ECOFEMINISMO. LO QUE NO AMAMOS.

Amamos a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestras mascotas, nuestros espacios, nuestros, nuestros, nuestros… Amamos lo que nos rodea, pero ¿qué pasa con aquello que nos es distante, lo que no nos pertenece?

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Ilustración de Ori Chalbaud

¿Qué pasa con las personas que hay al otro lado del mundo? ¿Qué pasa con los animales que viven en granjas? ¿Y con la naturaleza? Desde el ecofeminismo nos planteamos cómo es posible amar tanto lo que consideramos nuestro y tan poco aquello que nos es ajeno. Además, amamos aquello que se nos ha enseñado a amar. Nosotras, las mujeres, tenemos que amar a los hombres y a nuestros hijos e hijas, pero tal vez deberíamos preguntarnos si nos han enseñado a amarnos a nosotras mismas, a otras mujeres, a la tierra y a los animales no humanos.

El ecofeminismo es una corriente de pensamiento filosófico a la vez que un movimiento activista político, como lo fueron el socialismo o el liberalismo en su momento. Desde el ecofeminismo entendemos que todo lo que la humanidad ha ido haciendo (cultura, tradiciones, pensamiento) ha conducido al planeta hasta la situación en la que nos encontramos actualmente y que ya no pasa desapercibida: cambio climático, desigualdad social, injusticias globales, etc. Sentimos que tenemos que actuar, que no podemos dejar que los (mal)denominados recursos naturales se agoten, que se perpetúen el dolor y el sufrimiento en granjas y mataderos o que las mujeres no seamos consideradas como sujetos merecedores de respeto y derechos. Entendemos que la naturaleza, los animales y las mujeres hemos sido dejados al margen, definidos como objetos y explotados para disfrute del hombre y por eso hay que acabar con todas las formas de dominio y opresión al servicio del patriarcado. Debemos unir amores y canalizar odios, porque el capitalismo, el cisheteropatriarcado o el racismo institucional, son sistemas muy complejos y consolidados que sólo se podrán derrotar aunado fuerzas, las de todos los seres subyugados; no puede quedar ninguna voz fuera.

Hay un amor que ya hemos olvidado en nuestras sociedades: el amor a la naturaleza. Se podría decir que no la amamos, porque nos hemos alejado de ella, porque nos creemos algo distinto de ella, porque la contaminamos y destruimos, porque no valoramos su importancia. Hemos roto las relaciones con la naturaleza y tampoco hemos cuidados los saberes que aún muchas personas mayores tienen. ¿Y si nos reencontramos con ella? Es importante que entendamos que formamos parte de ella, que somos naturaleza porque somos animales, que dependemos del resto de seres vivos y de la materia no viva. No somos seres autónomos, sino profundamente interdependientes y ecodependientes.

También se nos ha olvidado amar a otras mujeres. A pesar de vivir en un mundo globalizado, no estamos en conexión con las mujeres del mundo. Debemos aprender de las luchas que han emprendido mujeres de todo el mundo, como Vandana Shiva en la India o Berta Cáceres en Honduras. Sus saberes y su trabajo merecen nuestro respeto y admiración, pero no debemos idolatrar de forma automática cualquier narración que nos suene lo suficientemente indígena, porque podríamos caer en el error de perder la actitud crítica que debe caracterizar cualquier teoría ecofeminista. Por supuesto, tampoco debemos emprender luchas que solo nos favorezcan a nosotras, mujeres blancas, europeas, de clase media. La cuestión central de la sororidad internacional es comprender que el estilo de vida que llevamos en el Norte global es a costa de muchas vidas del Sur global. Un ejemplo de la falta de sororidad internacional es comprar camisetas con estampados feministas de marcas mundialmente conocidas, que han sido fabricadas por niñas y mujeres con condiciones laborales lamentables en países empobrecidos. No se puede ser feminista y consumir objetos innecesarios en cuyo proceso de fabricación se han robado recursos a otras mujeres del planeta y a mujeres de futuras generaciones.

No es ningún secreto que las mujeres hemos sido consideradas como “lo otro” a lo largo de la historia, pero existe otro colectivo incluso más invisibilizado y explotado: los animales no humanos. Lo curioso es que a algunos de ellos los queremos tanto como si fuesen de nuestra familia y les ofrecemos comida, casa, protección y cuidados; mientras que otros nos son tan indiferentes que incluso nos los comemos, o hemos hecho de su asesinato un ejercicio de ocio. Esa distinción entre especies pone de manifiesto que los animales son entendidos por los humanos como un bien, un recurso, algo con lo que experimentar, un ser no sintiente y que, por tanto, no tiene derechos. Mujeres y animales hemos servido (y servimos) para entretener a los hombres, así como para satisfacer sus necesidades.

El ecofeminismo precisa de una reconceptualización del amor, en la que todos los seres oprimidos sean tenidos en cuenta. Solo de esta forma podremos poner fin a este sistema que atenta contra la vida en todas sus dimensiones.

RESEÑA DE LA ASOCIACIÓN UNIVERSITARIA LA ECOALDEA UCM:

La Ecoaldea es una asociación universitaria, situada en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, que acoge a estudiantes de diversas titulaciones interesadas/os en generar una auténtica transformación ecosocial en la Universidad y en la ciudad. Entre sus líneas de acción se encuentran cuestiones relacionadas con el ecologismo, el decrecimiento, el ecofeminismo, la economía social y solidaria, la agroecología o la ética animal. Blog: https://laecoaldeaucm.wordpress.com Facebook: @laecoaldeaucm Twitter: @LaEcoaldeaUCM

 

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