beauty

Una Frida comparte con nosotres estas letras. Una reflexión sobre la belleza en nuestra sociedad.

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Ilustración: Javitxuela

Hace tiempo quería escribir sobre esto, a modo de exorcismo y a modo de puente para otres. En verdad me ha tomado muchos años amar la belleza de ser yo, mi unicidad, durante mucho tiempo consideré que era una persona fea físicamente, por mucho tiempo oculté ese temor asociando la belleza con algo absolutamente trivial y de muy poca importancia, y descuidando mi apariencia para ser coherente con esto. Recuerdo que de adolescente dejaba de verme al espejo muchas semanas, y si me veía me concentraba en los aspectos que creía no estaban bien en mí, ya fueran mis dientes chuecos, la ligera curvatura de mi nariz, la pequeña cicatriz de mis labios, algún lunar, o cualquier punto de mi físico que pudiera señalar como inadecuado, inadecuado desde el molde ajeno de ser otra y no yo. No miraba mis cálidos ojos, el color particular de mi piel, los lunares juguetones que adornan mis ojos y labios, mi sonrisa encantadora, o mis espectaculares pómulos. No quería valorar esto porque creía que al final terminaría perdiendo en el juego de los espejos.

También recuerdo que de niña en muy pocas ocasiones se me dijo que era linda, muy por el contrario mi hermano o cualquier otra persona de mi familia se encargó de decirme fea, incluso en un par de ocasiones se me dijo “mostra”. Es increíble cómo estas palabras se pueden grabar en la memoria de una sin mi permiso, sin siquiera tener una frecuencia recurrente, y tal vez incluso habiéndose dicho con otra connotación, bastaron sólo unas cuantas veces para creerme esto. Mi autovaloración no sufrió el derribe porque siempre me consideré una persona muy valiosa, creativa, inteligente y amable, pero no dudo que estas palabras me dolieron, y por mucho tiempo les hice caso, nunca me vi realmente al espejo apreciando quién era yo, sino buscando a otra.

Hasta que enfermé, tuve una crisis acné y rosácea, y fue entonces que empecé a valorar mi aspecto, ese aspecto que muchas veces rechacé por no considerarlo “perfecto”, perfecto para quién, no sé, tal vez para la industria que crea rostros modelados por el maquillaje o el bisturí. Mirando desde ese espacio en el que ya no me reconocía por la enfermedad, comprendí cuánto no había valorado ese aspecto de mi ser, y el regalo que había recibido por ser exactamente como era. Luego de esa crisis que parecía insuperable, donde a veces no encontraba luz ni dirección, aprendí a aceptarme, aun en esa condición, aceptarme y quererme profundamente, valorando mi ser completamente, y queriéndome tanto que ese profundo amor me hizo sanar (además de la medicina occidental), no sólo me hice fuerte frente a cuestionamientos o juicios externos, a veces constantes, insidiosos e invasivos, sino sobre todo fuerte para no regresar a los atávicos pensamientos que me decían que no era hermosa.

Ahora si alguien señala algún aspecto mío, porque a veces los labios son más rápidos que la mente, porque la autoaceptación incondicional aun no es pan de cada día, yo sé responder: así me amo, y así soy hermosa.

Si bien toda esa sombra de mi pasado tenia raíces familiares, sociales y comunitarias, sé que no era gratuita, sé que tuvo soporte en un sistema económico comercial que enseña a las mujeres a sentirse insanamente insatisfechas e inseguras, sé qué el rechazo propio vende, vende millones en maquillajes, millones en cirugías plásticas, en dietas y gimnasios, millones en cremas corporales y dermatológicas, millones en filtros y Photoshop. Si algo de esto colabora en nuestra salud y estética está bien siendo una decisión propia, pero que esto exista sustentado en el rechazo de lo que son las personas es lo que no comparto, y esa es la línea que cada une puede, si gusta, delimitar para sí misme.

Créeme, tu que me lees si eres varón o mujer, eres una persona hermosa, única, sólo necesitas reconocer esa particularidad irrepetible, su valor y color, no necesitas que tus ojos sean como los de alguien más, ni que tu cabello sea de tal o cual forma, eres perfecte como eres, no necesitas cirugía o brackets, pigmentación o maquillaje, engordar o bajar de peso, sabes siempre habrá gente que ande midiéndote con su regla, con su prototipo ficcional mental, queriendo ver si tienes un seno más grande que otro, si hoy te salió un grano o estas un poco pálide, no importan esos detalles, si son ciertos o falsos, tu totalidad es inconmensurable e incomparable, ámate completamente así, eres hermose aun con esas nimiedades, porque eres tú, algo así como un ave en extinción <3. Está bien ser exactamente cómo eres, con o sin accesorios eres una pavita real.

Por Vanessa Rodriguez ([email protected])

Licenciada en psicología, feminista, escritora y fotógrafa (http://vanezzarodriguez.blogspot.pe), cursa estudios de Maestría en Psicología Clínica con mención en Terapias para Niños y Adolescentes en la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

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