Patriarcado never be the same

Enero_19_proyectokahlo_feminismo
Ilustración por Ori Chalbaud

Something must’ve gone wrong in my brain
Got your chemicals all in my veins
Feeling all the highs, feel all the pain
Let go of the wheel, it’s the borderline
Now I’m seeing red, not thinking straight
Blurring all the lines, you intoxicate me
(…)
You’re to blame
Just one hit of you, I knew I’ll never be the same

Como en el hit adolescente de Camila Cabello ‘Never Be The Same’ que habla de una relación intoxicante, contradictoria, al borde del precipicio, así también después del 2018 el patriarcado y el feminismo nunca serán los de antes.

¿Cómo lo sabemos? Porque el 2018 nos presenta su último gran acto: dos denuncias de violación que explotaron en los medios y las redes y nos hacen ver todo el despliegue del movimiento de género. Un movimiento que hoy escala en todos los ámbitos de la cultura argentina y – con un poco de viento a favor – también lo hará en el político muy pronto.

Rodrigo Eguillor, rico, famoso y violador

Es probable que cuando Andy Warhol aseguró que en el futuro todos tendríamos nuestros 15 minutos de fama también supiera que el costo sería altísimo individual y socialmente. Rodrigo Eguillor tiene sólo 24 años y podría haberse considerado un ‘influencer’ en las redes sociales, con un perfil alto como “relacionista público” de discos y las condiciones necesarias de juventud y estética para acumular seguidores en Instagram.

Pero las redes sociales hacen y deshacen, y a fines de noviembre Eguillor recibió una denuncia por parte de una mujer que declaraba haber sido atacada y violada en una cita con él en el barrio de San Telmo.

Hace unos años una denuncia de este tipo podría haber permanecido en el anonimato e incluso ser archivada o descartada por tratarse de un encuentro consensuado. Ahora no. Una serie de cuentas influyentes en las redes sociales la replicaron funcionando como caja de resonancia (sororidad al poder) y cientos de usuaries se volcaron a un ‘trolleo’ masivo a Eguillor.

Y de nuevo el eco podría haberse interrumpido ahí. Sin embargo, para Narciso verse reflejado en el agua fue una droga mortuoria y a Eguillor la adrenalina de esa fama buscada le despertó sed de más. A los pocos días se filmó en vivo en Instagram respondiendo a las acusaciones con liviandad y cigarrillo en mano. La cuenta de Twitter de una jugadora de fútbol femenino de Buenos Aires se encargó de compilar los momentos más sublimes del video.

Por fin, los medios llegaron a la que ya no era primicia. Lo que siguió fueron detenciones, entrevistas, paneles de análisis, nuevas apariciones de Eguilor en móviles y una frase que se convirtió en meme “Llamen a mi vieja” (la fiscal Paula Martínez Castro).

La cobertura masiva terminó de sellar la estampa de lo que empezó como condena social en las redes sociales y hoy continúa en prisión preventiva en el penal de Marcos Paz.

Juan Darthés, de galán a villano en una misma trama

Con unos pocos días de diferencia – y apenas una superfinal futbolística en medio (!) – las redes circularon el rumor de que habría una denuncia de trascendencia contra un actor de primera línea. De hecho, antes del martes 11 de diciembre de 2018 a las 19hs, además de los involucrados, unos cuantos cientos en Twitter ya sabían que se trataba de un caso de violación, que la víctima era la actriz Thelma Fardin y el acusado Juan Darthés, sobre quien ya pesaban varias otras denuncias previas.

En 2017 Calu Rivero, también actriz, había denunciado a Darthés por excederse en escenas subidas de tono durante la filmación de una telenovela. Como sociedad fallamos en creerle: el mismo Darthés se quejó de que no podían acusarlo de “exceso de besos” y otros se preguntaron por qué Rivero demoró años en hacer la denuncia. El patriarcado seguía en vigencia, a las mujeres nos desacreditaban por tomarnos demasiado tiempo en superar los abusos sexuales y el feminismo entraba en creciente ebullición.

La industria del espectáculo fue largamente impune. Después del #MeToo sabemos que productores, directores y actores como Darthés pueden sobrevivir en plenitud acumulando denuncias de acoso mientras el rating y las taquillas respondan. Mientras sigan siendo hijos ejemplares del patriarcado. De hecho, Calu Rivero (como Thelma, como otras) dudaron en alzar la voz por miedo a tirar por la borda sus carreras, por miedo a ser excluidas frente a un actor consagrado, por miedo a ser anómalas en una sociedad que avala, justifica y celebra el acoso.

Pero la fuerza de un movimiento como el feminismo viene en olas cada vez más arrolladoras. Y el colectivo de Actrices Argentinas se unió para hacer pública la denuncia de Thelma Fardin por una (presunta) violación ocurrida en 2009, cuando la víctima tenía 16 y el acusado 45. Esta vez la denuncia además de por vía legal se difundió por televisión, se acompañó de un video, un comunicado en repudio a Darthés y se disparó con hashtag propio #MiráCómoNosPonemos – en alusión a la frase que le habría dicho el acusado a la víctima antes de violarla -.  

El hashtag fue Trending Topic, se convirtió en miles de memes y en estandarte de batalla esgrimido por celebridades, referentes y organizaciones.

En esta ocasión también el victimario quiso volver a hacer uso del aparato espectacular para anular la denuncia. Unos días después Darthés ofreció una entrevista exclusiva en la que declaraba que lo sucedido había sido exactamente lo contrario: la misma noche de la denuncia había sido él quien detuvo un avance fuera de lugar por parte de la actriz adolescente.

Las coincidencias entre ambos acusados [galanes, influyentes, verborrágicos, misóginos, socialmente adaptados] no son tantas ni tan contundentes como las que se dieron en el núcleo del movimiento feminista en ambas ocasiones.
Con sólo un par de semanas de diferencia dos acusados de violación fueron arrollados por una marea que empezó con una denuncia, siguió por convertirlos en memes y termina con una justicia legal, social y liberadora.

Ahora que estamos juntas y ahora que sí nos ven ya no seremos las mismas: esta revolución nos transformó para siempre.

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