Send libertad

Victoria hace un repaso de algunas cuestiones relacionadas con las fotos que compartimos en redes, nuestra desnudez y nuestra libertad.

Ilustración de Laura Farlete
  1. Algunos estudios afirman que al menos la mitad de les adultes vives sobre la Tierra han enviado alguna vez una nude o foto de su cuerpo desnudo (fragmentado o entero).
  2. Desde que la desnudez está asociada a la intimidad, a lo privado y casi siempre a lo sexual, el envío de nudes – antes de la fotografía podían ser ilustraciones o incluso descripciones epistolares – es tan frecuente como entretenido, casual como planificado y personal como comentado en forma masiva.
  3. Lo que elegimos hacer con nuestro cuerpo es nuestra responsabilidad, dominio y placer (pero aún así es difícil saber cuánto de lo que hacemos nace de la libertad y cuánto de lo impuesto por otres, histórica, cotidiana e inconscientemente). ¡Qué difícil ser soberanes hasta de nuestro propio envase e instrumento!
  4. Apenas hace una década o un poco más que la producción y envío de nudes es para muches constante, natural, con múltiples receptores, en conversaciones cotidianas y lejos de conocer su alcance real (gracias, smartphones).
  5. Otra cuestión que las redes sociales supieron etiquetar: la frase send nudes es ahora parada casi obligada en muchas de las relaciones iniciadas en aplicaciones de citas. (¿Enviarlas mucho, poquito o nada?)
  6. Cuando hablamos de nudes, de fotos íntimas o públicas de celebridades y de la nueva intimidad líquida casi todes seguimos pensando en cuerpos BEH (blancos, esbeltos y heterosexuales).
  7. Aunque las redes sociales nos gritan que expongamos nuestra intimidad segundo a segundo la mayoría de estos espacios de gen patriarcal no contemplan cuerpos disidentes y hasta se empoderan censurando los no hegemónicos.
  8. Los pezones (femeninos) siguen prohibidos en casi todos lados (excepto tal vez por Twitter).
  9. Los cuerpos influyentes y dominantes son irreales, iguales entre sí y del mismo modo víctimas del sistema que los moldea, oculta (si considera que exponen demasiado) o juzga (si dispone que disfrutan de su sexualidad de maneras no predeterminadas).
  10. ¿Somos verdaderamente libres las mujeres al mostrarnos desnudas? ¿Y si queremos hacer dinero con eso? ¿Somos víctimas o empoderadas?
  11. Beyonce subió fotos desnuda y fue alabada porque se veía todo menos eso. Janet Jackson – y no es la única –  fue señalada, censurada y condenada por un accidente en un show que reveló más de lo avalado.
  12. Un kit para sobrevivir a la desnudez hegemónica imperante (que además de blanca, esbelta y heterosexual es seccionada por nuestras “amigas” las redes):
    1. Investigar #FreeTheNipple, campaña y largometraje iniciada por la activista Lina Esco que descriminaliza el desnudo del torso femenino.
    2. Asistir a talleres como Hacer La Vista Gorda, que discute y naturaliza la exposición de cuerpos disidentes. También leer el libro Cuerpos Sin Patrones.
    3. Apoyar el trabajo de grupos como Anybody Argentina, organización que lucha contra el odio corporal visibilizando todo tipo de cuerpes, en forma multiplicada no sólo como gesta individual.
    4. Explorar redes y espacios digitales que sí permitan mostrar desnudez sin restricciones de género. Por ejemplo, la nueva red social Cheekky. (O doblar las reglas de las redes convencionales)
    5. Desconfiar de lo establecido y lo repetido. La revolución se hace rompiendo sistemas ajenos pero primero propios. Preguntarnos: ¿por qué estamos enviando/publicando esa foto? ¿Es auto-expresión, empoderamiento o domesticación?

Send nudes será libre o no será.

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