Patriarcadito, ¡deja en paz a mis pezones invertidos!

Julia le grita al patriarcado: ¡patriarcado, patriarcadito, deja en paz a mis pezones invertidos! Seguro que muchas os sentís muy identificadas con su reivindicación.

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Ilustración de Patricia Corrales

Salgo de la ducha. Como cada día, observo mi cuerpo fugazmente en el espejo. Hay veces que no tengo tiempo ni siquiera de reconocerme. Hoy, me paro frente a mi imagen para analizarme. Mis ojos son críticos y posan su mirada en mis pezones. Siempre me parecieron extraños. Nunca reconocí unos como los míos en una foto o en una película.

Los míos son tímidos, y casi nunca asoman. Normalmente están planos, o un poco escondidos, como miedosos. A veces, excitados, con frío o muy vivos, salen hacia afuera pareciéndose más a los pezones que normalmente observo en los productos culturales que he consumido a lo largo de mi vida.

Me seco, me visto y me siento frente al ordenador. ¿Qué significa esto de tener los pezones planos, tímidos o invertidos? Voy a preguntar al señor internet a ver qué me cuenta. Horror. Casi todas las entradas que aparecen suenan como una alarma. Señales de alerta, anomalías, no estéticos, inseguridad, anormales, falta de autoestima.

¡Socorro!

He vivido con estos pezones toda mi vida, ¿qué problema existe en ellos? La RAE define pezón como la parte central, eréctil y más prominente de los pechos o tetas, por donde los hijos chupan la leche. Y dale, pero si yo no tengo hijos y quién sabe si los tendré… ¿Y los hombres no tienen pezones o qué? Lo mío no es un problema de salud, descartamos posibles enfermedades, puesto que mis pezones siempre han sido así, desde que nací.

Sin embargo, muchísimos resultados de mis búsquedas me invitan a intervenirlos con cirugía estética. Para corregir la supuesta anomalía, para hacerlos encajar en el modelo hegemónico de pezón deseable.

Me bajo la camiseta y aparto el sujetador. Observo mi pecho derecho. En la areola tengo una manchita marrón, como un trocito de chocolate. Cuando era muy pequeña, esa manchita era un perfecto y redondo lunar justo en mi pezón. Crecí y el lunar salió a la areola. Es un bonito recuerdo del paso del tiempo.

Me gustan mis pezones, son suaves y rosados y tienen marcas que me traen recuerdos. También algunos pelitos negros que yo arranco religiosamente una vez al mes, porque ya tienen bastante con ser invertidos como para encima añadir pelos… Pero, me gustan mis pezones, ¡tal como son!

Sigo leyendo. En una entrada del blog de una doctora en cirugía estética leo lo siguiente:

Al final lo que queremos conseguir con este tratamiento de cirugía estética no es más que sentirnos bien y estar más seguras con nuestro cuerpo. Las inseguridades y complejos pueden producirnos un estado psicológico que nos arrastre a la tristeza. Con este tratamiento volverás a ser tú misma y ganarás en autoestima frente al espejo.

Qué curiosa me resulta esta parte en concreto. Volverás a ser tú misma. Pero si yo he sido toda mi vida tal como soy ahora, con mis pezones tal y como son hoy. Qué genial resultaría que alguien dijera: mira, tus pezones están pa’ dentro durante la mayor parte del tiempo, pero ¿y qué?.

¿Cómo sería todo si viésemos más a menudo cuerpos diversos en publicidad, en películas, en obras de arte? Si la diversidad inundara la realidad, ¿dejaría de existir la rareza? Esto me pregunto mientras sigo con mi pecho derecho al aire, sentada frente a la pantalla, con las palabras de la Doctora Opérate Las Tetas delante.

Cómo de bonito sería empezar a visibilizar la diversidad, a saco. Añadir un poco de exhibicionismo a la ecuación, de nudismo, de seguridad en nuestros propios cuerpos y su capacidad de dar y recibir placer sin importar cómo estos se vean o cuánto nos machaquen con imágenes de perfección cansinamente inalcanzables.

Me gustaría ver tetas por todos lados, tetas diversas, igual que vemos tetas de tíos hasta en la sopa y a todas horas sin que nadie se escandalice por ello. Se pone tal énfasis y peso en la teta femenina que ésta acaba por cansarse. Nos juzgamos duramente, nos miramos con ojos patriarcales.

Mi deseo de año nuevo es que sigamos trabajando en mirarnos con otros ojos. Ojos diversos, respetuosos, curiosos.

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