Desnudez disidente y en lucha

Cecilia nos habla de la desnudez de los cuerpos disidentes, porque ellos también existen y viven en rebeldía

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Ilustración de Miriam S. de Arcos

Me despierto a la mañana. Un nuevo día empieza. Sin pensarlo, miro mis piernas entre las sábanas revueltas. Pienso por qué serán tan gordas o fofas, mis pies tan cuadrados. Mi piel es suave y me gusta la sensación al tocarla. Me levanto, voy al baño y evito por todos los medios cruzarme un espejo. Ni siquiera vestida puedo tolerar la imagen que se me devuelve. En mi mente trato de ser flaca, de que mis brazos gordos no lo parezcan y que mis rollos parezcan simplemente un elemento simpático de mi cuerpo. Es duro al cruzarme con una puerta reflejante ver que mi propia imagen de mí misma no tiene mucho que ver con lo que realmente imagino en mi cabeza todos los días.

No estoy acostumbrada a verme de cuerpo desnudo frente al espejo, sólo lo registro de a partes: las piernas, los pies, la cara, los antebrazos. A cada una de ellas las observo casi como si fueran partes separadas de mí. Me cuesta entender que esto que soy es el hogar para todo lo que siento, para todo lo pienso, para todo aquello que escapa de la corporalidad pero que sin ella no podría existir.

Entre una de las tantas cosas que se nos implantan en el cerebro aparece la consabida imagen de qué cuerpos (o cuerpas) son los que se considerarán exitosos, agradables, atractivos, deseables. Es muy loco pensar que una cuestión de suerte al nacer pueda hacerte padecer las peores humillaciones, burlas y desprecios. Sabemos que esa imagen que recibimos como perfecta es sólo eso, una imagen, la mayoría de las veces imposible de alcanzar, que requiere mucho tiempo, mucha plata y mucha dedicación, que tal vez no asegure la felicidad en el caso de llegar a ella, que será algo a mantener como si se tratara de una condición crónica a la cual tendremos que estar atentes toda nuestra vida y que, en definitiva, no será la solución a todas nuestras inseguridades o miedos.

Sin embargo, no podemos dejar de mirarnos con desprecio ni juzgarnos cuando el espejo nos devuelve en su reflejo un cuerpo desnudo lleno de pocitos y estrías, pelos, celulitis, arrugas y partes caídas, heridas cicatrizadas, lesiones, moretones, formas poco comunes, sangrante, con juanetes o la ausencia de alguna de sus partes. ¿A qué se debe esto? ¿Por qué nos resulta tan difícil entender que nuestro cuerpo desnudo es lo que es y no otra cosa?

En mi caso particular, siempre me resulta interesante pensar en los fenómenos sociales y culturales porque creo que son ellos los que moldean nuestras psiquis, nuestro sentir y nuestras identidades aunque siempre haya una parte de elección personal. Es necesario seguir marcando cada vez que podamos que vivimos en un sistema capitalista que ha girado en los últimos 50 ó 60 años hacia un formato de consumismo masivo en el que la publicidad y los medios se han transformado en uno de los actores sociales más poderosos (y siniestros). El consumismo se basa en un par de preceptos que son muy conocidos ya: el generar en el público una necesidad constante de objetos, tanto simples como complejos; la construcción de la angustia como fuerza impulsora del consumo: si no tenés, te angustias y por eso buscás desesperadamente comprar para calmar esa ansiedad; la sensación de pertenencia social a partir del consumo: quienes pueden consumir son entendides como ciudadanes de bien, si caes por fuera de esa categoría no estarás incluide en el sistema.

Todas estas cosas se dan por igual respecto del consumo de productos como servicios. Y allí es que la construcción de ideales, de imágenes consideradas perfectas, de cuerpos deseables se vuelve una tarea fundamental. ¿Qué producto o servicio voy a querer consumir compulsivamente si me siento segure con mi cuerpo y puedo disfrutar de mi desnudez sin problema?

En este sentido, las redes sociales se han convertido en los últimos tiempos en una pata importantísima (y tal vez inesperada) de este sistema: las posibilidades publicitarias son casi infinitas frente a cientos de millones de pantallas individuales que ya implican de por sí algún nivel de desconexión con lo externo. Las cuentas de les famoses y de celebridades que admiramos se han transformado en espacios para anunciar productos y nosotres nos sentimos cada vez más y más incompletes.

Pero mientras pasa todo eso tambien ocurre algo magico. Los cuerpos disidentes, es decir aquellos que caen por fuera de lo que se considera aceptable o hegemónico y que por mucho mucho tiempo han sido invisibilizados o burlados por los grandes medios de comunicación, pueden hoy gracias a las redes gritar ‘aquí estamos, existimos’. Aunque la censura en muchas plataformas suele caer todavia hoy cruelmente sobre ellos al mismo tiempo que abre camino sin problema a imágenes violentas o abusivas, la realidad es que las creaciones tecnológicas pueden escapar a las reglas de quienes las crean cuando los colectivos se las apropian y así hoy ya no podemos seguir negando la existencia de esos cuerpos disidentes como se podía hacer antes.

Personalmente he comprendido en el último tiempo que llenar mis redes de cuentas que muestran cuerpos gordos, disidentes, no hegemónicos, no binarios, con capacidades diferentes, trans y sexualizados es parte de mi camino hacia aceptar más y mejor mi propio cuerpo desnudo. Existo y estoy en este mundo como todos los demás cuerpos y hacer que mi mirada hacia eso que el sistema quiere imponerme como fracaso sea más inclusiva es otra forma de aceptarme a mi misma.

La desnudez de los cuerpos disidentes asusta, da miedo, asco y temor. Es difícil aceptar la imagen de una mujer gorda, de una persona discapacitada, de una vulva sangrante o de una corporalidad trans. Todas esas imágenes somos vidas reales que existimos en este mismo universo, que fuimos históricamente acalladas y que estamos avanzando cada vez más para darnos a conocer.

Finalmente, sólo me queda por decir que del mismo modo que el despreciarse a sí misme no es sano y es en gran parte la causa de nuestro dolor, la autoaceptación no es un trayecto fácil de transitar, ni para el que todes estén preparades por igual. El capitalismo y el patriarcado nunca dejan de actuar y de crear nuevas formas para dominar nuestras mentes y nuestras acciones y por eso mientras históricamente nos trató despectivamente a todes les que escapábamos al ideal, hoy nos vende frases llenas de positividad e individualismo en las que la única solución pareciera estar en une misme, en un interior al cual la vida cotidiana nunca nos permite llegar realmente, y no en la construcción colectiva de nuevos significados.

Del mismo modo que los cuerpos disidentes causan temor, también lo causan esos cuerpos hermanados colectivamente. Intentar derribar los muros de la individualidad positiva y reconocernos gordes, trans, negres, discapacitados, indígenes, putes, no binaries y hacerlo juntes es lo que nos guía hacia un futuro mejor.

Aprovecho la oportunidad de visibilidad que nos da este hermoso espacio para recomendar algunas cuentas que pueden hacernos bien para ver otros cuerpos, para comprender que somos más les disidentes que les hegemóniques y eso es bueno.

https://www.instagram.com/frances_cannon/
Frances es una ilustradora y artista queer australiana, con dibujos preciosos y textos sentidos sobre sí misme.

https://www.instagram.com/srtabimbo/
La fabulosa Srta. Bimbo es ya una referente para quienes nos interesa pensar y repensar aquello que el patriarcado y que el capitalismo quieren imponernos como «válido». Además, comparte ideas y sugerencias sobre veganismo para romper también con el especismo.

https://www.instagram.com/hellomynameiswednesday/
Esta cuenta está llena de colores, de sensibilidad y es autoría de una persona preciosa que nos hace reflexionar sobre cómo nada de lo que quieran obligarnos a sentir será una decisión propia. Le amamos.

https://www.instagram.com/iriniiliopulu/
Irina es fotógrafa feminista que tiene en esta su cuenta de fotografía analógica. Tiene trabajos sobre cuerpos disidentes, con cicatrices y de vulvas que tienen como objetivo mostrar de una manera hermosa y con gran delicadeza los cuerpos que no aparecen en los medios y que también tienen derecho a sentirse bellos.

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