El gran aliado. John Stuart Mill

Lola nos cuenta la historia de John Stuart Mill, “el primer gran aliado” del feminismo.

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Ilustración de Kry García

A lo largo de la historia, todos los movimientos sociales y políticos que han surgido como respuesta a una situación de desigualdad e injusticia, han necesitado y se han visto fortalecidos por la ayuda de quienes no sintiéndose sometidos, empatizaron y entendieron la lucha haciéndola suya. Así también lo hizo el movimiento feminista desde sus inicios, luchó por la abolición de la esclavitud, por la igualdad, libertad y fraternidad de la Revolución Francesa.

Sin embargo, al feminismo, una vez servida la ayuda se le terminaba dando la espalda. El machismo está demasiado arraigado en la sociedad.

Hubo, hay, quienes diciendo entender la lucha feminista se han apartado de ella o la han llegado a cuestionar, o simplemente han dado un paso atrás cuando el dedo acusador les ha señalado. La renuncia de los privilegios, la autocrítica, requieren de un ejercicio de humildad, generosidad y compromiso, sobre los que si bien es fácil teorizar, no lo es tanto llevar a la práctica.

Por ello es de justicia que reconozcamos el mérito de los que encontrándose en esa situación privilegiada, la rechacen y se vengan a filas con nosotras, denunciando y luchando por nuestra causa, que debería ser la de una sociedad que se reconoce como justa y democrática.

De los aliados que ha tenido el feminismo, hay que destacar a John Stuart Mill. Célebre economista, filósofo y político de su época, entendió la denuncia feminista como necesaria y esta lucha lo llevó a conocerse como “el primer gran aliado”.

Entre sus diferentes aportaciones al feminismo destaca el libro que escribió, “La sujeción de la mujer”, publicado en 1869, que se convirtió en libro de cabecera del movimiento feminista de la época. Nuria Valera en su libro “Feminismo para principiantes”, hace referencia a la carta que Elizabeth Cady Stanton, líder de las sufragistas norteamericanas, le escribió tras leerlo: “terminé el libro con una paz y una alegría que nunca antes había sentido. Se trata, en efecto, de la primera respuesta de un hombre que se muestra capaz de ver y sentir todos los sutiles matices y grados de los agravios hechos a la mujer, y al núcleo de su debilidad y degradación”.

Además, Mill como diputado de la Cámara de los Comunes realizó una gran labor en favor del sufragismo. La base de su lucha era conseguir la emancipación de la mujer mediante la eliminación de las trabas legislativas discriminatorias, considerando estas como responsables en gran parte del sometimiento de la mujer. Sin llegar a conseguir las propuestas que planteaba y sí muchas burlas por parte de sus compañeros del parlamento,  supuso una gran ayuda para trasladar el debate feminista a la calle.

Mill, como hombre consecuente con su pensamiento, llevó esta lucha a su vida privada. Mantuvo una relación sentimental con una conocida feminista de la época, Harriet Taylor y cuando se casaron, Mill renunció a todos los privilegios que por ley le correspondían. Así lo refleja Nuria Valera en “Feminismo para principiantes”: “Estando a punto -si tengo la dicha de obtener su consentimiento-, de entrar en relación de matrimonio con la única mujer con la que, de las que he conocido, podría haber yo entrado; y siendo todo el carácter de la relación matrimonial tal y como la ley establece, algo que tanto ella como yo conscientemente desaprobamos, entre otras razones porque la ley confiere sobre una de las partes contratantes poder legal y control sobre la persona, la propiedad y la libertad de acción de la otra parte, sin tener en cuenta los deseos y la voluntad de ésta, yo, careciendo de los medios para despojarme legalmente a mí mismo de esos poderes odiosos, siento que es mi deber hacer que conste mi protesta formal contra la actual ley del matrimonio en lo concerniente al conferimiento de dichos poderes; y prometo solemnemente no hacer nunca uso de ellos en ningún caso o bajo ninguna circunstancia. Y en la eventualidad de que llegara a realizarse el matrimonio entre Mrs. Taylor y yo, declaro que es mi voluntad e intención, así como la condición del enlace entre nosotros, el que ella retenga en todo respecto la misma absoluta libertad de acción y la libertad de disponer de sí misma y de todo lo que pertenece o pueda pertenecer en algún momento a ella, como si tal matrimonio no hubiera tenido lugar. Y de manera absoluta renuncio y repudio toda pretensión de haber adquirido cualesquiera derechos por virtud de dicho matrimonio”.

John Stuart Mill y demás anónimos aliados con la lucha feminista que hacéis lo privado político y la teoría práctica,
Gracias.

Bibliografía

– Varela Nuria. “Feminismo para principiantes”.

 

 

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