa agobiante circunstancia decidió que tendría que buscar otra distracción, así que atendió ese instinto de supervivencia al aburrimiento que perciben con facilidad les mas jóvenes.

ENCUENTRO

Examinó el estante y de pronto ¡ZAZ! Allí estaba, la novela que días previos su madre había mencionado. Ya que no encontró otro objeto más interesante emprendió su lectura.

Pasaron horas,y seguía leyendo.

Llego Internet, pero ello podría esperar.

En ese silencioso acto, ella vibró con cada encuentro retorcido, realidades im-posibles, ideas in-apropiadas, de las cuales hasta ese momento se creía dueña exclusiva.

Sintió esa magia y fuerza de las letras, que la conmovieron de tal modo que la trasladaron a un alegre frenesí. Era un acontecimiento telúrico (en su mundo) de posibilidades infinitas, entre aturdida y fascinada, lo culminó.

Pasaron los días y por supuesto llegaron más libros.

TRANSFORMACION

Con renovadas energías, se atrevió con temas más controvertidos: Cultura
étora, Pornografia, Derechos civiles, Biología del amor, Ética,Biblia, ¿Dios nació mujer?, y tantos otros.

Fue un vaivén de contradicciones, falsas lealtades, argumentos sólidos y nuevas ideas donde se conoció, analizó, pasmó, desmenuzó y reconoció con franqueza, sin filtros.

Un puntito dentro de su ser fue tocado y revivió, como diría Malraux:
«como un ciego curado mira, como un hambriento come: insaciable de vida».

Cambió: la sumisión al cielo —-> al contrato con lo real.

De sus propias entrañas desarrolló un sincero hedonismo, acrecentaba su vitalidad, palpitaba la esperanza, pues era posible ser soberana de sí misma.

«Sus perros salvajes, querían libertad; ladraban de placer en su cueva
cuando su espíritu proponía abrir todas las prisiones»

¡Imagínensela, I-ma-gí-nen-sela!

No podía callar tal encuentro, así que de la pasividad de la nebulosa pasó a la actividad, donde fluyó esa instintiva sororidad que esta dentro de cada une. Primero mandó a pasear esos muros que la limitaban e integró a sus conocides, amigues, hermanes y progenitores al universo revolucionario de la literatura, en especial la feminista.

Descubrió que son más nuestras coincidencias que nuestras diferencias, pues con todo lo humano somos hermanes en necesidad.

No bastaron los libros, luego llegó el teatro, el cine, la música. Formándose una preciosa comunidad creativa.

En la actualidad Azulclarito tiene 22 años, aún trabaja su ansiedad y como todes tiene días malos, pero ya no es esclava de sus emociones, se aprende a querer como vino al mundo (sin poses) y mantiene una relación saludable consigo misma.

Esta mañana antes de salir de casa, observó con afecto el heroico estante (repleto de historias), y manifiesta progresar en el arduo y dichoso camino de encarnar sus ideas.

La literatura cambió la resignada biografía de Azulclarito, ya que su apetito de ser no fue suficiente con recibir, y ahora desea escribir, es decir, dar.

CONCLUSIÓN

Un ser que no se quiere y se desconoce, se convierte por defecto de cierto determinismo genético, histórico, familiar, cultural o social en un ser pasivo que recibe con salvajismo las fuerzas provenientes de la brutalidad del mundo. Resultando, por tanto, seres con identidades débiles, inacabadas y a la deriva.

Cada une de nosotres contribuye como los segundos al día a cambiar o mantener el mundo como está.

Esta es una invitación a ser y colectivizar la literatura, como herramienta de lucha y espacio para reconocernos, iluminar nuestra alma, compartir frivolidades, transmitir sin obstáculos, reivindicar la existencia y catar realidades humanizantes ( y muy seguramente compartidas) , es decir, para que seamos.

Partidaria de la utopía concreta: seamos lírica transformadora.

Celeste (22), Venezuela.

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