Sexo feminista

sexo feminista
Ilustración de Maite Ortega

A veces el activismo se cuela entre nuestra ropa interior y entre actos sexuales, fantasías o cuando estás escuchando una canción -lo mismo da- surge la duda: me considero feminista pero ¿practico sexo feminista? aymadremíadimequesí

No seré yo la que marque todas las pautas que hay que cumplir o no, porque al fin y al cabo el feminismo es libertad también y si te guías por tu deseo y disfrutas pues genial, pero si que me parecía interesante señalar algunas que nos pueden ayudar.

Recordemos que durante mucho tiempo se afirmó -sin ningún tipo de vergüenza, pudor y, lo que es peor, ni una prueba científica- que las mujeres no disfrutábamos sexualmente. Se consideraba que el orgasmo era únicamente masculino y que las relaciones sexuales tenían que enfocarse en satisfacer al hombre. Porque, por supuesto, además toda relación “natural” tenía que ser entre hombres y mujeres cis. Lo demás sólo eran “desviades” porque se separaban de la norma. Muy sano todo.

Ahora sabemos no sólo que las mujeres disfrutamos, sino que tenemos orgasmos -¡ay! ¡los orgasmos!- y que, además, ¡sorpresa! no necesitamos ningún elemento fálico para alcanzarlo. También sabemos que nuestra orientación sexual o con qué genero nos identifiquemos, no va a implicar la cantidad o calidad de nuestros orgasmos. Menos mal.

Pero algo ha quedado de esa idea y aún hoy hay muchas mujeres en relaciones heterosexuales que no se atreven a pedir. Por eso el primer punto no puede ser otro:

1. Pidamos lo que nos gusta.

Aduéñate de tu deseo, de lo que te gusta -y lo que no- y comunícate. No veríamos lógico llamar a alguien por teléfono y luego, una vez descuelgue, no decirle absolutamente nada, ¿verdad? sería muy raro, absurdo y un sinsentido. Pues es igual de inútil no comunicarte con la persona con la que vas a tener sexo -sea del tipo que sea- si sientes que no puedes hablar, pedir, parar o elegir. La comunicación es importante en absolutamente TODAS las relaciones que tengamos así que nunca la olvides.

2. Seamos escuchadas.

Puede parecer muy obvio pero ¿y si pido pero no me escucha? ¿y si digo A y me dicen “tú lo que quieres es B”? Amigas, aquí estaríamos ante alguien que considera que lo que nosotras opinamos no tiene valor o lleva implícitas otras cosas, así que asegurémonos bien de esto.

Junto con el punto 1 y 2 nos encontraríamos con el consentimiento, que no deja de ser una comunicación en la que pedimos y deberíamos ser escuchadas. Si quieres profundizar un poco más en ello pincha aquí para leer el artículo “Todo lo que no es SÍ es NO”. Léelo tranquila, que aquí te esperamos a que vuelvas.

3. No finjamos.

¿Sabéis cuantas mujeres en relaciones heterosexuales han fingido alguna vez? Absolutamente todas. ¿Por qué? A veces para que terminase la relación sexual más rápido porque ya no había el gozo y disfrute de unos minutos antes -ahí tambalearían los puntos 1 y 2- otras por no “herir” al otro. Ejem.

Eso solo pasa de manera habitual con el prototipo de “macho”, “machuno” o “machirulo” -cada cual que escoja su favorito- porque a una persona cabal, con independencia de su sexo, género u orientación, si le dices “hoy no voy a llegar al orgasmo” -porque no me apetece o porque no estoy en ese punto o porque no me da la gana- no se va a ofender. Para empezar porque los orgasmos de cada persona son su propia responsabilidad y porque, además, mi seguridad en mi sexualidad no tiene que ir ligada a que tú tengas orgasmos o no.

Pero en el caso de los “supermachos” si que sucede ya que tienen esa idea de “yo hago disfrutar”, “soy un superhéroe en la cama”, “conmigo no se olvida”,… y, si les dices, “mira no, hoy yo no” se hacen pequeñitos y piensan que algo han hecho mal.

La realidad es que hacerte responsable de los orgasmos de alguien es tan lógico como hacerlo de que vaya al baño 3 veces al día.

4. Conozcamos nuestros cuerpos.

¿Es obligatorio masturbarse para tener una vida sexual buena? Tanto como obligatorio supongo que no -o si- pero desde luego es aconsejable -mucho- y tiene muchísimos beneficios.

Pero antes de tocarse: mirarse. ¿Por qué digo esto? Porque muchas mujeres cis nunca se han mirado su vulva. No han visto como es, no saben diferenciar su clítoris y, lo que es peor, llevan encima esa carga machista que se nos ha inculcado. Las vulvas no son bonitas, no huelen bien, expulsan sangre y tienen la entrada a la vagina que es un agujero negro que, si fuese tan grande como algunas personas piensan, podríamos vivir ahí dentro.

“Yo ya no llevo bolso ni utilizo los bolsillos de la ropa porque me he dado cuenta de que mi vagina es el bolso de Mary Poppins o Doraemon.” Noooop.

Aquí yo creo que se junta todo: la idea de la no sexualidad de la mujer que hace que tampoco se haya visto como natural durante mucho tiempo que pudiésemos tener momentos de autoerotismo -adoro esa palabra-, junto con ideas religiosas de “eso no se dice, eso no se toca“, con lo que implica la mujer sexual -la fresca, la sueltecilla- y un suma y sigue que daría para un libro.

En la vulva está el clítoris. Sólo con eso es para ponerla un monumento.

Por eso os animo a que os miréis, toquéis e, incluso, probéis el sabor de vuestro flujo. Vosotras, las que estáis poniendo caras raras al leer esto, no estoy loca ni se me va la olla -no siempre por lo menos- y seguro que habéis probado alguna vez la sangre de una herida cuando os habéis hecho un corte en un dedo por ejemplo, seguro que alguna vez habéis testado mocos y jugos gástricos cuando estabais enfermas, me juego lo que sea a que habéis olido vuestro sudor y algún pedillo fugado. Lo que quiero decir, no es que probéis todo -o si, para gustos los colores- pero si introducís un dedo en vuestra vagina excitada y catáis vuestra lubricación, ayudará mucho a destruir esas ideas de asociarlo a pescado. En serio, ¿por qué pescado? ¿por qué?

5. Querámonos como somos.

Michelines, pelos, estrías, pechos grandes, pequeños,… me da igual. Quiérete como seas. Disfruta de ese órgano que es la piel y de sus receptores.No te juzgues, no estés pendiente de eso. Piensa que si practicas sexo feminista acompañada, la otra persona no estará ahí tampoco para juzgarte sino para disfrutar, ¿no crees? así que olvídate de esa imagen normativa impuesta por el patriarcado. Porque los complejos no caben en la cama.

Monadas feministas, leyendo esto, ¿practicáis sexo feminista? ¿hay comunicación, escucha, consentimiento, realidad, descubrimiento y amor propio?

Mi mayor deseo es que podáis contestar SI.

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