¿Soy una mala feminista?

¿Soy una mala feminista si a veces elijo no afearle la conducta al resto? Elo reflexiona con este típico problema de les activistes.

¿Soy una mala feminista?
Imagen libre de Tom Wieden

Muchas veces una se cansa de ir todo el día con la pistola del activismo cargada. Cuando una se pone las famosas gafas moradas empieza a ver con toda claridad multitud de comportamientos machistas en el día a día. Una de las herramientas más poderosas con las que contamos en el activismo es el de afear la conducta de las personas que llevan a cabo este tipo de comportamientos; pero hay veces que dejamos pasar ciertos comentarios o acciones en aras de nuestra propia salud mental. ¿Nos hace esto peores activistas?

En mi caso particular, me he dado cuenta de que no siempre merece la pena hacerlo. Hay veces que te das cuenta perfectamente de que la persona que tienes enfrente no está dispuesta a mantener un diálogo contigo y simplemente quiere atacar sin ningún fundamento. Esto es algo muy estresante y dañino, y yo he tomado la decisión de no meterme en esos berenjenales; no por cobardía o por falta de compromiso, sino porque creo que el autocuidado es muy importante también.

Si lucho absolutamente todas las batallas a las que me enfrento, acabo desilusionada, triste, cansada, harta. Es evidente que ante hechos graves jamás me podré callar; pero me he dado cuenta de que el hecho de dejar pasar ciertas actitudes no me hace peor feminista. A veces es más sabio analizar con toda la tranquilidad que nos permita el momento si realmente merece la pena iniciar un debate que no llevará a ningún lado y en el que vamos a sufrir.

En ocasiones nos enfrentamos a comentarios sexistas que vienen de personas de las que jamás habíamos sospechado que los harían. A mí estas cosas me suelen dejar helada y no reacciono por la propia sorpresa. Además, soy una persona que se pone fácilmente nerviosa en estas situaciones porque soy bastante pasional con mis ideales y me cuesta poder debatir con tranquilidad. Me pongo nerviosa, siento ansiedad y después me quedo durante varios días dándole vueltas a la cabeza sobre si debería haber dicho algo o si reaccioné como tenía que haberlo hecho. Y lo normal es que la persona que estaba al otro lado de la discusión lo olvide a los dos segundos y esté tan tranquila en su casa. Por eso me parece contraproducente para mi salud mental meterme en ciertas conversaciones.

Obviamente siempre estoy abierta al debate desde un punto de vista constructivo. Tengo amigues muy querides que no siempre están de acuerdo con mis ideas pero con les que puedo conversar desde el respeto y la tranquilidad. Eso nos enriquece y aporta nuevas visiones ante la vida. Pero a lo que no estoy dispuesta es a intentar debatir con alguien ofensive, que simplemente busca dañar o que no escucha mi posición. No quiero perder ese valioso tiempo que puedo dedicar a orientar mi activismo de una forma mucho más productiva.

Además, el machismo, el racismo, la homofobia o la xenofobia jamás podrán formar parte de un debate sano porque llevan el odio en sus entrañas; así que creo que no nos hace peores el hecho de no querer debatir con cierto tipo de personas. Desde aquí os animo a elegir sabiamente vuestras batallas y a anteponer los cuidados ante ciertas situaciones agresivas. Eso no os hace peores activistes, pero sí os dará paz mental y tranquilidad.

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