Pongamos que huyo de Madrid

Elo reinventa el título de la famosa canción para explicarnos los motivos por los que se siente feliz de mudarse de Madrid a un sitio más pequeño.

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Hernani. Fotografía de Elo.

Siempre he sido una chica de ciudad. Nací en Madrid y, exceptuando un corto período de tiempo en el que viví fuera de España, siempre he vivido en Madrid y Getafe (una ciudad a 15 kilómetros al sur de Madrid y que tiene casi 180.000 habitantes).

Una de las cosas que siempre me ha caracterizado ha sido el decir que yo no podría vivir en un sitio más pequeño que Madrid; si acaso, una ciudad como Barcelona estaría bien. Es cierto que no vivo en Madrid como tal; pero está a tan sólo 20 minutos en tren. Saber que la gran urbe está ahí, a tiro de piedra, me daba tranquilidad.

Pero, a la hora de la verdad, ¿realmente disfruto de todas las ventajas que me ofrece la ciudad? ¿O en realidad sufro sus desventajas? Con el tiempo me he ido dando cuenta de que cada vez aprovecho menos la oferta que me da Madrid. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que salía a quemar la ciudad hasta el alba. Ahora sólo de pensar que si pasan de las doce tengo que coger un búho, me muero de la pereza. En cambio, sí que me como la contaminación, los atascos, las aglomeraciones y todas las cosas malas que conllevan el vivir en una gran ciudad.

Cuando hace tres años viví en Belfast durante tres meses, me di cuenta de que podía vivir en una ciudad pequeña sin necesidad de tener una ciudad más grande en las cercanías. Belfast es más grande que Getafe y casi le dobla en habitantes (sin contar su área metropolitana); pero en el día a día me movía en un radio bastante parecido y no necesitaba ir a ningún otro lugar para hacer mi vida. Descubrí que me hacía feliz vivir en una ciudad más tranquila.

Ahora a mis treinta años me tengo que comer mis palabras. No sólo me he dado cuenta de que puedo vivir en una ciudad pequeña, sino que lo estoy deseando. Creo que Madrid (y cualquier otra gran ciudad) tiene muchas ventajas: amplitud de horarios, una gran oferta cultural, una gran red de transporte público, la posibilidad de probar muchísimas variedades de comida sin moverte de aquí… Pero también creo que la gran ciudad nos deshumaniza, hace que la gente descuide su educación, que vayamos deprisa y no nos paremos a pensar en la persona que tenemos al lado.

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Madrid. Fotografía de Javier Vivanco.

En los años de la Movida, había una revista llamada Madrid me mata (hoy en día hay un bar-museo con el mismo nombre en el barrio de Malasaña) cuyo nombre define a la perfección lo que la ciudad está haciendo conmigo: matarme un poquito con sus atascos, su ruido, las prisas de su gente… En dos meses escasos me mudaré a Hernani, un pueblo de 20.000 habitantes. Y estoy convencida de que voy a ser más feliz que nunca.

Echaré de menos muchas cosas de Madrid: su cielo, el edificio Metrópolis, lo bonita que está la Gran Vía de noche, su gente peculiar, el poder hacer amigos en cada bar al que vas… Porque en Madrid, como en el mundo, somos capaces de lo mejor y lo peor; podemos ser más chulos que un ocho, pero sabemos acoger a la gente.

Cumplo una etapa en la ciudad y me voy a un pueblo. Ahora Madrid ya no estará a un tiro de piedra de mí, sino a 500 kilómetros, pero sé que siempre me estará esperando cada vez que quiera volver. Eso sí, de visita.

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