¿Miedo o amor? Tú eliges

Durante décadas nos han enseñado a colocar nuestra felicidad en todas las personas y lugares posibles, excepto en nuestras propias manos. ¿Miedo o amor? Tú eliges.

¿Miedo o amor? Tú eliges.
Ilustración de Kry García

Por más que cambie de emisora en mi coche nunca paro de escuchar la misma canción. Sin ti no soy nada, ya no sé cómo respirar, ven a rescatarme de este sufrimiento. Me gustaría aplicar esa letra no sólo a las relaciones de pareja sino a todo tipo de situaciones que creemos haber perdido, o que tenemos miedo a perder, porque los malos momentos no siempre implican desamor. Podemos sentirnos mal por literalmente cualquier circunstancia, tantas como personas hay en el mundo.

Es relativamente fácil creer en lo que dice esa letra, creer que determinadas personas o cosas eran las que mantenían nuestra felicidad, y que si las perdemos, perderemos nuestra felicidad con ellas. Por un momento, olvidamos todo lo felices que éramos cuando 30 años antes salíamos a la calle a jugar, y simplemente a jugar. Nuestra felicidad, aunque fuera compartida, era sólo nuestra. ¿Por qué hemos empezado a dejarla en manos de otras personas y situaciones?

Cuando tenemos miedo a perder algo, normalmente es porque estamos depositando nuestra felicidad en las manos equivocadas, sin darnos cuenta de la cantidad de sufrimiento que nos vamos a generar con esa creencia. Pero es sólo una creencia, y cómo tal, puede cambiarse. Es relativamente fácil que cuando lo pasamos mal creamos que ese velo oscuro con el que lo vemos todo es nuestra realidad, y lo peor, que lo será siempre.

Pero esa no es la realidad, a veces parece que sí porque se siente intensamente, es como si alguien nos gritara al oído durante 24 horas al día para alertarnos de todo lo que va mal y convencernos de que perdamos la esperanza, porque la situación nunca cambiará. Esa voz habla muy pero que muy alto, sí, es muy desagradable, pero no somos nosotres. No, no, y no. Da igual lo que diga, da igual la cantidad de veces que lo repita, da igual lo horrible que se sienta, no somos esa voz. Nunca lo hemos sido y nunca lo seremos.

Todo cambia cuando aprendemos a ridiculizar esa voz. ¿Cómo? Dejando realmente claro que no somos lo que ella nos dice y que lo que nos cuente es sólo fruto de sus inseguridades y no es nuestro problema. A  veces ayuda ver a esa voz del miedo como una emisora de radio. Cuando empiece a emitir la sintonía del terror, podemos cambiar de emisora, bajar gradualmente el volumen o apagar la radio. Ayuda incluso dibujar la radio para que tengamos claro dónde está cada botón cuando lo necesitemos.

Algo que también funciona es dibujar al miedo, darle una apariencia para poder saber exactamente cómo es esa voz que nos habla. Cuando podemos ponerle cara a algo, siempre da menos miedo que todo lo que anteriormente imaginamos. Cuando sintamos que nos empieza a desbordar de nuevo, nos podemos sentar mentalmente a tomar una taza de té con la caricatura y hacerle saber que agradecemos los servicios, pero ahora mismo no la necesitamos.

Tampoco suele fallar hablarle al miedo como le hablaríamos a un amigue; es decir, con comprensión. Te entiendo, se que estás aquí para alertarme de esto, pero no me ayuda a salir adelante. Tú mantente ocupado haciendo tu trabajo, salvándome de peligros como evitar un accidente de tráfico o que me coma un león, y yo me mantendré ocupada haciendo mi trabajo que es ser feliz, pase lo que pase. Mientras cada une nos dediquemos a lo nuestro, seguiremos siendo un buen equipo.

Lo que estas tres visualizaciones del miedo tienen en común, es que nos ayudan a separarnos de él, a entender que cualquier cosa que nos susurre al oído, incluso por muy macabra, triste o desesperanzadora que sea, no somos nosotres. Es otra entidad completamente diferente y ajena a nosotres que no tiene el poder de influirnos en nuestro día a día.

Pase lo que pase, el tiempo traerá claridad, el velo oscuro desaparecerá, y el miedo volverá a su lugar asignado. Todo eso ocurrirá más rápido si ponemos de nuestra parte, si confiamos en nuestra capacidad de ser felices pase lo que pase, sean cuales sean las circunstancias, nos rodee quien nos rodee. Si devolvemos la felicidad a las manos de las que nunca debió de haberse marchado.

Una vez de vuelta, podemos elegir empezar de nuevo cada día y tomar la decisión de crear nuestra felicidad cada vez que nos levantamos de la cama. Al fin y al cabo, estaremos aquí dos días y la vida y el amor están esperándonos con los brazos abiertos.

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