Si deseamos seremos perseguidas

Cecilia hace un análisis de la película Assassination Nation, un cruel y verídico relato de las hipocresías sociales y qué pasa cuando tus peores pesadillas se hacen realidad.

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Ilustración de Shana Rey

Assassination Nation es una película estadounidense. Una historia violenta, cruel y llena de todo lo malo de esta sociedad en la que vivimos. Hasta aquí nada nuevo. Incluso, a veces teñido por el prejuicio, nuestro inconciente puede vincular ese título y todo lo demás con el género de terror, o pensar en una película donde un grupo de adolescentes se pierde en la carretera y es perseguida por un loco con una motosierra, o donde un par de adolescentes entran desquiciades a una escuela y le propinan a sus compañeres una enorme balacera sangrienta. Pero no. Assassination Nation es otra cosa. Tiene que ver con el deseo, con la libertad y con el miedo de existir en un mundo donde quienes están al lado tuyo puedan hacerte pasar el peor de los infiernos.

En la impactante historia dirigida y escrita por Sam Levinson no hay locos con motosierras en el medio de una carretera perdida ni casas abandonadas ni telarañas ni bunkeres llenos de fotos de pedófilos con sus víctimas. Todo eso está de algún modo pero en lugar de aparecer en los escenarios más oscuros y terribles aparece en el medio de un pueblo de gente rica, bien y con mansiones casi envidiables.

La protagonista es Lily Colson, una adolescente con actitudes rebeldes, una conciencia feminista no del todo clara y tres amigas que parecen ser las únicas en las que puede confiar. Lily, Bex, Em y Sarah son cuatro muchachas que se emborrachan, tienen sexo, disfrutan su juventud y no saben muy bien qué quieren hacer de su vida más que pasarla bien. Sin embargo, eso no las protege de ser ellas también víctimas, de caer en relaciones sexoafectivas machistas o agresivas, que les ponen presión aún siendo hegemónicamente bellas, o de sentirse inseguras consigo mismas. Mientras Bex sufre por ser una joven transgénero, Lily está en pareja con el chico popular que la maltrata, y Em y Sarah aparecen enredadas en el aburrimiento mismo de cualquier joven que no sabe qué quiere de la vida.

Pero la historia no es simplemente eso, algo que ya hemos visto en numerosas películas sobre el despertar adolescente. La situación se pone oscura cuando en el medio del pueblo donde las cuatro chicas viven empieza a operar un elemento extra, altamente protagonista en nuestra cotidianeidad: la tecnología, las nudes, los hackers, el grooming y la imagen pública. Un caso de hackeo masivo a un importante político que se había declarado pro familia y anti derechos LGTBIQ, en el que se exponen fotos de su vida privada menos conocida -y su trágico final-, es sólo la punta del iceberg para que la historia comience a llevarnos a lo más profundo de la sordidez del ser humano, especialmente cuando ese ser humano se deja vencer por el odio, la violencia, el racismo, la homofobia y cuando se junta con otres que piensan igual.

A medida que los hackeos avanzan y todes empiezan a temer por el franqueo a la privacidad personal, las cuatro chicas siguen adelante con su vida. Lily habla con un hombre desconocido en sus redes, a quien le manda nudes y de quien parece sobreentenderse que es mayor de edad, alguien a quien ella llama «Daddy». De ahí entonces surgirá uno de los conflictos más típicos e inciertos de nuestra época: cómo vivir y cómo lidiar con una realidad que nos invita todo el tiempo y en todas las cosas a desear pero que luego nos reprime y nos censura, aplica sobre nosotres prejuicios que a veces dejan de ser sólo ideas y se convierten en las más horribles violencias.

Y la inteligencia del director está -para mí- en elegir justamente a cuatro chicas como víctimas de esa dicotomía. Como mujeres autopercibidas, que desean, que buscan de todas las formas sentir, que siguen sus instintos pero que al mismo tiempo son parte de una sociedad que nos moldea y crea de algún modo eso que deseamos, las cuatro protagonistas (especialmente Lily y Bex) son blanco de las críticas y de la agresión simplemente por haber cumplido a la perfección con ese rol que se les impuso. Perfectamente bellas, populares, libres y sexuales, son también vistas como responsables de la perversión, de todo lo que está mal y debe ser aniquilado.

No es para nada casual que la historia tome lugar en Salem, pueblo históricamente conocido por la caza de brujas que siglos atrás sirvió para culpar y perseguir a mujeres que escapaban por los márgenes de la sociedad a ese rol que se les quería imponer. Como adolescentes conflictuadas, las protagonistas de la historia escapan en muchos modos al ideal de mujer pero también desean pertenecer, sentirse parte y ser populares, por eso el dilema que plantea la película es interesante y nos deja una reflexión muy poderosa en boca de Lily que, cerca del final de la película, nos tira una de las frases más provocativas pero poderosas de todo el cuento: «puedes matar a una de nosotras, pero no puedes matarnos a todas».

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