ROMA al revés es política

Núria le hace una entrevista a Roma de las Heras, activista de las relaciones no convencionales, lesbiana, transfeminista, provinciana migrada a Madrid y sexóloga en ciernes. Está detrás de Repensando los amores , una programación cultural de actividades para aprender y pensar en común sobre cómo construimos nuestros vínculos desde una perspectiva feminista.

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Ilustración de Kry García

¿Por qué es importante repensar los amores?

Desde los feminismos hemos pensado histórica y colectivamente el amor, los amores y los vínculos, y puesto en práctica otras maneras de hacer el mundo, también en este ámbito. Yo creo fuerte en esta forma de hacer colectiva (y como dice Laura Latorre, en que “si alguna vez nos convertimos en expertas y expertos [en el amor], será un logro colectivo” ), y en que además no hay necesidad de poner el cuerpo solas. Juntas mejor, y más potentes.

Es importante repensar los amores porque en lo que llamamos amor hay un montón de construcciones y quizá no necesariamente las queremos, deseamos o nos hacen bien, tanto a nivel personal como colectivo, a nivel comunitario.

Cuando hablamos del amor hablamos, por un lado, de las experiencias que relacionamos con el amor: el deseo de intimidad, la erotización, el deseo de que una relación se proyecte en el tiempo, etc. y el espectro posible de combinaciones y expresiones de estas experiencias. Y por otro lado está la forma en que las interpretamos y lo que hacemos con ellas: el cómo construimos los vínculos, esto es nuestra cultura amorosa.

Es importante repensar los amores porque a nivel personal no todas las vivimos igual. No para todas la conexión romántica es siempre el sentimiento más significativo de la vida, no para todas el sexo es la única puerta en la que nos abrimos a la intimidad, etc, y también porque hay un montón de mitos en torno a las relaciones románticas que no nos hacen bien, como la expectativa de que el amor de verdad tiene que durar para siempre, que tenemos que ser la mejor versión de nosotras mismas para que nos quieran, que el amor es lo más importante en la vida para las mujeres (pero no necesariamente para los hombres),…Pero también es importante repensar los amores a nivel colectivo, porque nuestra cultura amorosa no sólo abarca las relaciones románticas y la forma en que nos comprendemos a nosotras mismas en relación con el amor, sino que es también una forma de organizar las relaciones sociales.

A través de las narrativas del amor damos por naturales unas estructuras concretas de familia, de convivencia, de economía, de organización y reparto de las tareas de cuidados y de sostenimiento de la vida, de relaciones entre géneros, etc. que desde diferentes perspectivas feministas hemos visto que no son las más justas, y para muchas de nosotras tampoco las más deseables. Esta forma de organización de la vida se naturaliza a través de las narrativas del amor, lo que la antropóloga Mari Luz Esteban ha llamado el pensamiento amoroso, entonces, trabajar en otras formas de organización de la vida pasará por repensar el amor también.

 ¿Cuáles son las diferencias entre poliamor, relaciones abiertas y anarquía relacional?  

Yo llamaría relación abierta a una relación de pareja donde entre ambas tienen un acuerdo de exclusividad en lo romántico y están abiertas a compartir experiencias sexuales con otras personas, puntualmente o de forma habitual.

Poliamor es una palabra polisémica cuyo significado cambia y ha cambiado con el tiempo y en los diferentes contextos. Se ha utilizado como concepto paraguas para referirnos a mantener relaciones sexoafectivas simultáneas (Brigitte Vasallo, 2014), a formas de entender las relaciones afectivas que rompan con la monogamia como estructura (como Diana Neri en Desobedientes), que incluyen también las relaciones no románticas, y/o perspectivas que traten de no jerarquizar los vínculos en función del sexo o el romance, y de forma más específica en la literatura angloparlante más visible se ha definido como “el estado o la práctica de mantener múltiples relaciones sexuales y / o románticas simultáneamente, con el pleno conocimiento y consentimiento de todas las personas involucradas” (en el libro More than two, cuya traducción al castellano publicará próximamente la editorial Continta Me Tienes). A mí me resulta útil definirlo como el deseo, la disposición a o la práctica de tener más de una relación romántica, de forma simultánea.

Poliamorosa puede ser una relación o una persona. Una relación poliamorosa sería aquella que está abierta a que esto ocurra, aquellas en las que de hecho están involucradas más de dos personas, y aquellas en las que una persona está involucrada en más de una relación. Una persona poliamorosa es toda aquella que se identifica así, para quien esta manera de entender o vivir las relaciones íntimas tiene que ver con quién es ella misma. Esto quiere decir que una persona puede identificarse como poliamorosa independientemente de si está en una, varias relaciones románticas o ninguna (no necesariamente tengo que estar en una relación para saber qué tipo de relaciones van conmigo, igual que con la monogamia, y también con la orientación del deseo, hay quien sí y hay quien no ha necesitado estar con una persona de otro género para identificarse como hetero, bi, etc.), y también independientemente de si está en una relación monógama.

La anarquía relacional es una forma de entender y vivir las relaciones que o no diferencia los vínculos entre románticos y no románticos, o si lo hace no privilegia los románticos sobre los no románticos. Parte de la idea de que con cada persona construyes un vínculo diferente, con sus propias dinámicas internas. No hace exclusivas de las relaciones románticas el compromiso, la intimidad física o afectiva y el sexo; rompe el privilegio que tienen en nuestro contexto las relaciones románticas sobre las demás, que son por definición social las más valiosas (para saber más sobre anarquía relacional ver este artículo, aquí tienes el Manifiesto, y esta entrada sobre los símbolos de la anarquía relacional).

En la práctica identificarse como anarquista relacional significa que no jerarquizamos las relaciones de esa manera, que en nuestra red afectiva cuentan todos los tipos de vínculos y nos implicamos con ellos sean o no románticos, y que podemos plantearnos compromisos de convivencia, de crianza, de economía compartida, etc. con personas con las que sentimos esa afinidad y deseo, no necesariamente con aquellas con las que tengamos un vínculo romántico.

Poliamor, relaciones abiertas, anarquía relacional ¡eso es puro vicio! ¿Por qué seguimos teniendo esto en la cabeza?

El estigma de la promiscuidad recae sobre las mujeres principalmente, los hombres han podido mantener relaciones múltiples siempre (amantes, con trabajadoras sexuales, familias paralelas,…) sin sanciones sociales negativas. Para las mujeres sin embargo las normas no han sido las mismas, y nos han castigado duramente por salirnos de ellas (a nivel social, comunitario, familiar, pero también a nivel legal, económico, material, psiquiátrico,…).

Vivimos en una cultura con una herencia católica (y franquista) muy fuerte, donde el rol que se esperaba y para el que se educaba a las mujeres era ser por supuesto casarse, ni hablar de relaciones matrimoniales, entregarse al matrimonio y a la maternidad de forma abnegada, y en el que hasta por ley estábamos sujetas a las decisiones de los hombres, del padre al marido.

La situación ha cambiado mucho (las comunidades disidentes hemos peleado duramente por ello), han cambiado las leyes, el imaginario colectivo, las prácticas que tenemos, la representación en la cultura audiovisual, etc, pero el estigma sobre las mujeres que viven su sexualidad y sus relaciones fuera de lo que consideramos “normal” mayoritariamente sigue pesando. Lo seguimos teniendo en la cabeza y también en el cuerpo, tiene que ver con que traemos la memoria colectiva en el cuerpo, de lo que ha pasado, y también con que las dinámicas sociales de castigo a lo diferente siguen muy vivas a día de hoy, y castigan más duramente a las mujeres, a las personas LGTBQ+, etc.

 ¿Poliamorosa naces o te haces? 

Se llega a la no monogamia de muchas maneras distintas. Hay para quienes la no monogamia es algo identitario, que tiene que ver con quiénes son ellas mismas, su forma de vivir las relaciones íntimas, el amor o su manera de vivir el derecho al propio cuerpo. Para otras personas es algo que “se encuentran por el camino”.

De éstas, hay para quienes la no monogamia es una decisión política, y también quienes llegan desde una relación de pareja, buscando maneras de seguir construyendo una relación que era monógama, pero que por alguna razón ese formato no les da respuesta a una situación que se plantea en un momento dado, y buscan alternativas porque no quieren terminar la relación. Bien porque una de las dos personas quiere explorar el mundo bdsm o de prácticas sexuales no convencionales y la otra no, o porque una de las dos personas quiere tener relaciones con personas de género distinto al de su pareja, y estas cosas son algo muy importante para ellas, incluso parte de su identidad, o porque una de las dos ha conocido a otra persona, para algunas personas y para algunas parejas éstos no siempre son motivos para romper una relación en la que se encuentran bien.

También hay quien llega a la no monogamia desde la pareja porque va a haber un tiempo de separación física muy largo por motivos laborales, de estudios o personales, y se plantean flexibilizar el planteamiento de exclusividad que tenían, o quien llega a la no monogamia porque conoce a alguien que está en una relación abierta, y apuesta por construir esa relación que ya empieza como poliamorosa aunque no fuera algo que se hubiera planteado antes. Hay muchos motivos y situaciones por las que una persona se puede plantear algún tipo de no monogamia, bien porque vaya más acorde con quien ella es y esto le siente bien, bien porque en un momento de la vida le dé respuestas a una situación concreta que le sienten mejor a ella y a su relación (de la misma manera que hay personas no monógamas a quienes un acuerdo de monogamia les puede dar respuesta a situaciones concretas que les sientan mejor en un momento dado).

 ¿Qué es importante saber si estoy pensando abrir mi relación de pareja? 

Es importante saber por qué lo quieres hacer, qué te mueve a meterte en este fregao como dice el sexólogo y activista Miguel Vagalume, de Golfxs con Principios (porqué sí, si las relaciones monógamas ya son un fregao a veces, las no monógamas con más salero) y lo mismo de tu pareja. También saber o construir cuáles son lo que llamo vuestros valores de relación: si estáis abiertas a acoger a otras personas en vuestras vidas, de qué manera y con qué valores queréis tratarlas, y de la misma manera a la inversa, si me voy a involucrar con alguien que está en una relación, cuáles son los valores y las maneras en las que como pareja se plantean acoger a otras personas en sus vidas. Además, es importante que tengas en cuenta cuál es tu contexto, y si tienes en tu red cercana personas que te puedan apoyar y acompañar respetuosamente en este proceso, y si tu pareja las tiene. Tanto si las tienes como si no las tienes, siempre recomiendo entrar y participar en grupos y foros de las comunidades no monógamas, virtuales y/o presenciales, donde puedes conocer otras experiencias de primera mano, compartir dudas y procesos, encontrar herramientas y afinidades y sentirte acompañada. Especialmente si la posibilidad de estar en una relación no monógama te va a colocar en una situación de mayor vulnerabilidad (por no ser hetero, por ser migrante, porque vayas a tener que estar en el armario de cara a tu familia,…) buscar apoyos y con quién compartir lo que te está pasando. Finalmente y si pudiera dar un consejo, sobre todo tomárselo con calma, que es algo donde ponemos el cuerpo, las emociones y nuestros apoyos afectivos (y a veces materiales), y el cuerpo va mejor de a poquitos.

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Ilustración de Kry García

Y ya para terminar, ¿qué podríamos hacer para incluir la no monogamia en nuestro pensamiento colectivo? 

Peco de formación profesional como sexóloga en ciernes, como educadora sexual y como feminista: planteándola en la educación sexual y afectiva en todas las edades. Hablar de la familia como esa estructura donde las personas se han de cuidar y acompañar, independientemente de que el vínculo que tengan sea biológico o romántico. Hablar de la amistad como esas relaciones de referencia que son muchas veces, no como relaciones “colaterales”, y a lo largo de toda la vida, no sólo en la adolescencia y la juventud. Desmontar la idea de que la intimidad va vinculada al sexo necesariamente, especialmente conforme vamos avanzando en edad, y la idea de que cuidamos y nos cuidan exclusivamente en las relaciones románticas. Ampliar el espectro de relaciones en el imaginario colectivo, que el amor, el cuidado, el apoyo mutuo y la corresponsabilidad vital se pueden dar en muchos tipos de relaciones, desvincularlos de la exclusividad romántica y sexual. Plantear que la exclusividad romántica y/o sexual puede ser un formato de relación que vaya bien con nosotras (o no), pero que no necesariamente va ligado a todo eso (esto ya lo sabemos, gracias al trabajo histórico de los feminismos, que ni la pareja monógama ni la familia nuclear son necesariamente sinónimos de amor, cuidados, corresponsabilidad ni igualdad). Seguir trabajando por extender la idea de que la clave del bienestar no se encuentra en la estructura familiar ni en la estructura del vínculo, sino en los procesos relacionales y familiares, como dicen Tomasa Luengo y Carmen Rodriguez (y como bien ya nos hemos peleado las lesbianas, las personas no hetero, las familias LGTBQ+, las madres solteras, etc).

Hacer y promover la cultura popular que incorpora relaciones no monógamas, amistades de vida y familias no convencionales: ¡más comics, más cuentos, más programas de radio, más series con perspectiva de diversidad y desde la experiencia! Y utilizar en nuestro trabajo las que ya hay, que son maravillosas.

¡Muchas gracias Roma! Qué placer aprender de una referente en relaciones no convencionales, te seguiremos y seguiremos REPENSANDO LOS AMORES que buena falta hace. 

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