Lo confieso, te admiro

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Ilustración de Elisa Sancho

A pesar de que te pueda costar creerlo, aunque te parezca lo más inverosímil del mundo, lo confieso, te admiro.

Estas letras están dedicadas a ti, sí, a ti que las lees ahora mismo.

Tú eres la mujer que admiro y tengo muy claro por qué. Probablemente creas que no has conseguido todo lo que deberías a estas alturas, no intentes negarlo. De hecho, sé que probablemente creas que no has hecho ni la mitad de lo que deberías o incluso te arrepientes de cómo has hecho todo.

Probablemente lo creas aunque tu familia esté orgullosa de ti.

Aunque tu pareja te adore.

Aunque hayas entendido que no necesitas a tu pareja para ser feliz.

Aunque hayas aprendido cómo pedir perdón a alguien, ahora sabes que el precio de la libertad es caro.

Aunque hayas sido lo bastante valiente para dejarte ayudar en medio de aquella tormenta vital.

Perderse es natural y lo hacemos continuamente.

Puede que no lo creas.

Aunque hayas superado aquello que nunca te creíste capaz de superar, no olvides que fuiste tú y sólo tú quien lo hizo.

Lo volverás a hacer de nuevo, créeme.

Equivocarte, y también superarlo.

Puede que no creas aún que tú eres la mujer que admiro.

Aunque hayas levantado la mano en clase para expresar tu propia opinión, contraria a las demás.

Aunque hayas defendido a otra mujer cuando era mucho más fácil criticarla.

Sí, probablemente creas que sería más fácil admirar a otras personas en lugar de a ti.

Aunque hayas dicho alto y claro que no quieres tener descendencia y te hayan llovido críticas inaguantables.

Aunque hayas dicho alto y claro que quieres quedarte en casa con tus bebés y te hayan llovido críticas intolerables.

Aunque, a pesar de todo lo que has pasado, hayas seguido creyendo en las personas.

Te admiro a ti porque has sido capaz de crear todos y cada uno de los pilares que sostienen hoy tu vida. Sí, tu solita. Puede que no quieras atribuirte el mérito.

Aunque hayas seguido caminando cuando la luz no se veía aún al final del túnel y, créeme, sé que lo has hecho más de una vez.

Aunque hayas confiado en tu capacidad de salir adelante cuando alguien te ha desanimado.

Aunque tú misma te hayas desanimado, porque has vuelto a buscar las fuerzas para reanimarte.

Volverás a hacerlo.

No eres la mujer que admiro por cada paso que has dado, eres la mujer que admiro porque siempre te veo ahí, a lo lejos, siempre caminando.

Recuerda que cuando te tengas a ti misma, nunca estarás sola, que entonces ya sólo importará lo importante.

Tú.

Entonces no necesitarás que nadie te admire, pero por si te sirve de algo:

Tú eres la mujer a la que admiro.

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